El noreste de Argelia no parece, a simple vista, un lugar donde buscar criaturas marinas gigantes. Colinas áridas, estratos rocosos expuestos y un paisaje dominado por tonos ocres no evocan océanos cálidos ni reptiles de cuello interminable. Sin embargo, bajo esas antiguas lagunas del Atlas Sahariano ha aparecido una prueba que cambia el relato geológico del país: la primera evidencia directa de plesiosaurios en territorio argelino.
El hallazgo, publicado en la revista Historical Biology, fue realizado en 2025 en Djebel Essen, en la región de Tébessa. El equipo liderado por Mohammed Nadir Naimi localizó el fósil en el marco de una investigación doctoral centrada en la Formación Essen. No se trató de un descubrimiento fortuito, sino de una prospección estratigráfica planificada para explorar un intervalo temporal especialmente pobre en registros fósiles en el norte de África: el Coniaciense tardío, hace entre 89 y 86 millones de años.
Una vértebra que llena un vacío geológico

El ejemplar, catalogado como UBMA.MG-P.ESN.001, consiste en un único centro vertebral dorsal. En apariencia, puede parecer modesto. Pero en paleontología, una sola pieza anatómica bien preservada puede ser suficiente para reescribir un capítulo entero.
El análisis comparativo reveló rasgos inequívocos de plesiosaurio: forámenes ventrales en el centro vertebral y superficies articulares planas compatibles con determinados linajes de estos reptiles marinos. Los autores del estudio descartan su pertenencia a brachauqueninos por razones cronológicas y a policotílidos por criterios morfológicos. La hipótesis más sólida apunta hacia la familia Elasmosauridae, conocida por sus espectaculares cuellos alargados.
Los elasmosaurios fueron algunos de los grandes depredadores marinos del Cretácico Superior y figuraron entre los últimos plesiosaurios antes de la extinción masiva del límite Cretácico–Paleógeno. Hasta ahora, Argelia había proporcionado abundantes restos de dinosaurios y otros vertebrados terrestres del Cretácico, pero ningún indicio directo de estos reptiles marinos.
El Coniaciense africano deja de ser un silencio

Uno de los aspectos más relevantes del descubrimiento no es solo la presencia de plesiosaurios, sino su edad. El Coniaciense es un intervalo poco representado en el registro fósil global de reptiles marinos, y prácticamente inexistente en el norte de África.
Durante el Cretácico, amplias zonas del continente estuvieron cubiertas por mares epicontinentales vinculados al antiguo mar de Tetis. Sin embargo, el registro del Coniaciense en esta región era fragmentario. Esta vértebra se convierte así en una pieza clave para reconstruir la paleobiogeografía de esos mares.
El contexto sedimentológico aporta más pistas. El fósil apareció asociado a bivalvos, ammonites, gasterópodos y equínidos, lo que indica un ambiente de laguna de plataforma relativamente restringido, no un océano abierto. Ese escenario sugiere ecosistemas costeros dinámicos y biodiversos, donde reptiles marinos coexistían con abundante vida invertebrada.
Más que un fósil aislado
El estudio se presenta como una primera comunicación, un anuncio formal de la presencia de plesiosaurios en Argelia. Pero su importancia trasciende la pieza en sí. Refuerza el potencial científico de las formaciones cretácicas del país y pone el foco en la necesidad de campañas sistemáticas lideradas por equipos locales.
El equipo investigador ya ha adelantado nuevas prospecciones en la Formación Essen y unidades adyacentes. El objetivo es localizar más elementos postcraneales o, idealmente, restos craneales que permitan una identificación taxonómica más precisa. Si aparecen nuevos ejemplares asociados, Argelia podría consolidarse como un punto estratégico para entender la dispersión de los elasmosaurios en el sur del antiguo Tetis.
Hace casi 90 millones de años, el paisaje del actual noreste argelino era radicalmente distinto. En lugar de horizontes áridos, existía un mar cálido salpicado de lagunas someras. En esas aguas nadaban ammonites de conchas espirales, peces, tiburones y, ahora lo sabemos con certeza, plesiosaurios. El fósil no impresiona por su tamaño ni por su espectacularidad visual. Pero rompe un silencio geológico que llevaba décadas intacto. A veces, basta una vértebra para devolverle voz a un océano desaparecido.