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Ciencia

Un grupo de estrellas antiguas lleva miles de millones de años orbitando cerca de nosotros sin llamar la atención. Ahora los astrónomos creen que son los restos de un sistema perdido que chocó con la Vía Láctea

Lo que parecía un conjunto de estrellas más dentro del vecindario solar podría ser en realidad una reliquia de los primeros días de la galaxia. Su química y sus órbitas apuntan a un origen común y a una colisión ocurrida hace más de 10.000 millones de años.
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Hay estrellas que llevan tanto tiempo ahí que dejamos de hacerles preguntas. Forman parte del fondo, del paisaje del cielo, de ese conjunto aparentemente ordenado que es la Vía Láctea. Pero a veces, cuando alguien se detiene a mirar con más detalle, aparecen grietas en esa aparente normalidad.

Eso es exactamente lo que ha pasado con un pequeño grupo de estrellas muy antiguas que orbitan sorprendentemente cerca del plano galáctico.

Un grupo que no encajaba… hasta que alguien lo miró mejor

El estudio, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, parte de algo aparentemente sencillo: analizar estrellas muy pobres en metales. Este tipo de estrellas son auténticos fósiles cósmicos, formados cuando el universo era joven y apenas existían elementos pesados. En teoría, estas estrellas suelen encontrarse en el halo galáctico, una región más difusa que rodea la Vía Láctea. Pero aquí había algo distinto.

Los investigadores seleccionaron 20 estrellas que no solo eran extremadamente antiguas, sino que además seguían órbitas poco habituales: trayectorias muy alargadas que las mantenían cerca del plano de la galaxia, como si no pertenecieran del todo a ese entorno. Ese fue el primer indicio.

La pista clave estaba en su “firma química”

Cuando los científicos analizaron su composición con espectros de alta precisión, apareció algo aún más revelador. En apariencia, estas estrellas podían confundirse con otras del halo galáctico. Pero al profundizar en los datos, surgió un patrón inesperado: todas compartían una composición química extraordinariamente similar. Esto es importante.

Las estrellas del halo suelen ser químicamente diversas, porque provienen de múltiples orígenes. En cambio, estas 20 estrellas parecían haber nacido en el mismo lugar, bajo condiciones muy parecidas Para confirmarlo, los investigadores utilizaron herramientas poco habituales en astronomía, como árboles filogenéticos (similares a los que se usan en biología) para reconstruir relaciones evolutivas. El resultado fue claro: casi todas formaban un grupo compacto, como si fueran hermanas.

Una colisión en los primeros días de la galaxia

Un grupo de estrellas antiguas lleva miles de millones de años orbitando cerca de nosotros sin llamar la atención. Ahora los astrónomos creen que son los restos de un sistema perdido que chocó con la Vía Láctea
© ESO / Wikimedia.

Si esas estrellas nacieron juntas, la pregunta es inevitable: ¿dónde? La hipótesis más sólida es que pertenecían a un sistema independiente (probablemente una galaxia enana) que fue absorbido por la Vía Láctea hace más de 10.000 millones de años.

En aquel momento, nuestra galaxia aún estaba en formación. Las simulaciones muestran que, en ese tipo de colisiones tempranas, las estrellas del sistema absorbido pueden dispersarse en órbitas muy diversas, incluso mezclando trayectorias que giran en la misma dirección que la galaxia con otras que lo hacen en sentido contrario. Eso encaja con lo observado: dentro del grupo hay estrellas prógradas y retrógradas, pero sin diferencias químicas entre ellas. Todo apunta a un origen común.

Loki: el nombre de un sistema que ya no existe

A este posible sistema ancestral, los investigadores lo han bautizado provisionalmente como “Loki”. El nombre no es casual. En la mitología nórdica, Loki es una figura asociada al caos y a la transformación. Y eso encaja bastante bien con la idea de un sistema que irrumpió en la proto-Vía Láctea y dejó su huella dispersa en el tiempo.

Según las estimaciones, Loki habría tenido una masa comparable a la de una galaxia enana: alrededor de 1.400 millones de veces la masa del Sol en materia visible. No era un objeto menor.

Un rastro que sobrevivió 10.000 millones de años

Lo más llamativo no es solo que este sistema existiera, sino que todavía podamos rastrearlo. Tras miles de millones de años de evolución galáctica, interacciones gravitatorias y formación de nuevas estrellas, estas 20 siguen ahí, moviéndose de una forma ligeramente distinta, conservando una firma química común.

Son, en cierto sentido, un rastro fósil. Pero no uno visible a simple vista, sino uno que solo aparece cuando se cruzan datos orbitales, composición química y modelos cosmológicos.

Lo que aún no sabemos (y lo que viene)

Hay una cuestión que sigue abierta: si estas estrellas se formaron realmente fuera de la Vía Láctea o si nacieron en sus primeras etapas, cuando la química galáctica aún no se había diversificado. No hay una respuesta definitiva todavía.

Lo que sí está claro es que la historia de la galaxia es mucho más caótica de lo que solemos imaginar. No creció de forma ordenada, sino absorbiendo sistemas, mezclando poblaciones estelares y reorganizando su estructura una y otra vez. En los próximos años, nuevos proyectos como WEAVE o 4MOST permitirán analizar miles de estrellas similares con una precisión mucho mayor.

Quizá entonces Loki deje de ser una hipótesis. O quizá descubramos que no estaba solo. Porque si algo sugiere este hallazgo es que la Vía Láctea no es un sistema limpio y estable. Es, más bien, el resultado de muchas historias superpuestas… algunas de las cuales llevan miles de millones de años esperando a ser contadas.

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