El hallazgo parecía rutinario: un vuelo científico para medir el grosor de los glaciares en Groenlandia. Sin embargo, las ondas de radar revelaron algo inesperado. Bajo treinta metros de hielo permanecía intacta una ciudad subterránea con túneles, laboratorios y un reactor nuclear que reabre capítulos incómodos de la Guerra Fría.
El hallazgo que comenzó con un radar

En abril de 2024, un equipo de científicos probaba el UAVSAR, un radar de apertura sintética diseñado para mapear el hielo ártico. Lo que aparecía en las imágenes no coincidía con las capas glaciares: eran líneas, módulos y estructuras artificiales. Tras semanas de análisis, los investigadores concluyeron que habían redescubierto Camp Century, un proyecto secreto del Ejército estadounidense.
El complejo, que alguna vez alojó a 200 personas, incluía dormitorios, comedores y laboratorios. Su corazón era un reactor nuclear portátil, una proeza logística en 1959 que buscaba demostrar que el hielo podía albergar una base militar autosuficiente.
Camp Century, la ciudad atómica en el Ártico

Construida a 240 kilómetros de la actual Base Espacial Pituffik, Camp Century contaba con 21 túneles que se extendían por más de 3 kilómetros. Oficialmente se presentó como una estación científica, pero los documentos desclasificados décadas más tarde revelaron el verdadero objetivo: el Proyecto Iceworm.
El Pentágono planeaba instalar allí hasta 600 misiles nucleares de alcance medio, escondidos bajo el hielo para resistir un ataque soviético. Sin embargo, la operación nunca recibió luz verde del gobierno danés, que había declarado su territorio libre de armamento nuclear.
El eco de la Guerra Fría en el presente
El desplazamiento constante del hielo terminó por enterrar la base en 1967. Desde entonces, Camp Century se convirtió en un fantasma de la Guerra Fría. Su redescubrimiento reaviva viejas tensiones diplomáticas, recordando cómo Estados Unidos ocultó sus intenciones a Dinamarca.
El hallazgo no solo devuelve a la memoria una pieza olvidada de la estrategia nuclear, sino que plantea una pregunta más amplia: ¿qué otros capítulos de esa carrera armamentista siguen ocultos bajo tierra, esperando a ser revelados por la ciencia?