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Ballenas enredadas: récord histórico y una alarma global

En 2024 se registraron 95 ballenas enredadas en cuerdas y redes en aguas de Estados Unidos, la cifra más alta desde que existen registros. California encabeza los casos, con especial impacto en las ballenas jorobadas. El informe de NOAA alerta sobre un escenario crítico donde múltiples presiones humanas ponen en jaque a los cetáceos.

Las ballenas, símbolo de libertad en los océanos, enfrentan hoy uno de los mayores desafíos de supervivencia. El informe 2024 de la NOAA confirmó un récord histórico: 95 ejemplares atrapados en sogas y redes en aguas estadounidenses. La cifra, inédita, expone la creciente amenaza que representa la pesca, el tráfico marítimo y el cambio climático. California se convirtió en epicentro del problema, encendiendo un llamado urgente a reforzar la protección de los gigantes marinos.

California: epicentro del enredo

Más del 70 % de los casos ocurrieron en California, Alaska, Hawái y Massachusetts. De ellos, uno de cada cuatro se registró en la costa californiana, especialmente en San Francisco y Monterey. Las ballenas jorobadas fueron las principales víctimas, con 77 informes en 2024.

Redes, cabos y pesca de cangrejos

Aproximadamente la mitad de los enredos estuvo vinculada a artes de pesca comercial y recreativa. Desde 2007, más de 920 jorobadas sufrieron atrapamientos en líneas de pesca de cangrejos, una de las técnicas más extendidas en la región.

Más amenazas en el océano

El enredo no es la única presión. Colisiones con barcos, contaminación acústica, plásticos, químicos y cambios en la disponibilidad de alimento por el clima aumentan el riesgo de muerte y acercan a los cetáceos a zonas costeras peligrosas.

Ciencia y política en tensión

El récord llega en medio de amenazas a la financiación de la NOAA y un proyecto que busca debilitar la Ley de Protección de Mamíferos Marinos de 1972. Expertos advierten que retroceder en políticas ambientales agravaría un panorama ya crítico.

Alternativas posibles

Las tecnologías de pesca sin cabos permanentes, los sistemas de rescate más rápidos y la cooperación entre pescadores y agencias aparecen como soluciones viables. Sin embargo, la urgencia es clara: los océanos ya no son un refugio intocado, y el futuro de las ballenas dependerá de cuánto se logre equilibrar explotación y conservación.

Fuente: Infobae.

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