Brasil acaba de poner en marcha una de las mayores obras de infraestructura de su historia reciente. El 1 de julio de 2026, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva participó en el inicio oficial de la construcción del puente Salvador–Isla de Itaparica, que atravesará la Bahía de Todos los Santos.
La estructura tendrá 12,4 kilómetros sobre el mar y, cuando esté terminada, será la mayor de América Latina construida sobre una lámina de agua. Conectará directamente Salvador con el municipio de Vera Cruz, en la isla de Itaparica, y formará parte de un sistema vial mucho más amplio.
El proyecto no consiste solamente en levantar un puente. También incluye nuevos accesos en Salvador, una vía expresa de 22 kilómetros en Itaparica y la recuperación y ampliación de un tramo de la carretera BA-001 hasta la cabecera del puente do Funil.
Una conexión que cambiará los viajes en Bahía
Actualmente, quienes quieren cruzar entre Salvador e Itaparica dependen principalmente del ferry o de un recorrido terrestre mucho más largo alrededor de la bahía.
La nueva conexión busca reducir el tiempo de viaje, mejorar el transporte de mercancías y acercar la capital a las regiones del sur, sudoeste y oeste de Bahía. El Gobierno estatal estima que el sistema integrará a más de 250 municipios y tendrá impacto sobre unos 10 millones de habitantes.
Las autoridades también esperan que la obra impulse el turismo, el comercio y la actividad portuaria. Según las proyecciones oficiales, la construcción generará miles de empleos directos e indirectos, aunque el impacto económico definitivo dependerá del tráfico real, los costos de operación y el valor futuro de los peajes.
Ingeniería china dentro de una concesión brasileña
La obra será ejecutada por la Concessionária Ponte Salvador–Itaparica, formada por dos grandes grupos chinos: China Civil Engineering Construction Corporation y China Communications Construction Company. El contrato se desarrolla bajo una asociación público-privada con el Gobierno del Estado de Bahía.
Por eso, describir el proyecto simplemente como una obra china resulta incompleto. Las empresas asiáticas aportan buena parte de la ingeniería, la capacidad técnica y la inversión privada, mientras que el sector público brasileño participa mediante aportes, regulación y pagos previstos dentro de la concesión.
El contrato original fue firmado en noviembre de 2020, pero se actualizó en junio de 2025 debido al aumento de los costos de construcción, las tasas de interés y el costo del capital después de la pandemia. El nuevo cronograma establece una fase de obras de seis años y otros 29 años de operación y mantenimiento. La concesión se extenderá hasta junio de 2060.
🇧🇷🌉 Brasil inició la construcción del puente marítimo más grande de Sudamérica, una obra de 12,4 kilómetros que unirá la ciudad de Salvador con la isla de Itaparica, atravesando la Bahía de Todos los Santos.
🤩 El proyecto busca reducir significativamente los tiempos de viaje,… pic.twitter.com/8cG9aFYkMz
— Pulso Latam (@PulsoLatam) July 10, 2026
La finalización de la infraestructura está prevista para junio de 2031.
Un desafío técnico bajo el fondo del mar
Antes de comenzar las obras principales, los equipos realizaron 105 perforaciones a lo largo del trazado. Las pruebas comenzaron en zonas con apenas 10 metros de profundidad y llegaron al canal central, donde la lámina de agua alcanza los 67 metros.
En algunos puntos fue necesario extraer muestras situadas hasta 200 metros por debajo del fondo marino. Estos estudios permitirán definir las fundaciones capaces de soportar la estructura en un entorno expuesto a oleaje, corrosión y condiciones geológicas complejas.
El proyecto promete transformar la movilidad de Bahía, pero todavía deberá superar varios desafíos. Entre ellos aparecen los costos de mantenimiento en ambiente marino, la protección de los ecosistemas de la bahía y la definición de tarifas de peaje accesibles.
El puente Salvador–Itaparica será una obra récord por su longitud. Su verdadero éxito, sin embargo, no dependerá solamente de los 12,4 kilómetros de hormigón y acero, sino de cuánto consiga mejorar la vida cotidiana y la economía de quienes tengan que utilizarlo.