Nadie estaba buscando dinosaurios. Un equipo de geólogos perforaba el subsuelo de Mongolia Interior, en el norte de China, durante una campaña de exploración de cobre cuando el testigo de roca que ascendió desde 473,2 metros de profundidad trajo consigo algo que llevaba allí aproximadamente 115 millones de años.
Eran huesos.
Más concretamente, una pequeña sección de la cola de un dinosaurio del Cretácico Inferior: una costilla sacra, cuatro centros vertebrales caudales, seis arcos neurales, varios procesos transversos y tendones osificados. El ejemplar, denominado 208GPV01, acaba de ser descrito en Earth History and Biodiversity. Y aunque aquellos fragmentos no permiten ponerle un nombre definitivo, esconden una pista especialmente interesante: sus vértebras se parecen mucho a las de Psittacosaurus, uno de los pequeños dinosaurios herbívoros más conocidos de Asia.
Una perforadora minera hizo lo que normalmente haría un paleontólogo

La paleontología suele desarrollarse horizontalmente: localizar rocas de la edad adecuada, encontrar afloramientos expuestos y excavar hasta que empiezan a aparecer fósiles. Aquí ocurrió exactamente al revés.
La perforación atravesó cientos de metros de roca hasta alcanzar la Formación Bayan Gobi, un depósito continental del Cretácico Inferior situado en la cuenca de Yin’gen-Ejinaqi. El material recuperado pertenece aproximadamente a hace 115 millones de años, cuando aquella región tenía ecosistemas completamente distintos de los actuales.
Los huesos, además, parecen corresponder a un individuo que todavía no había terminado de crecer. Algunos elementos vertebrales permanecían sin fusionar, una señal que los investigadores interpretan como indicio de inmadurez esquelética.
Con tan poco es imposible reconstruir todo el animal, pero el equipo recurrió a morfometría geométrica para comparar cuantitativamente la forma de sus vértebras con las de otros ornitisquios.
El resultado acercó especialmente al ejemplar a Psittacosaurus, un pequeño ceratopsio ampliamente distribuido por Asia durante el Cretácico Inferior. Aun así, los autores evitaron dar un salto que los huesos no permiten: oficialmente, 208GPV01 continúa clasificado únicamente como Ornithischia indeterminado.
Unos pequeños agujeros en las vértebras plantean otro misterio
La cola escondía además una rareza. Varias de las vértebras presentan pequeños orificios distribuidos de forma regular en los laterales. Son probablemente forámenes nutricios o neurovasculares, canales utilizados por vasos sanguíneos y nervios.
Lo extraño es su disposición. Los investigadores aseguran que ese patrón regular entre varias vértebras consecutivas no se había documentado así en otros ornitisquios, incluido Psittacosaurus. Eso podría parecer la pista de una especie desconocida, pero el equipo mantiene la cautela: también podría deberse a la edad del animal o incluso a una variación individual.
Por ahora, hacen falta más huesos.
El verdadero descubrimiento está en el lugar donde apareció
Bayan Gobi no era precisamente una formación desconocida para la paleontología. Allí han aparecido dinosaurios como Penelopognathus, Bannykus y diferentes restos relacionados con Psittacosaurus.
El problema es que casi todos procedían del sector oriental de la cuenca. El nuevo ejemplar apareció mucho más al oeste, cerca de Guaizihu, convirtiéndose en el primer registro publicado de un dinosaurio de esta formación en el sector occidental de Yin’gen-Ejinaqi. Eso amplía el territorio conocido ocupado por aquellas faunas durante el Cretácico Inferior. Y ahí está la parte fascinante del hallazgo.
No apareció una nueva especie espectacular ni un esqueleto completo. Aparecieron unos pocos huesos dentro de un cilindro de roca extraído durante una búsqueda de cobre. Pero bastaron para añadir un nuevo punto al mapa de los dinosaurios de China.
Hace 115 millones de años, aquel animal murió sobre la superficie. La geología terminó enterrándolo bajo casi medio kilómetro de sedimentos. Y tuvo que llegar una perforadora minera para volver a sacarlo a la luz.