En 1969, Estados Unidos consiguió probablemente la victoria propagandística más importante de la primera carrera espacial: poner dos seres humanos sobre la Luna.
Pero aquel mismo año ocurría algo curioso. La Unión Soviética lanzó 82 cohetes, exactamente el doble que los 41 estadounidenses. Llegar primero a la Luna y dominar el acceso cotidiano al espacio eran cosas distintas.
Casi seis décadas después sigue ocurriendo algo parecido. Tres visualizaciones elaboradas por Visual Capitalist junto a Hinrich Foundation permiten mirar la carrera espacial desde tres perspectivas diferentes: quién lanza más, desde dónde lo hace y quién controla los materiales necesarios para fabricar toda esa tecnología. Y juntas cuentan una historia bastante clara: Estados Unidos ha conseguido una ventaja espectacular en lanzamientos, China es su único competidor cercano y Rusia se ha desplomado desde los máximos soviéticos. Pero cuando descendemos hasta las materias primas, el tablero vuelve a inclinarse hacia Pekín.
La URSS llegó a lanzar 108 cohetes en un año. Ahora EEUU lanza 181

El primer gráfico arranca con Sputnik en 1957 y deja ver tres eras espaciales casi de un vistazo. Durante buena parte de la Guerra Fría, la Unión Soviética fue la gran máquina de lanzar cohetes. En 1976 realizó 100 lanzamientos y alcanzó su máximo en 1982 con 108. Estados Unidos, aquel mismo año, hizo solo 18.
Después llegó el derrumbe soviético y ambas curvas descendieron. El cambio radical aparece alrededor de 2016. La reutilización de cohetes, Starlink y el crecimiento de la industria privada dispararon la actividad estadounidense. En 2025, Visual Capitalist contabiliza 181 lanzamientos de EEUU, 93 de China y apenas 17 de Rusia.
Prácticamente todo el salto estadounidense tiene un nombre. SpaceX realizó 170 misiones en 2025: 165 con Falcon 9 y cinco vuelos de Starship. Los datos recopilados por el astrónomo Jonathan McDowell muestran además 181 intentos orbitales estadounidenses frente a 92 chinos; la pequeña diferencia con otros recuentos responde a criterios metodológicos.
China, mientras tanto, está acelerando: en 2021 registraba 56 lanzamientos; cuatro años después estaba en torno a los 92-93.
EEUU no solo lanza más: tiene dos auténticas autopistas hacia el espacio

El segundo gráfico cambia el tiempo por el mapa. Entre 2016 y el 8 de junio de 2026, Estados Unidos acumuló 754 lanzamientos orbitales, frente a 513 de China y 192 de Rusia. No son 754 bases: son lanzamientos realizados desde sus diferentes complejos. Y la concentración estadounidense es enorme.
Solo Kennedy Space Center y Cabo Cañaveral suman 499 lanzamientos, mientras Vandenberg añade otros 222. Es decir, buena parte de la ventaja espacial estadounidense sale de dos zonas costeras convertidas en auténticas autopistas orbitales.
China reparte mucho más su infraestructura entre centros como Jiuquan, Taiyuan, Xichang y Wenchang. Eso refleja también dos modelos diferentes: una industria estadounidense extraordinariamente impulsada por operadores privados y un programa chino donde el Estado sigue teniendo un peso enorme. Pero contar cohetes todavía deja fuera una tercera capa.
Porque para llegar al espacio primero hay que controlar lo que hay bajo tierra
Un cohete reutilizable no sirve de demasiado si faltan los materiales para construir sus motores, electrónica, paneles solares o satélites. Y aquí China cambia completamente la fotografía.
Según datos de producción recopilados por Visual Capitalist a partir del USGS, China suministra aproximadamente el 99% del galio mundial, el 78% del grafito, el 70% del titanio y el 69% de las tierras raras consideradas en la comparación.
Estados Unidos conserva posiciones dominantes en otros recursos: produce alrededor del 43% del helio y gases raros y más del 53% del berilio. Chile, por su parte, lidera el renio con un 37%.
Pero China dispone además de una ventaja que las cifras de extracción no reflejan por completo: también domina el procesamiento y refinado de muchos minerales críticos. En tierras raras, por ejemplo, concentra alrededor del 90% de la capacidad de refinado mundial. Ese es probablemente el dato que mejor explica cómo ha cambiado la carrera espacial.
En 1969 bastaba con preguntar quién llegaría primero a la Luna. En 2026 hay que hacer tres preguntas distintas: quién puede lanzar más, quién tiene la infraestructura para mantener ese ritmo y quién controla los materiales necesarios para seguir construyendo.
Estados Unidos gana claramente la primera. China está consiguiendo que las otras dos sean bastante más incómodas.