De Newton al movimiento de líquidos y gases
Las ecuaciones de Navier-Stokes nacen de aplicar la segunda ley de Newton a un fluido. En términos simples, establecen que la aceleración de una pequeña porción de líquido o gas debe estar determinada por las fuerzas que actúan sobre ella, entre ellas la presión, la viscosidad y posibles fuerzas externas. El problema es que, en lugar de seguir una única partícula, las ecuaciones describen simultáneamente el campo de velocidad de todo el fluido.
La aceleración tiene además dos componentes. Una refleja cómo cambia la velocidad en un punto determinado con el paso del tiempo, mientras que otra aparece porque el propio fluido se desplaza hacia regiones donde la velocidad es distinta. Esta segunda contribución, denominada aceleración convectiva, introduce uno de los elementos fundamentales del problema: la evolución del fluido depende de su propio estado.
La no linealidad es donde empiezan las dificultades
Ese efecto convierte a Navier-Stokes en un sistema no lineal. La velocidad del fluido modifica el transporte de la propia velocidad, creando una especie de retroalimentación en la que pequeñas diferencias pueden crecer, desplazarse y generar estructuras cada vez más complejas.
En tres dimensiones, esta dinámica permite que aparezcan vórtices que pueden alargarse y deformarse, transfiriendo energía desde estructuras grandes hacia otras progresivamente más pequeñas. Este proceso está estrechamente relacionado con la turbulencia, responsable de movimientos aparentemente caóticos como los remolinos en el agua, las corrientes atmosféricas o el aire alrededor de un vehículo.
Frente a esa tendencia existe la viscosidad, representada matemáticamente por un término de difusión. Su función es suavizar las diferencias de velocidad y disipar energía, por lo que dentro de las ecuaciones existe una competición constante entre la no linealidad, capaz de generar estructuras cada vez más intensas, y la viscosidad, que intenta amortiguarlas.
La presión también actúa como una restricción global
La presión añade otra capa de dificultad. Un fluido tiende a acelerarse desde zonas de mayor presión hacia regiones de menor presión, pero en el caso de un fluido incompresible la presión no evoluciona simplemente como una variable independiente. Su función es también garantizar que el movimiento respete la condición de incompresibilidad.
Esto hace que lo que sucede en una zona pueda influir sobre otras regiones del campo de velocidad. En un flujo turbulento, velocidad, presión, vorticidad y viscosidad interactúan continuamente, y prever cómo evolucionará esa combinación a largo plazo se convierte en un problema matemático extraordinariamente complejo.
Aunque las ecuaciones pueden resolverse numéricamente para innumerables aplicaciones prácticas, demostrar qué ocurre con todas sus soluciones tridimensionales bajo determinadas condiciones es una cuestión muy distinta.
El problema del Milenio que podría haber llegado a un punto decisivo
En el año 2000, el Clay Mathematics Institute incluyó la existencia y suavidad de Navier-Stokes entre sus siete Problemas del Milenio. Una de las grandes preguntas consiste en determinar si una solución que comienza siendo suave puede desarrollar una singularidad en un tiempo finito, es decir, alcanzar matemáticamente valores que crecen sin límite.
El 8 de septiembre de 2026, OpenAI publicó una prueba generada por un sistema interno que sostiene que determinadas soluciones tridimensionales de Navier-Stokes pueden desarrollar una singularidad en tiempo finito. El trabajo fue acompañado por una formalización en Lean.
El Clay Mathematics Institute reaccionó pocos días después afirmando que el problema “aparentemente ha sido resuelto”, aunque recordó que el procedimiento oficial de evaluación y asignación de crédito es deliberadamente lento. Por lo tanto, el anuncio representa un avance potencialmente histórico, pero la revisión matemática formal sigue siendo una parte esencial del proceso.
La dificultad de Navier-Stokes no consiste, entonces, en que las ecuaciones sean imposibles de utilizar. Ingenieros y científicos las emplean todos los días. El verdadero desafío es demostrar rigurosamente qué pueden llegar a hacer en sus situaciones más extremas, cuando turbulencia, viscosidad, presión y no linealidad interactúan al límite.