En los últimos años, los capibaras han saltado del anonimato científico a convertirse en verdaderos iconos de internet. Su carácter apacible, sus grandes dimensiones y su vida en comunidad han despertado la fascinación de millones de personas. Pero detrás de la “capibaramanía” hay un animal complejo, con un papel crucial en los ecosistemas acuáticos de Sudamérica y que hoy enfrenta la degradación de sus hábitats y un auge de la domesticación.
De Sudamérica al mundo digital
El capibara pertenece al género Hydrochoerus, con dos especies: el capibara grande (Hydrochoerus hydrochaeris) y el capibara de Panamá (Hydrochoerus isthmius). Vive en humedales, llanuras inundables y bosques tropicales desde Colombia hasta Argentina y Uruguay. Su naturaleza pacífica y aspecto simpático lo han convertido en fenómeno viral, especialmente desde 2020, cuando miles de vídeos en redes sociales lo popularizaron como “el animal zen”.

Un gigante con historia evolutiva
Con hasta 65 kg en estado salvaje (y más de 100 kg en cautiverio), el capibara es el mayor roedor actual. Sus ancestros fósiles, sin embargo, alcanzaban entre 200 y 300 kg, dimensiones similares a las de un tapir. Adaptado a la vida semiacuática, posee membranas interdigitales, incisivos hipodontos y un hocico alto que lo distingue de sus parientes, como los conejillos de Indias o las maras.
Vida social y reproducción
A diferencia de otros roedores, el capibara es altamente social: vive en grupos de hasta 30 individuos liderados por un macho dominante. Su comunicación se basa en vocalizaciones y, frente a depredadores como jaguares o anacondas, se refugia en el agua. Las hembras paren entre tres y cinco crías por camada, con una madurez sexual que llega a los 14 meses.
Entre la fascinación y el conflicto humano
En ciudades como Nordelta (Argentina), la urbanización de antiguos humedales ha provocado encuentros masivos con capibaras que buscan alimento y refugio. Mientras algunos residentes los ven como vecinos entrañables, otros los consideran una molestia. En paralelo, en países como China, Canadá o Rusia, se han popularizado como mascotas, aunque expertos advierten que mantenerlos en pisos o sin acceso a agua constituye un grave maltrato.
Un futuro ligado a los humedales
Aunque no está en peligro de extinción, el capibara sufre la pérdida acelerada de hábitat por incendios, deforestación y construcción de represas en regiones como el Pantanal y los Llanos venezolanos. La supervivencia de este roedor emblemático está íntimamente vinculada a la conservación de los humedales, ecosistemas vitales también para cientos de especies y para la regulación del clima.
Fuente: TheConversation.