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Tecnología

China está construyendo gigantescos centros de datos para inteligencia artificial en mitad del desierto. Su plan es convertir una región olvidada en el cerebro tecnológico del país

China está transformando las tierras áridas de Mongolia Interior en uno de los mayores centros de inteligencia artificial del mundo. Gigantescos centros de datos, energía barata y una estrategia nacional están detrás de esta expansión tecnológica.
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Durante décadas, Mongolia Interior fue conocida por sus extensas praderas, sus minas de carbón y sus paisajes áridos. No parecía el lugar más lógico para levantar la infraestructura tecnológica del futuro. Sin embargo, China ha encontrado precisamente en esta región una oportunidad para competir con Estados Unidos en la carrera por la inteligencia artificial. Y lo está haciendo a una escala difícil de imaginar.

En Ulanqab, una ciudad situada a unos 300 kilómetros de Pekín, están apareciendo enormes complejos de servidores, líneas eléctricas y sistemas de refrigeración. Lo que antes eran terrenos poco desarrollados está convirtiéndose en uno de los grandes núcleos de procesamiento de datos de Asia, impulsado por empresas como Huawei, Alibaba y ByteDance.

El objetivo va mucho más allá de almacenar información: China quiere transformar la electricidad barata y el territorio disponible en una ventaja estratégica para desarrollar inteligencia artificial.

El plan de China para convertir Mongolia Interior en una gigantesca fábrica de inteligencia artificial

China está construyendo gigantescos centros de datos para inteligencia artificial en mitad del desierto. Su plan es convertir una región olvidada en el cerebro tecnológico del país
Complejo de centros de datos en Mongolia Interior, China. La región se ha convertido en uno de los principales núcleos de infraestructura tecnológica del país, donde se están desarrollando instalaciones destinadas al procesamiento masivo de información y la inteligencia artificial. © Hai Jun.

La magnitud del proyecto empieza a apreciarse en las cifras. Según los datos recogidos por el Financial Times, China dispone de unos 24 gigavatios de capacidad eléctrica operativa en centros de datos, con otros 50 GW en construcción o anunciados. Son cifras que reflejan una expansión extraordinaria, aunque no toda esa capacidad está destinada exclusivamente a inteligencia artificial.

Solo en Ulanqab existen 89 centros de datos construidos o proyectados, con una capacidad comprometida que ronda los 15 GW. La ciudad atrae inversiones gracias a su proximidad con Pekín, el suelo disponible y unos costes energéticos considerablemente inferiores a los de los principales núcleos urbanos chinos.

La transformación forma parte de una estrategia nacional conocida como East Data, West Computing, diseñada para trasladar parte del procesamiento informático desde las regiones orientales más pobladas hacia territorios occidentales donde abundan la energía y el espacio. Según un análisis del Oxford Institute for Energy Studies, esta política busca aprovechar las diferencias regionales de costes y asignar tareas de almacenamiento y procesamiento a instalaciones alejadas de los principales centros económicos.

La verdadera ventaja no está en los servidores, sino en la electricidad

China está construyendo gigantescos centros de datos para inteligencia artificial en mitad del desierto. Su plan es convertir una región olvidada en el cerebro tecnológico del país
Interior de una gran instalación industrial en China, con largas filas de maquinaria especializada. La expansión de la infraestructura tecnológica del país exige enormes inversiones en equipamiento, electricidad y sistemas de refrigeración para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial. © Hai Jun.

Los centros de datos de inteligencia artificial necesitan enormes cantidades de energía. Los chips funcionan durante largos periodos realizando cálculos complejos, mientras los sistemas de refrigeración deben impedir que las instalaciones alcancen temperaturas peligrosas.

Aquí aparece la principal ventaja de Mongolia Interior. La región cuenta con abundante generación eólica, centrales térmicas y grandes extensiones disponibles para desarrollar proyectos solares. Sus temperaturas relativamente frías durante parte del año también pueden facilitar la refrigeración.

La escala del consumo resulta reveladora. Según Xinhua, la industria informática de Ulanqab consumió 4.300 millones de kWh de electricidad durante 2025 y podría alcanzar los 9.000 millones en 2026. Además, la región está desarrollando complejos que integran generación renovable, almacenamiento energético y centros de procesamiento.

Pero disponer de parques eólicos no convierte automáticamente estas instalaciones en sostenibles. El carbón sigue desempeñando un papel importante en el suministro energético regional, mientras que el consumo de agua y la necesidad de refrigeración plantean desafíos adicionales.

China puede construir los centros de datos, pero todavía necesita resolver el problema de los chips

China está construyendo gigantescos centros de datos para inteligencia artificial en mitad del desierto. Su plan es convertir una región olvidada en el cerebro tecnológico del país
Vista aérea de un centro de computación de VNET en Ulanqab, Mongolia Interior. China está transformando esta región en uno de los principales núcleos de infraestructura para inteligencia artificial del país. © Li Zhipeng / Xinhua.

La expansión también revela una contradicción. China dispone de terreno, electricidad, capacidad industrial y enormes inversiones, pero construir edificios llenos de servidores no garantiza el liderazgo en inteligencia artificial.

Los semiconductores más avanzados siguen siendo una pieza fundamental. Las restricciones estadounidenses a la exportación de determinados chips han incrementado la presión sobre empresas chinas como Huawei para desarrollar procesadores propios y reducir su dependencia tecnológica.

Existe, además, otro riesgo: construir más capacidad de la que realmente se utiliza. Reuters informó en 2025 de problemas de infrautilización en centros informáticos chinos, lo que impulsó planes para conectar instalaciones mediante una red nacional y aprovechar mejor los recursos disponibles.

La apuesta de Pekín consiste en resolver estos problemas mientras continúa ampliando su infraestructura. Lo que sucede en Mongolia Interior demuestra que la competencia mundial por la inteligencia artificial ya no depende únicamente de quién desarrolle el mejor modelo. También depende de quién sea capaz de construir, alimentar y mantener las gigantescas instalaciones necesarias para ejecutarlo. Y China ha decidido que una parte de esa carrera se dispute lejos de sus grandes ciudades, en las extensiones áridas del norte del país.

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