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Ciencia

España perdió más de 130.000 hectáreas de viñedos en 15 años y ahora apuesta por la ingeniería genética para salvar el vino

Las sequías, las temperaturas extremas y la caída de la rentabilidad están transformando la producción de vino en España. Una nueva normativa europea abre la puerta al desarrollo de variedades de uva más resistentes mediante técnicas de edición genética.
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El cambio climático está transformando silenciosamente una de las industrias más emblemáticas de España: la producción de vino. Las vendimias comienzan cada vez más temprano en algunas regiones, los viñedos tradicionales pierden superficie y los productores buscan alternativas para mantener sus cultivos.

Entre 2010 y 2025, España perdió aproximadamente 132.641 hectáreas de viñedos destinados a la elaboración de vino, según las cifras recopiladas a partir de datos del Ministerio de Agricultura. La situación plantea un desafío para el futuro del sector, especialmente en las zonas donde las vides dependen exclusivamente de las precipitaciones.

Ahora, una combinación de técnicas agrícolas tradicionales e ingeniería genética podría ayudar a desarrollar variedades mejor adaptadas a las nuevas condiciones ambientales.

Los viñedos españoles están desapareciendo y las sequías agravan el problema

Una de las principales transformaciones se observa en los viñedos de secano, aquellos que crecen sin sistemas de riego artificial.

Entre 2010 y 2025 desaparecieron aproximadamente 160.538 hectáreas de este tipo de cultivo.

Durante el mismo período, la superficie de viñedos con riego aumentó en cerca de 27.849 hectáreas. Estos cambios reflejan una creciente dependencia del agua para mantener la producción.

Sin embargo, la desaparición de viñedos no responde únicamente al clima.

Los bajos precios de la uva, la caída del consumo de vino, los costos de producción y las políticas de reestructuración agrícola también influyen en las decisiones de los productores.

España perdió más de 130.000 hectáreas de viñedos en 15 años y ahora apuesta por la ingeniería genética para salvar el vino
© Vinos del Uruguay – Youtube.

Por qué las uvas están madurando antes de tiempo

El aumento de las temperaturas está alterando el calendario tradicional de las vendimias.

En 2026, algunas regiones españolas comenzaron a cosechar durante julio y los primeros días de agosto, fechas extraordinariamente tempranas para determinadas variedades y zonas.

Las temperaturas elevadas aceleran la acumulación de azúcares en las uvas, pero otros componentes fundamentales para la calidad del vino, como los ácidos, los taninos y los compuestos responsables del color, pueden evolucionar a un ritmo diferente.

Esto complica el trabajo de los viticultores, que deben decidir cuándo cosechar para conservar el equilibrio entre maduración y calidad.

La ingeniería genética podría cambiar el futuro del vino

Una de las alternativas que estudian los científicos consiste en desarrollar vides capaces de tolerar mejor la sequía, el calor y determinadas enfermedades. Las herramientas de edición genética permiten introducir cambios específicos en el ADN de las plantas, sin necesidad de realizar largos procesos de cruzamiento convencional.

Entre las tecnologías más conocidas se encuentra CRISPR, que permite modificar regiones concretas del material genético.

Estas herramientas podrían acelerar el desarrollo de nuevas variedades, aunque todavía deben superar desafíos científicos y regulatorios.

España perdió más de 130.000 hectáreas de viñedos en 15 años y ahora apuesta por la ingeniería genética para salvar el vino
© Vinos del Uruguay – Youtube.

Europa aprobó nuevas reglas para modificar genéticamente las plantas

En junio de 2026, la Unión Europea aprobó una nueva regulación sobre determinadas técnicas genómicas aplicadas a plantas.

La normativa entró en vigor el 16 de julio, pero comenzará a aplicarse de manera general el 17 de julio de 2028. El reglamento distingue entre modificaciones comparables a las obtenidas mediante mejoramiento convencional y otras transformaciones genéticas más complejas, que continuarán sometidas a controles específicos.

Esto podría facilitar la investigación y el desarrollo de cultivos resistentes, incluidas futuras variedades de vid.

¿Puede salvarse el vino tradicional?

La ingeniería genética no es la única solución.

Los productores también están recuperando variedades antiguas, utilizando portainjertos resistentes y modificando los sistemas de cultivo para reducir el consumo de agua. Estas estrategias pueden combinarse con mejoras en el manejo del suelo y cambios en la ubicación de los viñedos.

Sin embargo, ninguna tecnología garantiza por sí sola la supervivencia del sector, porque también existen desafíos económicos y comerciales. El futuro del vino español podría depender de combinar siglos de tradición agrícola con nuevas herramientas científicas capaces de adaptar los viñedos a un clima cada vez más exigente.

 

 

Fuente: Xataka.

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