China y Rusia avanzan con los planes para la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS, por su sigla en inglés), una base que ambos países operarán de forma conjunta en el polo sur lunar. El principal obstáculo técnico no es la construcción en sí, sino la energía: en la Luna, la noche dura entre 14 y 15 días terrestres seguidos, un período demasiado largo como para que la energía solar por sí sola garantice un suministro estable y continuo.
El plan: reactor listo antes de 2035

Yuri Borísov, director general de Roscosmos, la agencia espacial rusa, confirmó en marzo de 2024 que Rusia y China evaluaban instalar un reactor nuclear en la superficie lunar hacia el cambio de década de 2033 a 2035, coincidiendo con la fecha prevista para tener terminada la ILRS. El primer paso concreto llegará antes: la misión china Chang’e-8, programada para 2028, buscará sentar las bases técnicas tanto de la futura estación permanente (habitada desde 2030) como del reactor que la alimentará, según Reuters.
China todavía no oficializó formalmente su aprobación del proyecto, pero la inclusión del reactor nuclear en las presentaciones oficiales de ingenieros del programa espacial chino ante representantes de los 17 países y organizaciones que respaldan la ILRS confirma que el plan avanza en los hechos, más allá de que falte el anuncio político definitivo.
Cómo sería el reactor chino
Los ingenieros nucleares chinos ya cuentan con un diseño preliminar, inspirado tanto en desarrollos de la NASA como en el antiguo reactor soviético TOPAZ-II, usado en satélites durante la Guerra Fría. La propuesta contempla barras de combustible de dióxido de uranio con forma de anillo, un sistema de refrigeración doble basado en metal líquido (una aleación de sodio y potasio conocida como NaK-78) capaz de mantener el núcleo del reactor por debajo de los 600 grados centígrados, y un moderador de neutrones de hidruro de itrio que, según los propios técnicos chinos, sería más eficiente que los moderadores de hidruro de circonio de uso más habitual.
Tanto rusos como chinos coinciden en que la instalación deberá construirse de forma autónoma, mediante sistemas robóticos, sin presencia humana directa durante el proceso, dadas las condiciones extremas y los riesgos de radiación asociados a un montaje de este tipo en la superficie lunar.
Estados Unidos también corre contra el reloj

Mientras tanto, Estados Unidos avanza con su propio regreso a la Luna a través del programa Artemis de la NASA, con el objetivo de volver a poner astronautas en la superficie lunar e iniciar la construcción de una base sostenible equipada con grandes paneles solares. Pero la misma limitación de la larga noche lunar llevó a la agencia estadounidense a desarrollar en paralelo su propio reactor, conocido como Fission Surface Power, pensado para entregar unos 40 kilovatios de potencia, muy por debajo de lo que necesitaría una base permanente de mayor escala, pero suficiente como demostrador tecnológico inicial.
Una carrera con varios frentes abiertos
El proyecto ruso-chino y el estadounidense comparten el mismo diagnóstico técnico (la energía nuclear como única alternativa viable frente a la extensión de la noche lunar) pero avanzan con cronogramas, diseños y niveles de colaboración internacional distintos. Wu Weiren, diseñador jefe del programa de exploración lunar chino, resumió la ventaja que reclama el bloque ruso-chino en este terreno: sostuvo que Rusia lidera el desarrollo de instalaciones nucleares pensadas específicamente para el espacio, incluso por delante de Estados Unidos. Habrá que esperar a los resultados de la misión Chang’e-8 en 2028 para saber si ese optimismo técnico se traduce en avances concretos sobre el terreno lunar.