El litio pasó de ser un elemento casi anecdótico para convertirse en uno de los recursos más codiciados del planeta. Su papel en baterías, movilidad eléctrica y almacenamiento energético lo volvió estratégico. Ahora, un descubrimiento científico abre la puerta a explotar reservas hasta hoy descartadas, con un método que desafía las limitaciones técnicas y ambientales conocidas.
De mineral curioso a pilar de la era tecnológica
Durante décadas, el litio fue un elemento de usos muy específicos. Primero apareció en tratamientos médicos, luego en aplicaciones industriales y, finalmente, se transformó en la base de la tecnología que hoy sostiene teléfonos móviles, autos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energías renovables.
El impacto de esta transformación fue tan profundo que, en 2019, los científicos responsables del desarrollo de las baterías de ion de litio recibieron el Premio Nobel. Desde entonces, la demanda no ha hecho más que crecer, impulsada por la electrificación del transporte y la necesidad de reducir las emisiones de carbono.
Ese aumento constante de consumo expuso un problema central: el litio no es fácil de extraer, y las técnicas actuales presentan importantes límites económicos y ambientales.
Reservas abundantes, pero difíciles de aprovechar
Australia lidera la producción mundial gracias a la minería de litio en estado sólido. Sin embargo, cuando se habla de grandes reservas, la atención suele dirigirse a los extensos salares de Sudamérica, ubicados en Chile, Bolivia y Argentina, una región conocida como el “triángulo del litio”.
En estos lugares, el elemento no se encuentra en forma sólida, sino disuelto en salmueras subterráneas. La técnica tradicional consiste en bombear esa agua a la superficie y dejarla evaporar durante meses o incluso años, hasta concentrar el litio. El proceso consume enormes cantidades de agua, requiere climas muy específicos y deja fuera del mapa a muchas reservas potenciales.
Ese cuello de botella tecnológico es el que un nuevo estudio busca romper.

La técnica que cambia las reglas del juego
Un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia publicó en la revista científica Joule un método alternativo de extracción directa que prescinde de las piscinas de evaporación.
La propuesta se basa en el uso de un disolvente especial que, a temperatura ambiente, se une tanto al litio como a las moléculas de agua presentes en la salmuera. Al calentarse, el disolvente libera el litio y queda listo para reutilizarse en un nuevo ciclo. El proceso es repetible, rápido y mucho más flexible que los métodos tradicionales.
Según los investigadores, este enfoque permite extraer litio incluso de salmueras donde su concentración es baja, algo que antes hacía inviable cualquier intento de explotación.
El caso que puso el foco en Estados Unidos
Uno de los escenarios más prometedores para aplicar esta técnica es el lago Salton, en California. Hasta ahora, su litio era considerado poco rentable de extraer, pero con este nuevo método podría convertirse en una fuente estratégica.
Las pruebas realizadas lograron recuperar cerca del 40 % del litio presente en una muestra tras apenas cuatro ciclos. Esa eficiencia ya se considera suficiente para pensar en una aplicación industrial. De hecho, las estimaciones sugieren que solo esa zona podría abastecer cientos de millones de baterías.
Aunque la tecnología no es exclusiva de Estados Unidos y podría aplicarse en otros países, el desarrollo inicial otorga una ventaja temporal al país en un mercado cada vez más competitivo.
Ventajas claras, pero una competencia abierta
El nuevo método, conocido como S3E, presenta varios puntos fuertes: reduce el consumo de agua, acelera los tiempos de extracción, utiliza un disolvente reutilizable y amplía el abanico de reservas explotables. Todo eso lo convierte en una alternativa atractiva frente a la evaporación solar y la minería tradicional.
Sin embargo, no es la única técnica de extracción directa en desarrollo. Existen otros métodos con eficiencias incluso mayores, aunque cada uno arrastra limitaciones propias, ya sea en costos, escalabilidad o impacto ambiental. Todavía es pronto para saber cuál se impondrá a gran escala.
Un recurso con peso geopolítico creciente
Más allá de la competencia tecnológica, el trasfondo es claro: las reservas de litio son finitas y su valor estratégico aumenta a medida que el mundo se electrifica. En un contexto de transición energética y tensiones geopolíticas, controlar el acceso a este mineral puede resultar tan decisivo como el petróleo en el siglo XX.
Este nuevo avance no resuelve todos los desafíos, pero redefine el tablero. Lugares antes descartados entran en juego, los tiempos se acortan y la presión ambiental podría reducirse. En un planeta cada vez más dependiente de la energía almacenada, el litio vuelve a demostrar que su verdadero poder no está solo en su química, sino en cómo aprendemos a extraerlo.
[Fuente: La Razón]