Son uno de los platos más clásicos de la gastronomía española, una fuente vegetal de energía, proteína y, sobre todo, hierro. Sin embargo, muchas personas sufren anemia o niveles bajos de este mineral esencial a pesar de consumir alimentos ricos en hierro como las lentejas. ¿Qué está fallando entonces? El nutricionista Luis Zamora dio recientemente una explicación clara —y sorprendente— sobre por qué ese hierro no siempre llega a donde debería.
Cuando el hierro no se absorbe

Aunque existe la creencia de que la anemia está ligada a la delgadez extrema o a dietas deficientes, lo cierto es que cualquier persona, incluso con peso y estatura normales, puede tener déficit de hierro. Esto sucede cuando el cuerpo no consigue absorber bien este nutriente, lo cual no depende solo de cuánto hierro consumimos, sino de cómo lo hacemos.
Luis Zamora, experto en nutrición, explicó en una reciente entrevista en los micrófonos de Cadena Dial que este problema es mucho más común de lo que pensamos. Y lo más interesante: suele estar relacionado con combinaciones de alimentos que realizamos a diario sin saber que afectan directamente a nuestra salud.
Uno de los principales factores que bloquea la correcta absorción del hierro es la presencia de otros minerales o compuestos en la comida que compiten con él. Por ejemplo, algo tan habitual como tomar un postre lácteo o un café justo después de las lentejas podría estar anulando sus beneficios sin que lo notemos.
“El calcio y el hierro se juntan en el estómago y compiten por ser absorbidos”, explicaba Zamora. Esa competencia genera una absorción deficiente, especialmente cuando el hierro proviene de fuentes vegetales, que ya de por sí se asimilan con más dificultad que las animales.
El truco está en los detalles

Ante esta realidad, Zamora compartió dos trucos muy concretos, que además de ser sencillos, están al alcance de cualquiera y tienen respaldo científico. Se trata de dos costumbres tradicionales que, aunque hoy podrían parecer insignificantes o simples caprichos gastronómicos, tienen un impacto directo en cómo el cuerpo aprovecha el hierro de los alimentos.
Uno de ellos aparece en la tradición culinaria española desde hace generaciones. El otro es un gesto cotidiano que, si se incorpora al final de la comida, puede cambiar por completo la forma en que tu cuerpo absorbe este nutriente esencial.
Según Zamora, “la tradición española ya sabía lo que hacía”, refiriéndose a prácticas comunes que se han transmitido de generación en generación. Lo interesante es que la ciencia ahora las confirma: esas pequeñas costumbres tenían una razón biológica que hoy empezamos a comprender con claridad.
Y no, no se trata de pastillas ni de suplementos: es algo mucho más simple y natural, que puede incorporarse fácilmente a la rutina de cualquier familia sin modificar radicalmente la dieta.
Lo que deberías empezar a hacer hoy
Así que, si te preocupa tu nivel de hierro, si comes lentejas y aún así te sientes cansado o te han detectado anemia, la solución podría estar en un simple cambio de hábito. Según Zamora, agregar un toque ácido al plato o elegir bien el postre puede ser más eficaz de lo que imaginas.
¿El truco final? Un chorrito de vinagre en las lentejas o una naranja de postre. La acidez ayuda a liberar el hierro, y la vitamina C potencia su absorción.
Pequeños cambios, grandes resultados. Porque no solo importa lo que comes… sino cómo lo combinas.
[Fuente: La Vanguardia]