La vida apareció en la Tierra muchísimo antes que los animales. Durante miles de millones de años, sin embargo, el planeta estuvo dominado principalmente por microorganismos y formas relativamente simples.
Entonces ocurrió algo extraordinario.
Hace unos 540 millones de años, durante el inicio del Cámbrico, la diversidad animal comenzó a dispararse en un intervalo geológicamente breve. Aparecieron nuevos depredadores, esqueletos, ojos, apéndices y prácticamente todos los grandes planes corporales que todavía reconocemos en los animales modernos.
Este episodio es conocido como la explosión cámbrica. Y ahora dos paleontólogos proponen que uno de sus motores ha permanecido literalmente escondido entre los fósiles: las heces.
Los primeros sistemas digestivos cambiaron algo más que la alimentación
Julien Kimmig, del Museo Estatal de Historia Natural de Karlsruhe, y Russell Bicknell, de la Universidad Flinders, analizaron el registro de coprolitos, el nombre científico de los excrementos fosilizados.
Su estudio, publicado en Trends in Ecology & Evolution, reúne evidencias procedentes de más de 35 yacimientos del Cámbrico repartidos por distintos continentes.
El patrón resulta llamativo.
Durante el Ediacárico, inmediatamente anterior al Cámbrico, existen muy pocas pruebas de sistemas digestivos complejos. Pero al comenzar la radiación cámbrica aparecen pellets fecales microscópicos y posteriormente coprolitos de varios centímetros, algunos incluso con fragmentos de caparazones en su interior.
Eso revela que también estaba cambiando la forma de comer.
Rosa Rubicondior: Refuting Creationism – Creationists Covered In Cambrian Coprolite. https://t.co/hc1gr6NcxN via @RosaRubicon pic.twitter.com/GQCroCrAod
— Rosa Rubicondior (@RosaRubicon) August 8, 2026
Las heces comenzaron a funcionar como fertilizante oceánico
A medida que los primeros artrópodos desarrollaron intestinos anteriores, glándulas digestivas y dietas más variadas, también empezaron a producir residuos más abundantes y complejos.
Y esos residuos no desaparecían sin más.
Las heces contienen carbono orgánico, nitrógeno, fósforo y otros nutrientes. Al hundirse desde las capas superficiales hacia zonas más profundas, podían transportar alimento hacia comunidades que antes tenían un acceso mucho más limitado a esos recursos.
El mecanismo recuerda al que todavía funciona en los océanos actuales, donde desde pequeños organismos planctónicos hasta grandes animales marinos participan en el transporte vertical de nutrientes mediante sus desechos.
Cuantos más animales había, más nutrientes podían circular
Aquí aparece la parte más interesante de la hipótesis.
Los animales con sistemas digestivos más sofisticados podían explotar nuevas fuentes de alimento. Al alimentarse, producían más residuos. Esos residuos redistribuían nutrientes y facilitaban que otras formas de vida prosperaran.
A su vez, una mayor cantidad de organismos significaba más alimento, más depredación, más digestión y más materia fecal.
Los autores plantean así una especie de circuito de retroalimentación ecológica capaz de ayudar a acelerar la construcción de redes alimentarias cada vez más complejas.
La caca no explica por sí sola la explosión cámbrica
Eso no significa que los excrementos fueran la única causa de la diversificación.
La explosión cámbrica probablemente estuvo relacionada con una combinación de factores: cambios en los niveles de oxígeno, transformaciones ambientales, innovaciones evolutivas, nuevas relaciones entre depredadores y presas y modificaciones en los ciclos biogeoquímicos.
La llamada “revolución fecal” añade una pieza nueva a ese rompecabezas.
Y también corrige una idea tentadora: la vida no surgió nuevamente hace 540 millones de años. Ya llevaba miles de millones de años en el planeta.
Lo que ocurrió entonces fue diferente: los propios animales comenzaron a transformar químicamente sus ecosistemas de una forma capaz de favorecer todavía más vida animal.
Quizá uno de los grandes saltos de la evolución no necesitó únicamente nuevos organismos. También necesitó algo mucho menos glamoroso: que esos organismos empezaran a dejar detrás una enorme cantidad de residuos.