Cuando se acerca el calor, comienzan a circular todo tipo de consejos para conseguir un bronceado perfecto. Y entre todos ellos, uno destaca por su aparente sencillez y su aire natural: comer zanahorias. Lo que parecía una solución saludable y fácil ha vuelto con fuerza gracias a TikTok y otros espacios virales. Pero ¿realmente este hábito tiene algo que ver con estar moreno? Lo cierto es que sí… aunque no como te imaginas.
El mito de las zanahorias y el tono dorado
La teoría es seductora: las zanahorias, al ser ricas en betacaroteno, podrían teñir tu piel desde dentro y ayudarte a parecer recién llegada de unas vacaciones en la costa. No es una idea nueva. Lleva décadas entre nosotros, apareciendo en revistas de moda, tertulias de playa y ahora también en redes sociales. Sin embargo, hay un matiz importante: el color que se obtiene dista mucho del dorado bronceado que promete.

Lo que realmente ocurre: carotenodermia
Lo que estás viendo en tu piel no es un bronceado, sino un fenómeno llamado carotenodermia. Así lo explica el dermatólogo Christian Merkel, quien aclara que el color que se adquiere tiende más al naranja que al marrón. ¿La razón? El betacaroteno, un pigmento presente en frutas y hortalizas de tonos cálidos como la zanahoria, la calabaza o el mango, que se acumula en zonas como las palmas, plantas de los pies y la nariz.
No es peligroso, pero tampoco milagroso
Aunque la carotenodermia no suele entrañar riesgos, es importante no confundirla con problemas médicos como la ictericia. En personas con patologías como diabetes, hipotiroidismo o anorexia, esta pigmentación puede indicar un metabolismo alterado, no solo un exceso de zanahorias. La dermatóloga Silvija Gottesman lo resume así: “No es un bronceado real. No hay melanina involucrada, solo pigmento superficial”.

¿Cuánto es “demasiado”?
La nutricionista Sarah Carolides advierte que bastan 12 zanahorias crudas diarias o menos de 300 ml de zumo durante unas semanas para notar el cambio. De hecho, un caso clínico en Zaragoza documentó cómo una niña pequeña desarrolló un color amarillento tras consumir puré de zanahoria cada día. Afortunadamente, el efecto desapareció al retirar ese alimento de su dieta.
Conclusión: un color curioso, no un bronceado real
Las zanahorias son saludables, antioxidantes y ricas en vitamina A. Pero si esperas conseguir ese tono de piel dorado y veraniego solo comiéndolas, es mejor que no te hagas ilusiones. El resultado es temporal, superficial, y más anaranjado que estético. Comer como un conejo no te convertirá en una diosa del sol.
Fuente: Xataka.