Antes de que fuera un adolescente, Nim ya se hab√≠a pegado sus juergas. El clima de libertad en el que estaba siendo criado ‚Äďen el seno de una familia hippy de la costa este en los a√Īos 70- hab√≠a modificado su condici√≥n. Poco antes de que el experimento diera un giro radical, Nim hab√≠a probado algunas drogas, fumaba e incluso se le pod√≠a ver con cierta frecuencia bebiendo alcohol. Fue tan solo una de las muchas etapas que vivi√≥ Nim Chimpsky, el mono que quisieron convertir en humano.

Hace unas semanas cont√°bamos el relato de Gua, el chimpanc√© que vivi√≥ como si fuera un hijo natural de la familia del psic√≥logo Winthrop Kellogg. Ocurri√≥ en los a√Īos 30 y se trataba del primer experimento que se aventuraba en la idea de investigar la distancia que nos separa a los humanos de los animales. El resultado, como en la mayor√≠a de casos de este tipo, result√≥ terrible, no s√≥lo para la propia Gua, tambi√©n para el hijo del psic√≥logo, qui√©n acab√≥ siendo otro damnificado de los estudios de su padre.

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Tras Kellogg se fueron sumando otros experimentos muy parecidos, tanto en la ejecuci√≥n como en el triste resultado. Luego llegar√≠a una corriente ling√ľ√≠stica para refutar lo aprendido anteriormente, y tras esta, el proyecto Nim como desaf√≠o al mismo.

Y como en el caso de Gua, la propia historia y el relato de los hechos dejaría bastante claro el (sin)sentido del mismo.

De Chomsky a Chimpsky

Imagen: Chomsky en su casa de Cambridge (1977). AP

A finales de la d√©cada de los 50 aparece la figura del profesor del MIT, fil√≥sofo y ling√ľista estadounidense Noam Chomsky para darle un vuelco al campo de la ling√ľ√≠stica te√≥rica. En esencia, el profesor atacaba directamente a los presupuestos centrales de la psicolog√≠a conductista, hasta ese momento santo y se√Īa en psicolog√≠a.

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De esta forma, lo que hasta entonces se daba por v√°lido cuando se hablaba de la adquisici√≥n del lenguaje -el aprendizaje y la asociaci√≥n- se encuentra de frente con la propuesta que postula Chomsky. Una revoluci√≥n que rezaba que nuestro lenguaje era posible por un dispositivo cerebral innato (que llam√≥ el ‚Äú√≥rgano del lenguaje‚ÄĚ) gracias al cual podemos aprender y utilizar el mismo lenguaje de forma casi instintiva.

Chomsky postulaba la existencia de la gram√°tica universal y define la gram√°tica generativa. La primera es aquella que afirma que subyacen determinados principios a todas las lenguas naturales, principios innatos dentro de la condici√≥n humana. Por tanto, con su teor√≠a partimos de la idea en la que un ni√Īo tendr√≠a tal capacidad.

La segunda es aquella que el profesor denomina como el conjunto de reglas innatas que permiten traducir combinaciones de ideas a combinaciones de un c√≥digo; por ejemplo el hecho que un ni√Īo sea capaz de forma innata de transformar la gram√°tica universal en una particular de la lengua que el cr√≠o escucha a su alrededor.

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Y si tras el conductismo apareci√≥ Chomsky, tras el fil√≥sofo apareci√≥ la figura del doctor Herbert Terrace para intentar tirar por tierra las teor√≠as de Chomsky. As√≠ daba comienzo el proyecto Nim bajo una simple premisa: ¬Ņpuede un chimpanc√© aprender el lenguaje humano?

El proyecto Nim

Imagen: Terrace y Nim. NYBooks

Unos a√Īos antes de que apareciera el trabajo de Terrace se hab√≠a producido un experimento con el chimpanc√© Washoe. En este caso se trataba de ense√Īarle al animal el Lenguaje Americano de Signos, aunque una versi√≥n m√°s b√°sica y reducida. Los resultados fueron todo un √©xito y quiz√° por ello Terrace quiso ir un paso m√°s all√°.

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El Proyecto Nim part√≠a de la base utilizada con Washoe, aunque haciendo uso de las t√©cnicas experimentales m√°s a fondo. Seg√ļn Terrace y sus colegas, dado que el 98,7% del ADN en los seres humanos y los chimpanc√©s es id√©ntico, un chimpanc√© criado en una familia humana con la ayuda del lenguaje de signos podr√≠a arrojar luz sobre la posibilidad de que adquiera el lenguaje y la forma utilizados por los seres humanos. As√≠ naci√≥ el proyecto, encabezado por el psic√≥logo y concebido como un desaf√≠o velado a la tesis de Chomsky que afirmaba que s√≥lo los seres humanos tienen nuestro lenguaje.

Dicho y hecho. Era el a√Īo 1973 cuando Terrace se acerca al Instituto para el Estudio de Primates en Oklahoma y toma una cr√≠a de chimpanc√© de los brazos de su madre. Se llamaba Nim y contaba con tan s√≥lo 10 d√≠as de edad. El nombre que adopt√≥ posteriormente, Nim Chimpsky, no es m√°s que un juego de palabras de los propios investigadores, una clara referencia a Noam Chomsky.

Imagen: retrato de Nim. AP

Una vez que ten√≠a al animal, Terrace busca una familia con la que llevar a cabo el experimento. El profesor conoc√≠a a una alumna suya que ten√≠a el perfil que buscaba: Stephanie LaFarge. Casada con un poeta y con hijos, Stephanie viv√≠a en el Upper West Side de Manhattan bajo el influjo de la √©poca, una familia de hippies que tratar√≠an a Nim como a un miembro m√°s. De hecho, Nim fue amamantado durante los dos primeros meses. La familia no ten√≠a ni la m√°s remota idea de c√≥mo criar a un chimpanc√©, mucho menos a ense√Īarle el lenguaje de los signos, pero a Terrace pareci√≥ darle igual si con ello eran capaces de convertirlo en un humano libre de ataduras. Seg√ļn explicar√≠a Stephanie:

Nim necesitaba pa√Īales y le daba el pe√Īo a diario. S√≠, era raro porque era un chimpanc√©, pero al mismo tiempo hubo una especie de normalidad sobre √©l desde el principio, como si fuera una m√°s de la familia desde el mismo momento en que lleg√≥.

Mientras que los ni√Īos del matrimonio iban a la escuela, Nim acud√≠a a una clase especial en la Universidad de Columbia. All√≠ se reun√≠a con los investigadores para aprender el lenguaje de los signos. El objetivo que estos ten√≠an era abrir una ventana a los pensamientos de Nim y ver si pod√≠a desarrollar habilidades del lenguaje real.

Imagen: Nim y los LaFarge. H. Terrace

El problema llegaba cuando volv√≠a a ‚Äúcasa‚ÄĚ, ya que el desorientado chimpanc√© conviv√≠a en otra realidad, con los LaFarge trat√°ndole como a un humano m√°s. Nim llegaba y como los hijos naturales de los LaFarge, se pon√≠a a jugar con el resto de cr√≠os de la casa. Sin embargo, las fiestas adultas en la casa tambi√©n lo eran para el chimpanc√©, qui√©n en esta √©poca prob√≥ con frecuencia el alcohol, los cigarros e incluso el cannabis.

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Las ‚Äúaventuras‚ÄĚ del chimpanc√© se hicieron p√ļblicas saltando a la primera plana de medios como la revista New York, o la especializada en el cannabis High Times, incluso lleg√≥ a tener una aparici√≥n en el m√≠tico programa Sesame Street.

Imagen: Nim en los medios.

Pero la libertad que le fueron ofreciendo los LaFarge se torn√≥ en unas actitudes por parte de Nim cada vez m√°s violentas. A medida que fue pasando de la pre-adolescencia a la adolescencia, Nim se volvi√≥ m√°s agresivo y nadie sab√≠a qu√© hacer. Seg√ļn explicar√≠a Stephanie:

El problema lleg√≥ cuando comenz√≥ a morder. Eso era un gran problema, y si bien a mis hijos pod√≠a ense√Īarles a no hacerlo, con Nim todo era m√°s dif√≠cil y no ve√≠amos que fu√©ramos capaces de controlarlo.

Imagen: Terrace, Stephanie y Nim. H. Terrace

Así fue como la familia se puso en contacto con Terrace para comunicarle que no continuarían con el experimento. El doctor no tenía la intención de abandonar el trabajo que había llevado hasta ahora, incluso aunque el mismo no tuviera visos de llegar a una conclusión satisfactoria (Nim apenas sabía decir alguna palabra).

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Terrace recogi√≥ a Nim y lo dej√≥ con unos cuidadores mientras buscaba una nueva ubicaci√≥n y ‚Äúfamilia‚ÄĚ. Al final tom√≥ las riendas de su propio trabajo y se fue junto a un grupo de investigadores a continuar los estudios en una gran casa apartada de la urbe. Una √©poca oscura en cuanto al experimento del que poco se sabe m√°s all√° de que el animal fue intensificando su violencia. Terrace contar√≠a que fue un espacio en el tiempo donde el animal se fue disciplinando, pero lo cierto es que un ataque de Nim a una de las investigadoras fue el detonante para dar por terminado el intento de humanizaci√≥n del animal.

Imagen: Portada del New York Magazine

Tras un periplo de varios a√Īos en los que el chimpanc√© hab√≠a pasado por varias familias y ambientes, el animal acaba en el lugar donde naci√≥, en el Instituto para el Estudio de Primates en Oklahoma. De esta forma, el chimpanc√© que se hab√≠a convertido en una estrella, el mono que se anunciaba como la primera prueba de que los animales pod√≠an hablar como los humanos, el mismo que hab√≠a disfrutado desde su nacimiento de libertad, tanto en el sentido f√≠sico (en espacios abiertos viviendo con los humanos), como en el terrenal, llegando a desarrollar h√°bitos como fumar‚Ķ. Ese mismo mono volv√≠a a una jaula, despojado de los atributos humanos que le intentaron aprender. Volv√≠a a su propia especie, donde Terrace lo condenaba y lo abandonaba a su suerte.

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Y as√≠ fue como Nim, ap√°tico y con problemas para socializarse con su especie en el nuevo h√°bitat, encontr√≥ a un amigo en la figura de Bob Ingersoll, un estudiante graduado que trabajaba como asistente de investigaci√≥n en las instalaciones de primates en el instituto de Oklahoma. Seg√ļn contar√≠a este a√Īos m√°s tarde:

Cuando lo vi por primera vez podía leer el miedo y la aprensión a través de su expresión facial y su lenguaje corporal. Fue tremendamente doloroso para él el cambio que había pasado. Estábamos muy preocupados por Nim y pasábamos mucho tiempo con él asegurándonos de que estaba comiendo y bebiendo y que no fuera atacado por otros chimpancés.

Imagen: Nim e Ingersoll.

A su vez, Ingersoll comenzó a usar el lenguaje de signos con Nim para consolarlo. El joven contaría que el animal nunca fue agresivo con él y que rápidamente se convirtieron en grandes amigos:

Era muy fácil pasar el rato con él. De hecho, creo que él hubiera hecho por mí lo mismo que yo creo que hice por él, que era hacer que se sintiera cómodo, seguro y familiarizado con la nueva situación que le tocaba vivir.

Luego llegarían los primeros paseos fuera de la jaula, espacios que el hombre recordaba compartiendo risas e incluso cannabis, un hábito que no se había separado del chimpancé desde su etapa en Nueva York:

Fumamos hierba con √©l de vez en cuando. Y es que cuando hac√≠as algo y √©l no estaba incluido, √©l lo sab√≠a. Eran los 70 y para ser honestos, √©l mismo fue el que nos indico con se√Īales que quer√≠a, fue una especie de ‚Äúyo primero‚ÄĚ. Nos quedamos impactados . A pesar de que est√°bamos familiarizados con que los chimpanc√©s pod√≠an beber y fumar cigarros, nunca hab√≠amos o√≠do sobre un chimpanc√© que quisiera fumar hierba. Desde luego, fue una revelaci√≥n.

Imagen: Bob Ingersoll y Nim.

Para desgracia de Nim, cuando el chimpancé comenzaba a ver la luz con la ayuda de Ingersoll, el instituto se queda sin fondos y entró en una grave crisis. Una veintena de chimpancés acaban siendo vendidos a la Universidad de Nueva York para ser utilizados en tratamientos experimentales con la hepatitis. Nim fue uno de ellos.

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Con la ayuda de Ingersoll acab√≥ salv√°ndose de una muerte segura. Nim termin√≥ sus d√≠as en un rancho para animales maltratados en Texas. Fallec√≠a deprimido el 10 de marzo del 2000 a los 26 a√Īos de edad tras un ataque al coraz√≥n, una muerte prematura para un chimpanc√©.

As√≠ terminaba la historia de un chimpanc√© al que un d√≠a intentaron humanizar. Terrace jam√°s logr√≥ sus prop√≥sitos refutando la teor√≠a de Chomsky y acab√≥ rendido a una evidencia: lo poco que Nim ‚Äúaprendi√≥‚ÄĚ sobre el lenguaje fue a trav√©s del control, no de la comunicaci√≥n. El chimpanc√© hab√≠a aprendido algo, hab√≠a imitado las respuestas apropiadas en lugar de formar o construir frases.

Quizás el proyecto no fuera tan malo del todo. Desde luego, el propio Terrace tenía razón en algo: Nim abriría una puerta, aunque no en la mente del animal, sino en la del ser humano. Y es que podemos convertirnos en una especie de locos.