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Ciencia

Cómo el quejarnos impacta en nuestra felicidad y cómo evitarlo para tener una vida plena

La queja puede convertirse en un hábito perjudicial sin que nos demos cuenta. Aunque brinda un alivio momentáneo, su impacto en nuestra felicidad y bienestar es profundo. Descubre por qué nos quejamos y cómo cambiar este comportamiento.
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Quejarse es una acción cotidiana para muchas personas. Nos quejamos del clima, del trabajo, del tráfico y de situaciones que parecen fuera de nuestro control. Sin embargo, según la psicóloga Liria Ortiz, reducir la cantidad de quejas en nuestra vida podría ayudarnos a ser más felices. Especialista en Terapia Cognitiva Conductual y Terapia de Aceptación y Compromiso, Ortiz explica en su libro El arte de quejarse cómo la queja impacta nuestras emociones y cómo podemos modificar este hábito.

Por qué nos quejamos constantemente

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© Pheelings media

Quejarse es una conducta común que muchas veces se vuelve automática. Ortiz explica que identificar un problema y buscar una solución es una actitud positiva, pero quejarse sin intención de actuar solo genera frustración. Nos quejamos del calor en verano y del frío en invierno, de la falta de tiempo o del exceso de trabajo, sin darnos cuenta de que muchas de estas circunstancias no pueden cambiarse. Convertir la queja en un hábito nos lleva a un estado de insatisfacción permanente que afecta nuestras relaciones y nuestra percepción de la vida.

Las consecuencias de la queja excesiva

Si bien una queja ocasional no es perjudicial, cuando se convierte en una forma recurrente de expresión puede afectar seriamente nuestro bienestar. Ortiz menciona que, en casos extremos, la queja constante puede contribuir a estados de ansiedad o depresión. Además, quien se queja con frecuencia tiende a centrarse en lo negativo, perdiendo la capacidad de disfrutar de los pequeños momentos de felicidad. La queja también puede generar un impacto en el entorno social, ya que quienes están alrededor de una persona que se queja constantemente pueden sentirse agotados y menos dispuestos a interactuar.

El cerebro y la necesidad de quejarse

A pesar de sus efectos negativos, la queja persiste porque genera un alivio momentáneo. Ortiz explica que cuando nos quejamos, el cerebro interpreta que hemos tomado una acción respecto al problema, lo que nos hace sentir mejor temporalmente. Sin embargo, este alivio es efímero, lo que nos lleva a repetir el comportamiento una y otra vez. En lugar de resolver la situación, nos quedamos atrapados en un ciclo de insatisfacción constante.

Cómo reducir la queja y enfocarse en la acción

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© Rido

Para disminuir la tendencia a quejarnos, Ortiz sugiere empezar por la autoobservación. Es importante identificar cuándo y por qué nos quejamos, así como la función que cumple la queja en nuestra vida. Una estrategia eficaz es establecer un tiempo límite para quejarse intensamente durante unos minutos al día y luego cambiar de actividad.

Otra técnica consiste en compartir el propósito de reducir las quejas con alguien de confianza, quien pueda ayudarnos a ser conscientes de nuestros hábitos. Según estudios, las personas son mejores para notar los errores ajenos que los propios, por lo que contar con otra perspectiva puede ser de gran ayuda. También es útil preguntarse si es posible hacer algo para cambiar la situación en lugar de simplemente quejarse. Si el problema es la actitud de otras personas, en lugar de quejarnos por su comportamiento, podemos enfocarnos en cómo mejorar nuestra propia respuesta ante ellos.

Cómo actuar ante personas que se quejan todo el tiempo

Si alguien cercano se queja constantemente, Ortiz recomienda no reforzar esta conducta con respuestas que incentiven más quejas. En su lugar, se puede cambiar de tema o explicar que no es el momento adecuado para hablar de ese asunto. En casos más extremos, una postura firme y un límite claro pueden ayudar a reducir el impacto negativo de la queja en nuestra propia vida.

La queja en diferentes culturas

Ortiz ha observado que la tendencia a quejarse varía según la cultura. En su experiencia, los uruguayos se quejan más que los suecos, aunque no se trata de un estudio científico, sino de una impresión basada en su experiencia personal. En algunos países, la queja es vista como una forma natural de expresión, mientras que en otros se da mayor importancia a mantener una actitud positiva frente a las dificultades.

A pesar de que siempre habrá razones para quejarse, Ortiz enfatiza que también hay muchas cosas que funcionan bien y que podríamos aprender a valorar. Cambiar el enfoque de la queja hacia la acción puede ser un primer paso para una vida más plena y satisfactoria.

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