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Ciencia

Creíamos que la humanidad empezó a contaminar el planeta hace 200 años. Un núcleo de hielo de Groenlandia de 1.250 metros de profundidad acaba de mostrar que llevamos haciéndolo con mercurio desde hace 4.000 años

Un estudio internacional publicado en Science Advances, con participación del CSIC, analizó un núcleo de hielo de 1.250 metros de profundidad extraído en Groenlandia que registra todo el Holoceno (11.700 años) y detectó que las emisiones humanas de mercurio comenzaron hace aproximadamente 4.000 años, en la Edad del Bronce. Los niveles se multiplicaron por 2,7 desde el siglo XIII y por 7,4 a partir de 1840. El hallazgo obliga a replantear cuándo empezó realmente la huella ambiental de la humanidad
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La narrativa estándar sobre la contaminación industrial sitúa su inicio alrededor de 1750, cuando las primeras fábricas de la Revolución Industrial empezaron a quemar carbón en escala. Esa fecha funciona como el punto cero de la huella humana sobre el clima y los ecosistemas. Un núcleo de hielo de 1.250 metros extraído en Groenlandia acaba de moverla hacia atrás 3.800 años. Los investigadores encontraron trazas de mercurio de origen humano que se remontan a la Edad del Bronce, cuando las primeras civilizaciones metalúrgicas empezaron a refinar cobre y estaño y a usar cinabrio como pigmento.

El archivo de 11.700 años: cómo el hielo de Groenlandia registra la historia atmosférica del planeta

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© Unsplash / Alberto Restifo.

El hielo polar es uno de los archivos más fiables de la historia atmosférica de la Tierra. Cada año, una nueva capa de nieve cae sobre Groenlandia y la Antártida, atrapa en su interior las partículas y gases presentes en la atmósfera de ese momento y queda sepultada bajo las capas siguientes. Extraer un núcleo de hielo y analizar su composición química capa a capa equivale a leer un registro continuo de lo que había en el aire durante miles de años. El núcleo analizado en este estudio alcanza los 1.250 metros de profundidad y cubre todo el Holoceno, desde hace 11.700 años hasta la actualidad, convirtiéndose en uno de los registros más completos sobre contaminación atmosférica jamás analizados.

El trabajo fue liderado por Ari Feinberg, investigador del Instituto de Química Física Blas Cabrera del CSIC, junto a científicos de la Universidad de Manitoba, la Universidad de Copenhague y el Consejo Nacional de Investigación de Italia. Como detalla AS en su cobertura del estudio, Feinberg resumió el hallazgo central: «Solemos pensar que los humanos llevamos contaminando el planeta solo un par de siglos, pero esta nueva investigación revela que, en el caso del mercurio, hablamos de milenios».

La Edad del Bronce como punto de partida: cinabrio, cobre y estaño como primeros contaminantes

Las primeras emisiones humanas de mercurio detectadas en el núcleo de hielo coinciden con el período en que las civilizaciones del Mediterráneo y de Oriente Próximo comenzaron a procesar minerales metálicos a escala significativa. El refinado de cobre y estaño para producir bronce libera mercurio que se encontraba en los minerales. El uso del cinabrio, un sulfuro de mercurio de color rojo vivo, como pigmento en pinturas, cerámicas y ritos funerarios es otra fuente probable. Los científicos señalan que en yacimientos funerarios de la península ibérica se han encontrado restos humanos con concentraciones elevadas de mercurio, evidencia de que el contacto con este metal era intenso en algunas culturas antiguas.

La aceleración histórica: multiplicado por 2,7 desde el siglo XIII y por 7,4 desde 1840

El registro del núcleo de hielo no muestra solo el inicio de las emisiones humanas sino también su aceleración histórica. Los niveles de mercurio en el hielo groenlandés se multiplicaron por 2,7 entre el inicio del período y el siglo XIII, una época de expansión de la minería y la metalurgia en Europa y Asia. A partir de 1840, coincidiendo con la expansión plena de la Revolución Industrial y el uso masivo del carbón, los niveles se multiplicaron por 7,4 adicionales. El análisis también permitió separar las emisiones humanas de los picos naturales provocados por grandes erupciones volcánicas, como las del Laki en Islandia o el Novarupta en Alaska, que dejan señales químicas distintivas en el hielo.

Por qué importa el Convenio de Minamata: el mercurio en los peces que comemos hoy

El mercurio no es un contaminante histórico sin consecuencias presentes. Es un metal tóxico que se acumula en la cadena alimentaria, especialmente en peces de gran tamaño como el atún, el pez espada y el tiburón, que concentran el mercurio de todos los peces más pequeños que han consumido. La exposición humana, principalmente a través del consumo de pescado, provoca daños neurológicos, cardiovasculares y renales. Los efectos son especialmente graves en fetos y niños pequeños. Por eso en 2017 entró en vigor el Convenio de Minamata, el primer acuerdo internacional destinado específicamente a reducir las emisiones de mercurio.

Alfonso Saiz López, coautor del estudio e investigador del IQF-CSIC, señala que conocer cuándo comenzaron realmente las emisiones humanas permite mejorar los modelos científicos actuales y evaluar con mayor precisión qué tan efectivas son las medidas del Convenio de Minamata. Si las emisiones acumuladas durante 4.000 años siguen ciclando en el océano y la atmósfera, la reducción de emisiones presentes tendrá efectos más lentos de lo que los modelos actuales predicen.

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