Imagen: Korionov / Shutterstock

La escena podría ser la siguiente: una reunión de altos mandos en la embajada rusa de Washington está a punto de empezar. Allí se tratarán varios puntos de alto secreto, entre ellos el uso militar de una nueva tecnología de la que Estados Unidos jamás debe enterarse. Allí también se encuentra un gatito encantador que había llegado días atrás y merodeaba por las habitaciones. Lo que ocurre es que ese gato no es un gato normal, es un gato cyborg espía programado por la CIA en el contexto de la Guerra Fría. Uno de esos insólitos relatos que estuvieron muy cerca de ocurrir hace no mucho.

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Y es que en el apogeo de la Guerra Fría, la Inteligencia de Estados Unidos y la soviética estaban dispuestos a casi cualquier cosa para obtener ventaja en ese thriller que duró décadas Cualquier cosa parecía válida con el fin de intentar obtener los secretos militares del otro bando.

Posiblemente el que describimos hoy sea uno de los m√°s extra√Īos, por decir algo, de cuantos existieron. Un plan para convertir a los reyes de Internet en esp√≠as profesionales. Una operaci√≥n de la que jam√°s se supo nada hasta el 2001, momento en el que se revelaron al p√ļblico algunos datos, otros siguen siendo un misterio, ya que la propia CIA se niega a revelarlos.

Los gatos de la CIA

Imagen: Los agentes secretos peludos de la CIA / DailyMail

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Como dec√≠amos, hasta el 2001 no se supo nada. Ese a√Īo fue Victor Marchetti, qui√©n trabaj√≥ a mediados de los 60 como asistente especial del Director Adjunto de la CIA, el que confesaba al peri√≥dico The Telegraph el plan digno de una pel√≠cula de James Bond. Tras su paso por el medio se desclasificaron una peque√Īa parte de los documentos.

Una ‚Äúoperaci√≥n‚ÄĚ donde se revelaba que algunos gatos fueron alterados quir√ļrgicamente para introducirles micr√≥fonos ocultos de lo m√°s sofisticados. La idea era que los gatos podr√≠an escuchar conversaciones sovi√©ticas en encuentros donde la Inteligencia de Estados Unidos tuviera alg√ļn chivatazo. De esa forma, los gatos modificados estaban destinados a pasear por los encuentros para obtener informaci√≥n sensible. Obviamente pasando totalmente desapercibidos.

Estos gatos debían tener en su interior todo un sistema clandestino con el que capturar y transmitir el audio a los agentes. Parece un relato de ciencia ficción, pero así fue, tal y como explicó el propio Victor Marchetti, quién también dijo que el programa fue financiado e iniciado en 1961:

Al gato lo abr√≠an y le colocaban unas bater√≠as en su interior y las conectaban. La cola la usaban como antena. Lo que hab√≠an creado era una monstruosidad. Un programa que adem√°s repitieron una y otra vez en pruebas. As√≠ fue como descubrieron que el gato podr√≠a abandonar la misi√≥n cuando tuviese hambre. Por esta raz√≥n le pusieron otro cable dentro de √©l que lo anulaba. Por √ļltimo se llevaban al gato a un parque y le dec√≠an: ‚ÄúEscucha a esos dos chicos. No hagas caso a nada m√°s. Solo a esos dos chicos‚ÄĚ.

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Imagen: Misuma / Shutterstock

Todo muy c√≥mico pero tambi√©n real. Al parecer, para conseguir que el gato se convirtiera en un esp√≠a de √©lite, es decir, que fuera capaz de interceptar las conversaciones con eficacia, tuvieron que recurrir a la cirug√≠a. Al gato se le implant√≥ un micr√≥fono en su canal auditivo, un peque√Īo transmisor de radio en la base del cr√°neo y una fina antena por medio de la cola. Cinco a√Īos m√°s tarde, en 1966 y despu√©s de varias cirug√≠as y suponemos que un entrenamiento intensivo, el gato cyborg estaba listo para su primera prueba de campo.

La CIA llevó al animal en una furgoneta hasta las cercanías de la embajada soviética en Wisconsin Avenue (Washington DC). La idea estaba clara: días antes habían recibido un chivatazo describiendo una reunión de espías rusos que iba a tener lugar en el parque en las inmediaciones de la embajada.

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Cuando llegaron al destino los agentes abren la puerta cerciorándose de que no hubiera nadie vigilando, aunque tampoco tiene mucho sentido teniendo en cuenta que el espía es un gato. En cualquier caso la puerta se abre y el nuevo agente secreto de Estados Unidos enfila con paso firme su camino hacia el lugar donde tenía encomendada la primera misión. Hay gran controversia en cuanto al tiempo, pero se calcula que fueron alrededor de unos pocos segundos lo que tardó el gato en salir, cruzar la calle y ser atropellado por un taxi.

As√≠ que tras 5 a√Īos de pruebas, m√°s de 15 millones de d√≥lares y varias operaciones para construir a un gato cyborg esp√≠a, el programa dec√≠a adi√≥s a los pocos segundos. Los agentes en la furgoneta salieron r√°pidamente para recoger los restos del gato y que el programa no llegara a manos de los rusos, qui√©n sabe de qu√© hubieran sido capaces de tener la idea‚Ķ

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Lo cierto es que con la muerte del agente especial de cuatro patas el programa se abandon√≥ a los pocos meses. Seg√ļn los documentos, por el elevado coste que presentaba y los riesgos vistos en esa primera incursi√≥n. Oficialmente la CIA registr√≥ que:

Los factores ambientales y de seguridad que concurren en el uso de esta técnica en una situación real, nos obliga a concluir que para nuestros propósitos no es viable.

Posiblemente debido a la propia naturaleza embarazosa del programa, los documentos que describen al gato ac√ļstico permanecen parcialmente censurados por la CIA incluso hoy.