En un mundo donde el crecimiento económico ha solido ir de la mano con la degradación ambiental, un grupo de expertos de distintas partes del mundo propone una nueva forma de evaluar el desarrollo. El Índice de Relación con la Naturaleza (NRI) pretende cambiar la lógica con la que los países entienden el progreso, introduciendo un enfoque que integra justicia ambiental, bienestar humano y convivencia con el entorno.
Un índice para repensarlo todo
La iniciativa nace del trabajo conjunto entre científicos de la Universidad de Oxford, investigadores de Argentina, China, Estados Unidos y otros países. Entre ellos se encuentra Sandra Díaz, investigadora del Conicet y una de las principales impulsoras del proyecto. La propuesta fue publicada en la revista Nature y plantea el desarrollo de un indicador que mida cómo las sociedades se vinculan con la naturaleza.

A diferencia de otros sistemas que destacan solo los impactos negativos, el NRI busca resaltar también las acciones positivas hacia el medioambiente. Evaluaría si la naturaleza está accesible para todos, si los recursos se usan de forma sostenible y si hay políticas efectivas para proteger la biodiversidad.
La idea no es solo informar a los gobiernos, sino también ofrecer una herramienta que motive la cooperación entre ciudadanos, escuelas y empresas en pos de un desarrollo verdaderamente sostenible.
Tres pilares para una nueva relación con la naturaleza
El índice se estructura sobre tres dimensiones fundamentales:
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Naturaleza accesible y floreciente: evalúa la presencia de áreas verdes y su cercanía a la población.
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Uso responsable de los recursos: analiza si la explotación del entorno se realiza de manera sostenible.
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Protección efectiva: considera la existencia de leyes, políticas públicas y presupuestos destinados al cuidado del medioambiente.
El objetivo es complementar indicadores tradicionales como el Índice de Desarrollo Humano (HDI), aportando una visión más amplia del bienestar colectivo.

¿Puede aplicarse realmente?
La implementación del índice no está exenta de retos. Aún faltan datos precisos sobre cuestiones clave como el acceso a espacios verdes o la eficacia de las zonas protegidas. Además, el NRI deberá evitar interpretaciones erróneas en contextos de pobreza extrema, donde un bajo impacto ambiental no implica necesariamente una buena relación con la naturaleza.
Para solventar estos desafíos, los expertos proponen crear nuevas métricas e impulsar mejores sistemas de recolección de datos ambientales en todos los países, como ya ocurrió con indicadores sociales gracias al HDI.
Un cambio cultural y político
La doctora Díaz insiste en que este nuevo indicador no es una fantasía, sino una hoja de ruta realista hacia un mundo más justo y habitable. “El futuro aún no está escrito”, afirmó. El NRI busca reforzar esa idea, contrarrestando narrativas fatalistas y demostrando que aún es posible actuar para mejorar nuestra relación con el planeta.
Si todo avanza según lo previsto, el índice podría incluirse en el Informe sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas en 2026. Será entonces cuando podamos comenzar a medir, de manera concreta, qué tan cerca estamos de vivir en armonía con la naturaleza.
Fuente: Infobae.