Image: Wikimedia Commons

En el verano de 2014, una mujer embarazada de 23 a√Īos ingres√≥ en el hospital militar de Bagram Air Field en Afganist√°n con un corte en la mejilla izquierda. Dijo que algo le hab√≠a golpeado en la cara pero no recordaba el qu√©. Sin embargo, sent√≠a que la visi√≥n de su ojo izquierdo era extra√Īa.

Como contaba en un art√≠culo en NPR el doctor Travis Newberry, cirujano y comandante de la Fuerza A√©rea de Estados Unidos, ‚Äúese fue el √ļnico aviso que tuvimos de que algo m√°s estaba sucediendo‚ÄĚ. Una tomograf√≠a computarizada mostr√≥ que la mujer ten√≠a algo grande alojado de forma vertical dentro de la cabeza. Seg√ļn Newberry:

Se extendía justo por encima de sus dientes a través de la base del cráneo, tocando el cerebro. Era terriblemente grande y no era una bala fragmentada, que es lo que solemos ver. Se podía ver el proyectil, que tenía la forma de una bala, pero también se podía ver una especie de borde alrededor de él.

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Image: La bala alojada en el cr√°neo de la mujer (Forbes et al. 2016/Journal of Neurosurgery)

Podr√≠a tratarse de una bala, o de algo mucho peor: un proyectil o explosivo que todav√≠a no hab√≠a detonado. Si era la segunda opci√≥n, no s√≥lo corr√≠a peligro la paciente, cualquiera que estuviera cerca podr√≠a poner su vida en peligro, especialmente si la explosi√≥n llegaba a materiales inflamables en la sala de operaciones. Seg√ļn explicaba Newberry:

Ese fue el punto donde todo estuvo expuesto y yo me quedé solo expuesto, así que supongo que durante todo el caso fue la parte más aterradora.

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El doctor extrajo el objeto y se lo entregó a un experto en explosivos. Resultó ser una bala de metal. El equipo se quitó el equipo de protección, todos regresaron a la sala nuevamente, y comenzaron a reconstruir el rostro de la mujer. Salió del hospital cinco días después.

Image: Forbes et al. 2016/Journal of Neurosurgery

¬ŅSe trataba de un caso ins√≥lito o la literatura m√©dica contaba con otros casos de explosivos sin detonar en el interior del cuerpo humano?

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Resulta que hay m√°s, aunque no muchos, y la mayor√≠a casos militares. En el a√Īo 1999 sali√≥ el estudio Stratification of risk to the surgical team in removal of small arms ammunition implanted in the craniofacial region, un trabajo donde se recopilaban los 36 casos de este tipo de lesiones (la mayor√≠a causados por el lanzagranadas M79, responsable de 18 casos) en la literatura m√©dica.

Image: M79 (Wikimedia Commons)

Entre ellos se contaba la historia de Channing Moss, el soldado al que le golpe√≥ una granada propulsada que se enterr√≥ en su abdomen casi completamente de un lado a otro, con parte del dispositivo a√ļn sobresaliendo.

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Los soldados involucrados vendaron su enorme herida y optaron por no informar a los superiores de la condición exacta de Channing en caso de que les ordenaran dejarlo. En su lugar, solo informaron que tenía una lesión grave por metralla. Luego lo llevaron a un punto de extracción mientras estaban en mitad de la batalla.

Finalmente, la tripulación que transportaba en avión a los soldados se enteró de la situación y también acordaron que no iban a dejar atrás a Channing, a pesar de que habría significado la muerte de todos si el dispositivo hubiera explotado en pleno vuelo.

Image: Channing Moss (DM)

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Una vez de regreso en la base, no hubo tiempo para configurar una estación médica aislada del resto de los heridos, Channing se encontraba en estado crítico. Simplemente operaron, incluso en un momento en el que tuvieron que lidiar con el hecho de que su corazón se detuvo a mitad de la cirugía y que estaban muy limitados en sus opciones dado el explosivo incrustado en su cuerpo. Channing finalmente sobrevivió.

Tambi√©n est√° la historia de Jos√© Luna, un soldado colombiano que recibi√≥ un disparo accidental en la cara por un lanzagranadas. El hombre se levant√≥ y camin√≥ despu√©s de varias rondas de cirug√≠a para eliminarlo y reparar el da√Īo lo mejor posible.

Lo m√°s impresionante es que en todos los casos en que un paciente con municiones sin explotar dentro de su cuerpo pudo llegar a la cirug√≠a, el equipo quir√ļrgico pudo extraer el explosivo sin que explotara, y el paciente en cuesti√≥n sobrevivi√≥. Y gran parte de culpa de ello lo tiene los expertos en eliminaci√≥n de artiller√≠a explosiva, quienes suelen estar disponibles para ofrecer asesoramiento antes y durante la cirug√≠a.

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Image: Radiografía de José Luna (ABC)

Adem√°s, desde el momento en que un objeto dentro del cuerpo de una persona se identifica como un explosivo, se toman m√ļltiples pasos para reducir la probabilidad de que detonen. Estas medidas incluyen mantener al paciente lo m√°s quieto posible y limitar el uso de dispositivos electr√≥nicos o de calefacci√≥n durante la cirug√≠a.

Para proteger al equipo quir√ļrgico y a otros en caso de que ocurra lo peor, la cirug√≠a para remover un explosivo generalmente (si el tiempo y las circunstancias lo permiten) se lleva a cabo lejos de las personas en un √°rea dise√Īada para absorber el da√Īo de la explosi√≥n. A los cirujanos a menudo tambi√©n se les da equipo de protecci√≥n, aunque algunos optan por renunciar porque les impide moverse con habilidad.

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En cuanto a casos de ‚Äúciviles‚ÄĚ que accidentalmente atrapan dispositivos explosivos dentro de sus cuerpos, el n√ļmero es reducido, pero tambi√©n se han dado.

Por ejemplo, en enero de 2017, momento en que un paciente se presentó en una sala de emergencias de Texas. Los médicos inicialmente pensaron que se trataba de un caso típico de traumatismo en la pierna. Pero una radiografía reveló que había un objeto incrustado en la pierna, en realidad, una parte potencialmente explosiva de fuego artificial tipo mortero.

Image: Artefacto de fuego artificial en el muslo (L.C. Thaut et al./Journal of Emergency Medicine/Elsevier)

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El paciente de 44 a√Īos le dijo a los m√©dicos que hab√≠a intentado encender los fuegos artificiales, pero inicialmente no se dispararon, por lo que supuso que no hab√≠a peligro. Se acerc√≥, volvi√≥ a recargar el dispositivo y antes de darse cuenta el artefacto se dispar√≥ y se incrust√≥ en su cuerpo.

Debido a que el dispositivo en el muslo del hombre podría explotar, el hospital contactó con un equipo de técnicos de eliminación de artillería explosiva (EOD), así como con el departamento de bomberos. Se colocó al paciente en una habitación lejos de otros pacientes y se le dijo que permaneciera quieto para minimizar el peligro.

El departamento de bomberos recomendó a los médicos que trataran la lesión con agua (lo que ahogaría el fusible) y evitar el uso de un procedimiento que calentara el tejido con electricidad (llamado electrocauterio), ya que esto podría conducir a una detonación. El hombre tuvo suerte, no explotó y sobrevivió.

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Por tanto, existe toda una serie de recomendaciones y formas de actuar ante esos pacientes que, aunque pocos, forman parte de la literatura médica al entrar en una sala de urgencias con un explosivo en el interior de su cuerpo que no se ha detonado.

Y que nadie sabe si lo har√° en cualquier momento. [NPR, LiveScience, ScienceDaily, DailyMail, Fox]