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Tecnología

¿Conflicto en puerta? El inesperado “ataque submarino” entre dos países importantes de Europa que sacude la energía del continente

Una empresa alemana lanza un audaz proyecto que irrumpe en la red eléctrica española, con un cable submarino que conectará España e Italia. ¿Es una amenaza al monopolio eléctrico o la solución energética que Europa necesita? Descubre los detalles de esta operación estratégica.
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En medio de la tensión energética que atraviesa Europa, una jugada silenciosa desde Alemania ha despertado el interés —y la inquietud— de muchos. Un proyecto multimillonario que conecta las costas de España e Italia bajo el mar reconfigura el mapa energético del continente. Aunque revestido de beneficios, también implica un desafío directo a estructuras establecidas… y España es el epicentro.

Un proyecto silencioso que altera el equilibrio energético del sur de Europa

El inesperado “ataque submarino” de Alemania a España que sacude la energía en Europa
© iStock.

La empresa alemana Europa Link Development ha dado un paso sorpresivo con la presentación de Apollo Link, un proyecto de interconexión energética mediante cables submarinos que conectarán directamente España con Italia. Con un presupuesto inicial de 3.500 millones de euros, esta iniciativa apunta a ofrecer una alternativa a las actuales rutas terrestres y marítimas de distribución de electricidad, que ya presentan signos de saturación.

En concreto, se trataría de un cable submarino de 660 kilómetros de longitud que permitirá un intercambio de hasta 2.000 MW de energía entre ambos países. El objetivo es mejorar la eficiencia, aumentar la resiliencia energética de Italia —altamente dependiente de importaciones— y permitir a España monetizar su capacidad de generación renovable.

Aunque técnicamente no es un ataque político ni militar, la maniobra empresarial sacude los intereses estratégicos de la red eléctrica española. Este “ataque submarino” se entiende como una irrupción en el modelo monopolista tradicional de conexión energética con Europa.

¿Una amenaza o una oportunidad? El dilema de Red Eléctrica

Actualmente, España solo se conecta con el resto del continente (excepto Portugal) mediante las infraestructuras de Red Eléctrica Española (REE). Pero los proyectos privados internacionales —como Apollo Link— están amparados por la legislación europea bajo la figura de merchant lines, que permiten a empresas ofrecer servicios de interconexión siempre que cumplan ciertos requisitos técnicos y económicos.

Estas conexiones no estarían reguladas por la normativa española, aunque deben ajustarse a la legislación continental. De ahí que su implementación dependa de un análisis detallado por parte de los gestores de redes de transporte (TSO), en este caso:

  • Red Eléctrica Española (REE)

  • Terna (Italia)

Ambos deben validar el coste-beneficio de la iniciativa y llegar a acuerdos en tres frentes clave: financiación, reparto de rentas por congestión e inversión inicial. La iniciativa también debe ser aceptada por la ENTSO-E, la asociación europea de operadores de transporte de electricidad.

¿Qué gana cada país con este movimiento submarino?

Italia sería la más beneficiada a corto plazo. Gracias a la conexión, podría reducir su dependencia de fuentes inestables y acceder a energía limpia desde las plantas solares y eólicas españolas. Esto no solo reforzaría su seguridad energética, sino que también abarataría costes operativos.

España, por su parte, podría aprovechar para exportar excedente energético y obtener mayores ingresos a través de tarifas de intercambio. No obstante, esto también pondría en jaque el control total de Red Eléctrica sobre las infraestructuras estratégicas.

Además, este cable pasaría por el Golfo de Vizcaya, enlazando de forma inédita los sistemas eléctricos de España y Francia, lo que amplía aún más el impacto geopolítico y técnico del proyecto.

Una guerra energética sin armas, pero con millones en juego

A simple vista, Apollo Link es un puente submarino para la electricidad. Pero, en realidad, es una jugada estratégica de proporciones continentales que podría transformar el modo en que Europa distribuye su energía. Alemania, aunque de forma indirecta, toma la delantera con una empresa que desafía el statu quo.

Ahora queda en manos de los TSO y los gobiernos implicados decidir si esta “guerra submarina” dará paso a una alianza energética más fuerte… o si abrirá nuevas grietas en la ya frágil unidad europea.

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