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Imagen: Un hombre camina por una calle desierta que conduce al Palacio Presidencial durante un bloqueo impuesto por el gobierno como medida preventiva contra covid-19 en Nueva Delhi, India, el 24 de marzo. (Getty)

Imagino que muchos se hacen la misma pregunta que llevo haciéndome yo los últimos días. Si todo sale de la mejor forma posible y los gobiernos logran controlar el avance de la pandemia aplanando la dichosa curva en los próximos meses, ¿qué demonios viene después? ¿Dejamos la cuarentena para volver propagar el coronavirus? Porque covid-19 ha llegado para quedarse, y posiblemente la vacuna no se espera hasta el próximo año.

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Estos días había un dato esclarecedor para entender el impacto y grado de excepcionalidad de lo que está ocurriendo. Tras el anuncio de confinamiento de la población en India el pasado martes, casi se duplicó el recuento global de personas en cuarentena para evitar la propagación del coronavirus. La orden a los 1.300 millones de personas de la nación de quedarse en casa elevaba el número total de personas bajo alguna forma de bloqueo a alrededor de 2.600 millones, un tercio de la población humana, según la agencia France-Presse.

Según EncyclopaediaBritannica, los dos conflictos mundiales más grandes en la historia, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, se libraron en un total combinado de alrededor de 135 millones, y en 1940, la población mundial era de 2.300 millones, de acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Por tanto, en estos momentos en el planeta hay más personas confinadas en sus casas que vivos durante la Segunda Guerra Mundial. Puestos a divagar, me puedo hacer una imagen mental del día que los gobiernos nos digan a todos que podemos salir del confinamiento, y lo que veo es aterrador y nada bueno.

Por esta razón, es bastante factible pensar que tras el confinamiento no vamos a recuperar las vidas que teníamos. Las libertades de las que disfrutábamos tardarán un tiempo en regresar, si es que regresan, porque esta es una batalla en una guerra que, en el peor de los escenarios científicos, no va a terminar hasta el año 2022.

¿El espejo de China?

Podemos girar la cabeza y sumergirnos en la actualidad china. El enclave que fue el epicentro de la pandemia parece estar cada vez más cerca de la normalidad pero, ¿qué medidas están tomando?

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Según las estadísticas oficiales, China ha derrotado al coronavirus. En los últimos días, las autoridades han informado de un solo un caso nuevo de transmisión local de Covid-19, un paciente en la provincia de Guangdong infectado por alguien que viajaba desde el extranjero. En Wuhan, el centro del brote y la zona más afectada del país, las autoridades informaron el pasado lunes de un quinto día sin nuevos casos.

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Imagen: Una calle vacía en el área de Ginza de Tokio el 15 de marzo de 2020 (Getty)
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Esto ha dado pie a las autoridades a aliviar el bloqueo de dos meses de Wuhan, mientras que las ciudades de todo el país están siguiendo órdenes de “restaurar completamente” la producción y reanudar la vida normal. Si no aparecen nuevos picos de infección local, Wuhan comenzará a levantar las restricciones de tráfico a partir del 8 de abril.

Un equipo de modelos de enfermedades infecciosas con sede en el Imperial College de Londres sugería estos días que las medidas extremas de distanciamiento social de China han tenido éxito en contener el virus. Y, hay indicios muy tempranos de que las fases iniciales de relajación de esas medidas estrictas no han reavivado la propagación viral local. Según explicaba Han Fu, coautor del último informe:

Al investigar la relación entre el movimiento dentro de la ciudad y el número de reproducción estimado, observamos que la relajación de las estrictas medidas de distanciamiento social y la reanudación de las actividades económicas, hasta ahora, no ha resultado en una transmisión local frecuente de COVID-19 en China.

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Imagen: Un niño usa una máscara para evitar contraer el nuevo coronavirus mientras conduce un scooter el 27 de febrero de 2020 en Seúl, Corea del Sur (Getty)

Sin embargo, a medida que el país vuelve a la vida, los analistas dudan de esa tasa de transmisión comunitaria casi nula, preocupados de que los líderes hayan dado prioridad a reiniciar la economía en lugar de contener el virus de manera decisiva. Si bien los expertos en salud pública, así como los ciudadanos, dicen que la situación en China ha mejorado mucho, otros tantos dudan que los números sean tan buenos como informan las fuentes oficiales (por ejemplo, China no incluye las infecciones asintomáticas en su recuento final).

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Sea como fuere, lo que ocurre en China, más tarde o más temprano, ocurrirá en el resto del planeta. La economía no se puede parar mucho tiempo, dicen los economistas y quienes gobiernan. De hecho, en marzo los líderes en Beijing han estado enfatizando la necesidad de cumplir con los objetivos económicos y de desarrollo, un mensaje que se refuerza en un año en el que ya se esperaba que la economía china tuviera dificultades.

De hecho, un grupo de trabajo ha estado recorriendo el país para asegurarse de que las autoridades locales, obligadas por las demandas competitivas de reiniciar la producción y a la vez atentos para detener nuevas infecciones, estén siguiendo las órdenes.

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Imagen: Foto tomada el 16 de febrero de 2020 muestra a miembros del personal médico que trabajan en la sala de aislamiento del Hospital de la Cruz Roja de Wuhan en Wuhan, en la provincia central china de Hubei. (Getty)

Una batalla, entre las economías y una pandemia, que a la larga puede ganar la primera con consecuencias devastadoras para la vida de muchos. Una idea que ya empezar a brotar con declaraciones de líderes occidentales como Trump o Bolsonaro, mensajes y discursos que parecen decir que la vida de los más viejos ya está amortizada, y que sus muertes no serán en vano porque gracias a ellas los países saldrán adelante.

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Una bomba de relojería, la de la recesión que espera a la vuelta de la esquina, los gobiernos que tratan de aminorar el impacto económico, y el virus que quiere aguantar la carrera hasta el final, y que nos lleva una vez más a la pregunta del comienzo, ¿y qué demonios ocurrirá después cuando podamos salir a la calle otra vez?

Hay una realidad que está fuera de toda duda: el coronavirus puede y va a seguir infectando a las personas y causando brotes hasta que haya una vacuna o tratamiento para detenerlo. Si estamos cerrando escuelas, negocios y parques durante unas semanas o meses es simplemente para no colapsar los servicios de salud y lograr aplanar la curva.

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Según contaba en Vox Adam Kucharski, epidemiólogo del London School of Hygiene & Tropical Medicine y autor de The Rules of Contagion, un libro sobre cómo se propagan los brotes:

Creo que esta idea ... que si cierras escuelas y restaurantes durante un par de semanas, resuelves el problema y vuelves a la vida normal, eso no es lo que va a pasar. El mensaje principal que no llega a mucha gente es cuánto tiempo podríamos estar en esto. Este virus va a estar circulando, potencialmente por un año o dos, por lo que debemos pensar en esas escalas de tiempo. No hay mejores opciones. Cada escenario que se te ocurra tiene algunas desventajas realmente importantes. ... Por el momento, parece que la única forma de reducir de manera sostenible la transmisión son medidas realmente severas e insostenibles.

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Kucharski se refiere al distanciamiento social, a priori sencillo, pero realmente un galimatías cuando nos encontramos en un mundo globalizado que trata de lidiar con una pandemia viral.

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Un nuevo estudio de la Universidad de Sydney modeló la propagación de COVID-19 en Australia y cuantificó la relación directa entre la duración de las medidas de distanciamiento social agudo y el porcentaje de la población que cumple con las reglas. Según explica el mismo:

Si queremos controlar la propagación de COVID-19, en lugar de dejar que la enfermedad nos controle, al menos el 80 por ciento de la población australiana debe cumplir con estrictas medidas de distanciamiento social durante al menos cuatro meses. Sin embargo, si el 90 por ciento de la población cumple, entonces la duración podría ser tan corta como 13 a 14 semanas, lo que significa que si comenzamos mañana podríamos esperar un control de COVID-19 para julio.

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Con todo, lo más sorprendente de este trabajo es que sugiere que si menos del 70 por ciento de la población cumple con las prácticas de distanciamiento social, la pandemia no puede ser reprimida.

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Para Mark Lipsitch, profesor de epidemiología de la Universidad de Harvard, es mejor que no pensemos en fechas exactas. El investigador sugirió en una conferencia lo siguiente:

.. en otras ciudades de China donde nunca estuvo cerca de colapsar el sistema de atención médica, se puede hacer mucho bien en seis u ocho semanas de distanciamiento social. La pregunta es ahora, si comienzas el distanciamiento social cuando ves que tu sistema de salud falla, como ha sucedido en Italia y me temo que va a ser el caso en muchas partes de Estados Unidos que no parecen estar teniendo problemas todavía, entonces eso significa que tiene más casos en la población y que llevará más tiempo llegar a casi cero.

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Lo que parece claro es que a corto plazo no podemos pensar en relajar las medidas de distanciamiento. Contaba esta semana Tom Inglesby, experto en epidemias y director del Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, a raíz de las declaraciones de Trump insinuando reactivar la economía a mediados de abril que:

Cualquiera que esté aconsejando el fin del distanciamiento social ahora, necesita comprender completamente cómo se verá el país si hacemos eso. COVID se extendería ampliamente, rápidamente, terriblemente, podría matar potencialmente a millones en el próximo año con un gran impacto social y económico en todo el país.

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Después de la cuarentena

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Hablar de una segunda fase cuando la mayoría de los países no se encuentran ni a la mitad del pico de propagación es un ejercicio de equilibrismo. Pero es trabajo de los equipos de investigadores avanzar sobre el plan que nos espera de aquí a dos o tres meses (en el mejor de los casos) sobre diferentes escenarios. Una fase marcada por la contención de la pandemia mientras esperamos la vacuna, una fase, por tanto, donde nadie puede bajar la guardia.

Según explicó a NPR Juliette Kayyem, ex alta funcionaria de la Seguridad Nacional en Estados Unidos, si los países logran pasar esta primera fase de distanciamiento social y acorralar la propagación, el mundo aún se verá muy diferente a medida que comiencen los esfuerzos de represión estatal a largo plazo:

En esa etapa, podríamos aislar a los enfermos, realizar tests a sus contactos, cuidarlos en camas de cuidados intensivos disponibles con respiradores disponibles porque hemos aumentado los recursos. Se verá y se sentirá diferente. Pero no se sentirá normal porque habrá brotes aquí y allá, y las luces no se encenderán de inmediato, aunque comenzaremos a sentir un escenario marcado por el esfuerzo de supresión de estado estable hasta distribuimos una vacuna.

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Una vacuna que, por mucho que escuchemos estos días que hay diferentes grupos trabajando a destajo por darle caza, tardará en llegar a la población. Para la segunda mitad de 2020 serán necesarias pruebas a gran escala y rastreo de contactos para detectar y aislar nuevos casos a medida que aparecen, evitando que se propaguen los brotes localizados. Según Inglesby:

Necesitaremos un sistema de detección en los aeropuertos para que ninguna persona ingrese al país con la enfermedad sin ser diagnosticada y aislada. Necesitaremos una prueba de serología que pueda usarse para identificar a aquellos que ya se han infectado y recuperado. Esperamos que se desarrollen terapias y en una cantidad que podamos tratar al menos a los pacientes más enfermos con COVID. Una vez que tengamos esas cosas, sería menos arriesgado hacer un balance de las medidas de distanciamiento social en su lugar y considerar lo que podría reducirse gradualmente con prueba y error.

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El modelo del Imperial College reveló que las medidas activas de distanciamiento social pueden necesitar ser detenidas y reiniciadas de manera intermitente durante los próximos 18 meses hasta que se desarrolle una vacuna y se produzca una inmunidad masiva. En Harvard llegaron a una conclusión similar.

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Imagen: Pablo Blazquez Dominguez (Getty Images
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De hecho, del modelo de Harvard viene el peor de los escenarios posibles. En el mismo sugieren que, de no mantener ese distanciamiento social severo en la segunda fase, el brote epidémico del invierno podría exacerbar la transmisibilidad. De ser así, el modelo indica que la epidemia podría extenderse hasta 2022.

Lo bueno es que no deja de ser un modelo, otro, de las muchas variables con las que los investigadores tratan de confrontar el futuro próximo para buscar las mejores alternativas. Es muy posible que no se llegue a tanto, y que el desarrollo de nuevos tratamientos y nuevos métodos de rastreo y prueba (o que el mismo virus disminuya naturalmente), nos ayuden a ganar las pequeñas batallas hasta la aparición de la vacuna. 

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Entonces sí, será el momento de abrazarnos. [The Guardian, Imperial College of London, Afp, EncyclopaediaBritannica, Harvard, Vox, Imperial College, Universidad de Sydney, NPR]

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