Saber si una bebida contiene escopolamina podría llegar a ser tan sencillo como introducir un pequeño dispositivo en el líquido y esperar unos minutos.
Investigadores de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) desarrollaron un sistema microfluídico de papel diseñado para detectar esta sustancia sin necesidad de recurrir inmediatamente a equipos de laboratorio.
El prototipo necesita apenas unos segundos en contacto con la bebida y ofrece una lectura visual aproximadamente diez minutos después.
Un cambio de color revela la presencia de escopolamina
El sistema se basa en la microfluídica, una tecnología capaz de controlar cantidades muy pequeñas de líquido. La muestra avanza por el dispositivo mediante capilaridad, por lo que no necesita bombas ni fuentes de alimentación externas.
En el interior se encuentra tiocianato de cobalto, utilizado en la llamada reacción de Scott. Cuando entra en contacto con escopolamina bajo determinadas condiciones ácidas, se forma un complejo que produce un cambio visible de rosa a azul.
El resultado puede observarse directamente a simple vista.
Los investigadores también probaron el análisis del color mediante teléfonos móviles, una posibilidad que podría permitir en el futuro cuantificar mejor la respuesta del dispositivo.

Lo probaron con bebidas reales
Uno de los objetivos principales era comprobar si el sistema funcionaba fuera de soluciones preparadas específicamente en laboratorio. El equipo lo evaluó con distintas bebidas alcohólicas y no alcohólicas y consiguió detectar escopolamina en diferentes matrices.
Durante las pruebas de calibración, el límite de detección fue de 0,13 miligramos por mililitro para escopolamina pura y de 0,11 miligramos por mililitro para determinadas formulaciones comerciales analizadas por los investigadores.
El dispositivo también detectó el compuesto en extractos de plantas como Datura stramonium y Atropa belladonna, dos especies que contienen alcaloides tropánicos.
Basta con sumergirlo durante unos segundos
Según explica Isabel Poves, autora principal del estudio, el procedimiento fue diseñado para ser sencillo.
El dispositivo se introduce en la muestra durante unos cinco segundos. Después, el líquido avanza por el soporte de papel y comienza la reacción química. En aproximadamente diez minutos puede observarse el resultado sin utilizar ningún detector adicional.
La combinación de papel, materiales plásticos y transporte pasivo del líquido permite construir un sistema pequeño, autónomo y potencialmente barato.
Todavía no es un test que podamos llevar al bolsillo
El desarrollo sigue siendo experimental.
El propio equipo señala que deberá continuar optimizando aspectos como los rangos de detección y la intensidad de los cambios de color antes de convertirlo en una herramienta de uso generalizado.
Además, un dispositivo de este tipo estaría destinado principalmente al cribado rápido. Ante una sospecha de intoxicación o agresión, la identificación definitiva de una sustancia requiere procedimientos toxicológicos y forenses confirmatorios. El objetivo del grupo es todavía más ambicioso: desarrollar plataformas similares capaces de detectar varias sustancias utilizadas para adulterar bebidas.
De hecho, los investigadores ya habían creado previamente un sistema autónomo para identificar benzodiacepinas.
Si consiguen integrar diferentes pruebas en una misma plataforma, un pequeño dispositivo de papel podría convertirse en una primera alerta ante una bebida sospechosa, justo en el momento en que más útil sería disponer de esa información.