Si recorremos el planeta desde las regiones polares hacia el ecuador, aparece un patrón sorprendentemente constante: la biodiversidad aumenta.
Hay excepciones y el fenómeno cambia según el grupo de organismos y el ecosistema, pero en términos generales las regiones tropicales albergan muchas más especies que las zonas templadas y polares. Los ecólogos llaman a este fenómeno gradiente latitudinal de diversidad.
La pregunta difícil es explicar por qué existe.
Más energía disponible durante todo el año
Una de las hipótesis más conocidas apunta a la energía.
Las regiones cercanas al ecuador reciben una elevada radiación solar durante todo el año y, en muchos ecosistemas terrestres húmedos, esto permite mantener largos periodos de crecimiento vegetal. Una productividad elevada puede proporcionar más recursos y sostener poblaciones mayores y redes ecológicas complejas.
Pero la energía por sí sola no explica todo el patrón. En ambientes marinos, por ejemplo, factores como las corrientes, la profundidad y la distribución de nutrientes pueden producir mapas de diversidad diferentes de los terrestres.
Por eso, actualmente se considera que el clima interactúa con muchos otros procesos ecológicos y evolutivos.
Los trópicos tuvieron mucho tiempo para acumular especies
Otra explicación se relaciona con la historia.
Durante largos periodos geológicos, enormes extensiones tropicales mantuvieron condiciones relativamente cálidas y permitieron que muchos linajes persistieran, se diversificaran y ocuparan nuevos nichos. Las regiones de latitudes altas, en cambio, sufrieron cambios climáticos mucho más intensos durante ciclos glaciales recientes.
Esto llevó a los científicos a describir los trópicos mediante dos metáforas complementarias: una “cuna” donde pueden originarse nuevas especies y un “museo” donde linajes antiguos logran persistir durante largos periodos.
Sin embargo, la importancia relativa de ambos procesos cambia considerablemente entre plantas, animales y regiones.
Vivir rodeado de especies también puede generar más diversidad
Las interacciones biológicas parecen desempeñar otro papel importante.
Depredación, parasitismo, herbivoría y competencia muestran en algunos estudios una mayor intensidad hacia latitudes bajas, aunque el patrón no es universal. En los bosques tropicales existe además un mecanismo especialmente interesante conocido como hipótesis de Janzen-Connell.
La idea es que las semillas y plántulas que crecen cerca de árboles adultos de su misma especie sufren con mayor intensidad el ataque de patógenos, herbívoros y otros enemigos especializados.
Esto dificulta que una única especie domine completamente una zona. Las plantas que se dispersan lejos del árbol progenitor o pertenecen a otras especies pueden disponer así de mayores posibilidades de supervivencia, favoreciendo la coexistencia de muchas especies diferentes.
No existe una única respuesta
Investigaciones recientes continúan mostrando que factores como la heterogeneidad del hábitat, la dispersión y hasta las relaciones mutualistas pueden modificar el gradiente de diversidad.
Incluso mecanismos relacionados con el momento en que diferentes especies se reproducen parecen favorecer más la coexistencia en ciertos bosques tropicales que en ecosistemas templados o boreales. Por eso, la explicación más probable no es que los trópicos tengan una única ventaja.
Su extraordinaria biodiversidad parece ser el resultado acumulado de clima, energía, historia evolutiva, extensión geográfica e incontables interacciones entre organismos durante millones de años.
Y precisamente por eso, aunque el patrón sea uno de los más evidentes de la naturaleza, su causa continúa siendo una de las grandes preguntas de la ecología.