El positivo por dopaje del futbolista Yeray Álvarez ha sorprendido a muchos, sobre todo por su aparente causa: un tratamiento contra la alopecia. ¿Cómo es posible que algo tan cotidiano acabe en una sanción deportiva? Lo ocurrido con Yeray destapa una realidad poco conocida del deporte profesional, en la que hasta el más inocente de los medicamentos puede tener consecuencias devastadoras.
Un positivo inesperado y una explicación inquietante
Yeray, defensa del Athletic Club de Bilbao, fue sancionado tras dar positivo en un control antidopaje realizado por la UEFA antes de un partido de Europa League contra el Manchester United. Según él mismo explicó en un comunicado, la causa podría estar en un tratamiento capilar que toma desde que superó un cáncer testicular en 2016. Aunque no especificó el fármaco en cuestión, las sospechas recaen sobre medicamentos que contienen espironolactona, una sustancia prohibida.

Este compuesto, utilizado en algunos tratamientos contra la caída del cabello, está incluido en la lista de sustancias vetadas por su capacidad para enmascarar el consumo de otros productos dopantes. A diferencia de otras sustancias como la finasterida o el minoxidil —esta última hoy permitida—, la espironolactona sigue siendo considerada un riesgo en este contexto.
Por qué un fármaco capilar puede considerarse dopaje
La alopecia puede tener diversas causas, entre ellas el exceso de dihidrotestosterona (DHT), una hormona derivada de la testosterona. Algunos tratamientos actúan inhibiendo la enzima que transforma la testosterona en DHT. La espironolactona no lo hace directamente, pero sí bloquea su acción, reduciendo la caída del cabello.
Sin embargo, su principal efecto es diurético: estimula la eliminación de líquidos, lo que diluye la orina y complica la detección de otras sustancias. Por esta razón, se clasifica como agente enmascarante y entra de lleno en el terreno del dopaje, aunque no mejore el rendimiento físico.

Casos similares y un debate abierto
El caso de Yeray no es aislado. En 2006, el tenista argentino Mariano Hood fue sancionado por usar finasterida, un tratamiento entonces prohibido. En 2017, el brasileño Marciel Silva da Silva también fue suspendido por un tratamiento para la alopecia areata. Ambos casos, como el de Yeray, ponen en evidencia que no siempre hay intención de doparse.
La normativa antidopaje no distingue entre intención o descuido. Para la ley, un positivo es un positivo. Esto plantea un debate ético: ¿debería juzgarse igual a quien busca sacar ventaja que a quien solo intenta cuidar su salud? Sea como sea, el caso de Yeray nos recuerda que, en el deporte de élite, hasta un simple tratamiento capilar puede tener un alto precio.