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Ciencia

La Tierra no se congeló solo por volcanes o placas tectónicas. Un nuevo estudio apunta a la química del mar como detonante del gran enfriamiento

Tras la desaparición de los dinosaurios, la Tierra no solo cambió su fauna: cambió su química. Un nuevo estudio reconstruye la composición de los océanos durante millones de años y señala un giro inesperado que pudo enfriar el planeta entre 15 y 20 grados sin necesidad de volcanes ni asteroides.
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Durante los casi 4.540 millones de años de historia terrestre, el planeta ha pasado por casi todos los estados posibles. Fue una bola incandescente, un mundo cubierto de océanos, una selva global y también una Tierra casi congelada. Sin embargo, el mecanismo detrás de esos cambios extremos sigue siendo uno de los grandes enigmas de la ciencia climática.

Ahora bien, una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) propone una explicación inesperada para uno de esos giros: el enfriamiento global ocurrido durante el Cenozoico no habría dependido solo de la tectónica, sino de un cambio profundo en la química del mar.

El día que el océano empezó a absorber carbono

Cuando el mar dejó de tener calcio, el planeta empezó a congelarse. La pista clave del mayor cambio climático antiguo
© NOAA.

Tras la extinción de los dinosaurios, hace 66 millones de años, la Tierra vivía bajo un clima tipo invernadero. Las temperaturas eran altas, no existían casquetes polares permanentes y el dióxido de carbono abundaba en la atmósfera.

Según el nuevo estudio, durante ese periodo los océanos contenían aproximadamente el doble de calcio que en épocas posteriores. Esa diferencia aparentemente menor habría sido crucial. Cuando el calcio marino es elevado, el océano almacena menos carbono disuelto y permite que más CO₂ permanezca en la atmósfera. Pero cuando esos niveles descienden, ocurre lo contrario: el mar comienza a capturar dióxido de carbono del aire.

Ese proceso, explican los autores, pudo reducir la temperatura media del planeta entre 15 y 20 grados Celsius, empujándolo hacia un estado mucho más frío.

“Cuando el calcio disminuyó, el océano absorbió CO₂ atmosférico y el sistema climático cambió por completo”, explicó David Evans, investigador de la Universidad de Southampton y autor principal del estudio.

Fósiles microscópicos como máquinas del tiempo

Cuando el mar dejó de tener calcio, el planeta empezó a congelarse. La pista clave del mayor cambio climático antiguo
© NASA.

Reconstruir la química oceánica de hace decenas de millones de años no es sencillo. Para lograrlo, el equipo analizó fósiles de foraminíferos, diminutos organismos marinos que construyen sus conchas con carbonato de calcio tomado directamente del agua.

Cada concha funciona como una cápsula química del pasado. Al analizar sus capas y datarlas con precisión, los científicos lograron rastrear cómo fue cambiando la concentración de calcio a lo largo de todo el Cenozoico.

Los resultados mostraron un descenso progresivo y sostenido, coincidente con una reducción en la expansión del fondo oceánico, lo que refuerza la idea de que procesos profundos del interior terrestre estaban alterando la química superficial del planeta.

Un nuevo motor climático que nadie estaba mirando

Hasta ahora, la explicación dominante del enfriamiento del Cenozoico se centraba en el movimiento de las placas tectónicas, el levantamiento de cordilleras y los cambios en las corrientes oceánicas.

La nueva hipótesis no descarta ese modelo, pero añade un componente clave: la química del océano como causa directa del cambio climático, no solo como consecuencia. “Nuestra evidencia sugiere que debemos observar la composición del agua de mar para comprender la historia climática de la Tierra”, afirmó Yair Rosenthal, coautor del estudio.

La idea es inquietante por una razón clara: demuestra que el clima del planeta puede cambiar drásticamente sin necesidad de impactos, supervolcanes o variaciones solares. A veces, basta con alterar el delicado equilibrio químico del océano.

Y eso convierte al mar no solo en testigo del pasado climático de la Tierra, sino en uno de sus protagonistas más silenciosos.

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