Durante siglos, la Antártida ha sido uno de los territorios más misteriosos del planeta. Bajo su densa capa de hielo, se ocultan secretos que apenas comenzamos a desenterrar. Ahora, un equipo de científicos ha revelado un hallazgo que podría cambiar por completo la narrativa geológica del continente blanco: una cordillera ancestral que influyó profundamente en el clima y la evolución del paisaje terrestre.
Una cadena montañosa enterrada bajo el hielo

El hallazgo ha sido publicado por la revista SchiTech y parte de un estudio liderado por Paulsen, quien explica que una cordillera de 3.500 kilómetros, con picos de más de 4.500 metros, atraviesa el corazón de la Antártida. Conocida hoy como las montañas transantárticas, esta estructura fue clave para limitar el flujo de la capa de hielo oriental hacia el Mar de Ross.
Pero más allá de su tamaño, lo revelador es su historia. El equipo científico analizó una gran cantidad de rocas ígneas recolectadas de la región, y descubrió que estas montañas pasaron por múltiples fases de formación y erosión. Este proceso, vinculado a eventos tectónicos, dejó marcas profundas en el paisaje subglacial, moldeando canales, pendientes y depresiones que han determinado cómo avanza o retrocede el hielo desde hace cientos de millones de años.
Un pasado glaciar más dinámico de lo que se pensaba

Según Benowitz, coautor del estudio, las capas de hielo de la Antártida ocultan una geología mucho más compleja de lo que se creía. Gracias a los análisis térmicos de las rocas del sótano transantártico, se logró identificar huellas de antiguos paisajes que existieron antes del levantamiento del Cenozoico.
Los investigadores creen que estas montañas ya influían en los ciclos glaciales desde hace unos 300 millones de años. El registro geológico sugiere que hubo varios episodios de formación y erosión de montañas, asociados a movimientos de placas tectónicas que afectaron los márgenes del continente. Estos eventos, según Paulsen, modelaron profundamente la topografía actual y podrían haber condicionado tanto los patrones del hielo como los intercambios entre los océanos y la atmósfera terrestre.