Saltar al contenido
Mundo

Cuando volar era un lujo extraño: cabinas con moqueta, sillas de mimbre y sin cinturón

Antes de los cinturones, los respaldos reclinables y las estructuras de aluminio, los primeros pasajeros de avión viajaban en sillas de mimbre atornilladas al suelo. Eran ligeras, ventiladas y prácticas para una época en la que ahorrar peso importaba más que cualquier idea moderna de comodidad o seguridad.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Quejarse del asiento de turista es casi parte del ritual de volar. Poco espacio para las piernas, reposabrazos compartidos, respaldo mínimo y la eterna pelea por no terminar en el asiento del medio. Pero si miramos un siglo atrás, la comparación cambia bastante: hubo una época en la que viajar en avión podía significar sentarse en una silla de mimbre.

No es una exageración ni una imagen inventada para redes. En los primeros años de la aviación comercial, algunas aeronaves usaban asientos de mimbre o ratán, materiales que hoy asociamos más con una terraza que con una cabina de pasajeros. Una fotografía viral atribuida a un avión de Imperial Airways de los años 30 ayudó a recuperar esa imagen extraña: una cabina que parecía más un salón antiguo que un medio de transporte moderno. Snopes revisó la afirmación y confirmó que ese tipo de asientos existieron en la aviación comercial temprana, aunque la fecha exacta de algunas imágenes virales puede variar.

Los asientos de avión actuales son incómodos, pero los primeros parecen sacados de un comedor antiguo
© GENIAL – Youtube.

Por qué alguien pondría sillas de mimbre en un avión

La explicación está en una palabra: peso. Los primeros aviones tenían motores con mucha menos potencia que los actuales, y cada kilo contaba. Los asientos debían ser lo más livianos posible para permitir transportar pasajeros, equipaje, correo o carga sin comprometer el rendimiento.

Según Air Charter Service, el primer asiento de pasajero fue una silla de mimbre en el Lawson Airliner de 1919, y este tipo de asientos siguió siendo habitual durante la década siguiente. Recién en 1930 la Aluminium Company of America introdujo un asiento ligero de aluminio, un material que terminaría marcando el estándar de la industria.

El mimbre tenía ventajas concretas para esa época. Era ligero, relativamente resistente, flexible y permitía ventilar mejor en cabinas que no tenían aire acondicionado. El SFO Museum conserva ejemplos de asientos de finales de los años 20 hechos casi por completo con materiales vegetales, con estructura de madera y entramado de mimbre o fibras trenzadas.

Visto desde hoy, parece una locura. Pero para los estándares de entonces, no era una decisión absurda. La prioridad no era sobrevivir a una desaceleración de impacto de 16g ni disfrutar de entretenimiento a bordo. La prioridad era poder volar con una estructura liviana y funcional.

Del mimbre al aluminio: el asiento también aprendió a volar

A medida que la aviación comercial creció, los asientos empezaron a cambiar rápido. El aluminio reemplazó al mimbre porque ofrecía una mejor relación entre resistencia y peso. Después llegaron los cojines, las fundas lavables y los materiales más duraderos. En 1936, con el Douglas DC-3, los asientos con espuma de goma se convirtieron en una referencia de comodidad para la época.

El DC-3 fue un punto de inflexión para la aviación comercial. El Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian lo describe como uno de los aviones más exitosos de los años formativos del transporte aéreo y el primero capaz de operar de forma rentable transportando pasajeros sin depender de subsidios postales.

Los asientos de avión actuales son incómodos, pero los primeros parecen sacados de un comedor antiguo
© GENIAL – Youtube.

Décadas después, el Boeing 747 marcó otro salto en la experiencia de cabina. Cuando entró en servicio en 1970, introdujo elementos que hoy parecen básicos, como sistemas de llamada al auxiliar, luces de lectura y audio para películas integrado en el reposabrazos mediante tubos neumáticos.

La seguridad también cambió por completo. Los asientos modernos ya no son solo una pieza donde sentarse: forman parte de un sistema de protección. La normativa estadounidense exige pruebas dinámicas para asientos aprobados durante despegue y aterrizaje, incluyendo condiciones de emergencia con desaceleraciones mínimas de 14g y 16g, además de criterios sobre cinturones, lesiones y protección del ocupante.

Por eso, aunque los asientos actuales parezcan estrechos, rígidos o demasiado pensados para meter más pasajeros, están a años luz de aquellas sillas de mimbre. La incomodidad de hoy responde a una mezcla de economía, diseño y seguridad. La de entonces respondía a una aviación que todavía estaba aprendiendo a transportar personas.

Así que la próxima vez que te toque el asiento del medio, sin ventanilla y con poco espacio para las rodillas, quizás no sea consuelo suficiente. Pero al menos hay algo claro: no estás cruzando el cielo en una silla de terraza atornillada al suelo.

 

 

Fuente: Xataka.

Compartir esta historia

Artículos relacionados