En los últimos 30 años una cantidad de científicos y al menos una decena de comedias de sci-fi han especulado sobre el efecto potencialmente degradante de reproducir clones para obtener otros clones, una y otra vez, interminablemente. El mismo año en que los investigadores clonaron a la oveja Dolly, la comedia Multiplicity (1996) de Michael Keaton lo comparó con una máquina fotocopiadora que hace una copia de una copia.
Ahora unos biólogos de Japón han determinado lo que ellos creen que podría ser el límite a la cantidad de clones viables y exitosos que pueden crearse a partir de generaciones de clones pasados. Se basaron en 20 años de estudios propios clonando ratones en serie, y el equipo esperaba hacer clones de clones infinitamente con la ayuda de un aditivo prometedor, la tricostatina A, que ayuda a suprimir la actividad de las mutaciones genéticas durante el proceso de clonación.
“Inicialmente concluimos que la clonación en serie podría continuarse indefinidamente”, señalaron Teruhiko Wakayama y sus colegas en su nuevo trabajo publicado el martes en Nature Communications, “ya que la tasa de éxito aumentaba levemente con cada una de las generaciones sucesivas”.
De hecho, todo marchaba sobre ruedas hasta que los investigadores empezaron a clonar las generaciones 25 a 27 de ratones, y para la generación número 58, según el equipo de Wakayama, los ratones no sobrevivían más que un día.
Miles de clones sanos
Los científicos han utilizado la tricostatina A como antibiótico antifúngico, pero además puede inhibir el funcionamiento de determinadas enzimas en los mamíferos, como los ratones y los humanos. Pero para los fines de Wakayama y su equipo el compuesto actúa también como “reagente de modificación epigenética”, suprimiendo factores de transcripción del ADN indeseado o las proteínas enzimáticas que activan partes de las mutaciones potencialmente dañinas en el código genético del ratón durante la clonación.
“Se produjeron más de 1.200 ratones clonados a partir de un único ratón donante”, según Wakayama, biólogo del desarrollo que trabaja para el Centro de Biotecnología Avanzada de la Universidad de Yamanashi, junto a sus coautores en este trabajo. Lo sorprendente fue que a la mayoría les fue muy bien.
“Los clones de generación tardía, con excepción de la última generación que sobrevivió al nacimiento, eran notablemente sanos y con ciclos de vida normales a pesar de que tenían numerosas mutaciones causantes de daños”, informó el equipo.
Estos clones muy reclonados también se desarrollaron con sus órganos reproductivos intactos y sanos, según hallaron los investigadores, “surgiendo así la posibilidad de que pudieran producirse generaciones subsiguientes mediante la reproducción sexual”.
El estudio sugiere que al seguir experimentando con reagentes como la tricostatina A tal vez pueda extenderse la clonación a generaciones sucesivas. Encontraron que el compuesto seguía siendo efectivo incluso cuando trabajaban con generaciones posteriores y más difíciles de sus clones. La tasa de éxito al implantar el núcleo de la célula del donante en un óvulo superaba en tres veces incluso en ratones clonados en la generación número 51 cuando se usaba la tricostatina A (éxito del 5,4%) en comparación con los casos en que no se usaba (1,6%).
Caída abrupta
El equipo de Wakayama midió algunos de los datos más duros en cuanto a la cantidad de mutaciones naturales que surgían entre las sucesivas generaciones de sus clones. Cada tanda nueva de ratones clonados adquiría en su código genético unas 70 pequeñas “variantes de nucleótidos únicos” y casi un 1,5 adicional de “variantes estructurales” más sustanciales.
Aunque no era una tasa que estuviera fuera de lo esperado, las variaciones estructurales se acumulaban con cada tanda de reclonación.
Con el tiempo hallaron que “la acumulación de variantes dañinas parece superar a los efectos adaptativos” sin los efectos de recombinación cromosómica de la reproducción sexual que filtra las variaciones genéticas más grandes y potencialmente dañinas.
También allí había evidencia de que incluso un leve giro de regreso a la reproducción sexual podía corregir el curso de estos problemas. Los ratones clonados de generación tardía, por ejemplo, nacían con notables anormalidades en su placenta,pero cuando estos ratones se apareaban naturalmente la placenta de sus crías había vuelto a la normalidad.
Son muchas las teorías sobre por qué los mamíferos y otras criaturas han evolucionado para reproducirse sexualmente, incluyendo un caso en que ayudó a especies antiguas a protegerse de parásitos al brindar una robusta diversidad genética. Wakayama y su grupo recorrieron el largo camino de la reclonación genética, que sugiere que los mamíferos necesitan aparearse para proteger a su genoma de la degradación que se da a lo largo del tiempo.