Cubrir un glaciar con lana de oveja suena más a una solución improvisada de hace siglos que a un experimento científico de 2026. Sin embargo, cuatro estudiantes de la Universidad de Lausana decidieron comprobar qué ocurriría si llevaban precisamente esa idea a uno de los lugares donde el calentamiento global resulta imposible de ignorar.
El 22 de junio desplegaron dos enormes coberturas de lana de 10 por 10 metros cada una sobre el glaciar Tsanfleuron, en Glacier 3000, cerca de Les Diablerets, Suiza. A su lado colocaron otra manta del mismo tamaño fabricada con el geotextil sintético utilizado habitualmente para proteger determinadas zonas de nieve y hielo. Tres meses después, la comparación dejó un resultado bastante prometedor.
Las primeras observaciones indican que la lana consiguió una protección comparable a la del material sintético. Todavía falta analizar todos los datos recogidos durante el verano, así que conviene introducir una precisión importante: el proyecto no ha publicado por ahora una cifra definitiva que permita afirmar que redujo el deshielo “más de un 50%”. Lo confirmado oficialmente es que ambos prototipos se comportaron de forma similar al geotextil convencional.
La idea era sencilla: ponerle una manta al hielo

El experimento, bautizado Keep It Wool, utilizó dos prototipos con diferentes espesores. Para impedir que el viento alpino se los llevara, las coberturas fueron fijadas con antiguos sacos de malta rellenos de grava. Cada dos semanas, el equipo midió mediante estacas cuánto habían descendido las superficies de nieve y hielo bajo cada material.
La lógica no es tan extraña como parece. Desde hace unos 20 años, algunas zonas de los glaciares suizos se cubren durante los meses cálidos con grandes mantas geotextiles. Estas reflejan parte de la radiación solar y reducen el intercambio de calor, permitiendo conservar localmente más nieve.
El problema está en aquello de lo que están hechas. Los geotextiles suelen contener poliéster o polipropileno y, sometidos durante años al viento, precipitaciones y radiación solar, pueden liberar fibras y microplásticos en la nieve y las aguas de montaña. La lana aporta justo las características contrarias: es natural, renovable, biodegradable y puede obtenerse localmente.
Hay además una paradoja particularmente suiza. Según Summit Foundation, hasta el 70% de la lana producida en el país termina destruida o sin aprovecharse comercialmente. Keep It Wool plantea que parte de ese residuo podría acabar protegiendo la nieve que desaparece de las montañas.
El experimento funciona. Eso no significa que pueda salvar los Alpes

Ahí aparece el límite más importante. Cubrir glaciares funciona a pequeña escala, pero resulta prácticamente imposible hacerlo con montañas enteras. Actualmente, los geotextiles protegen apenas el 0,02% de la superficie glaciar suiza. Incluso así, permiten conservar aproximadamente 300.000 metros cúbicos de nieve cada año. Parece mucho hasta compararlo con la magnitud del problema: Suiza pierde cerca de 1.000 millones de metros cúbicos de hielo anualmente.
La situación se está acelerando. Los glaciares del país han perdido cerca del 40% de su masa en dos décadas y alrededor de un millar de pequeños glaciares ya han desaparecido. Solo entre 2003 y 2022 se esfumaron unos 200 kilómetros cuadrados de hielo. Por eso, nadie detrás de Keep It Wool pretende haber encontrado una manta capaz de solucionar el cambio climático. La reducción de las emisiones continúa siendo imprescindible para detener el retroceso a largo plazo.

La utilidad del experimento está en otra parte. Si determinadas estaciones de esquí, proyectos científicos o zonas sensibles van a cubrir nieve de todas formas, hacerlo con un material biodegradable que actualmente se desperdicia puede ser bastante mejor que cubrir los Alpes con plástico. Y de pronto, ponerle lana de oveja a un glaciar ya no parece una idea tan extraña.