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Ciencia

De plaga a posible aliado del desierto. Australia sacrificó miles de burros salvajes y ahora estudia si pueden crear agua, restaurar suelos y amortiguar sequías

Durante años fueron vistos como invasores que degradaban ecosistemas frágiles. Nuevas observaciones de campo sugieren que, en determinadas condiciones, su comportamiento puede favorecer infiltración, biodiversidad y resiliencia climática.
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Durante décadas, el burro feral en Australia fue un problema a resolver. Introducidos en el siglo XIX y luego abandonados, estos animales se expandieron por regiones áridas del interior. Se los acusó de competir con el ganado por agua, dañar cercas y degradar áreas frágiles. La respuesta oficial fue directa: campañas masivas de control y sacrificio.

La lógica parecía simple. Menos burros equivalía a menos presión sobre recursos escasos. Sin embargo, la historia no terminó ahí.

Cuando la sequía cambia la pregunta

De plaga a posible aliado del desierto. Australia sacrificó miles de burros salvajes y ahora estudia si pueden crear agua, restaurar suelos y amortiguar sequías
© Mark Marathon / Wikimedia.

El interior australiano enfrenta sequías más frecuentes e intensas. Con suelos cada vez más compactados y puntos de agua cada vez más escasos, algunos gestores comenzaron a observar el paisaje con otra pregunta en mente: ¿qué procesos naturales podrían ayudar a sostener humedad y biodiversidad en condiciones extremas?

En ese giro conceptual, el comportamiento del burro dejó de verse exclusivamente como degradación. La discusión pasó de “cómo eliminarlos” a “qué hacen exactamente en el terreno y en qué condiciones ese comportamiento podría ser útil”.

Cavando hasta encontrar agua

De plaga a posible aliado del desierto. Australia sacrificó miles de burros salvajes y ahora estudia si pueden crear agua, restaurar suelos y amortiguar sequías
© YouTube / Erick Lundgren.

Uno de los hallazgos más llamativos fue su capacidad para excavar en lechos secos hasta alcanzar capas húmedas subterráneas. En ambientes áridos, estos huecos pueden exponer agua que de otro modo permanecería inaccesible. Aves, pequeños mamíferos y reptiles pueden aprovechar esos puntos en momentos críticos.

En ecosistemas extremos, un pozo improvisado puede marcar la diferencia entre supervivencia y colapso local. Sin embargo, el matiz es clave: que un comportamiento genere agua accesible no significa que el efecto neto siempre sea positivo. Depende de cuántos animales haya y de cómo se distribuyan.

Romper la costra del suelo

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© Getty Images / Andrew Merry.

El tránsito constante de los burros puede fracturar la costra superficial endurecida que se forma tras largos periodos sin lluvia. Esa capa compacta impide que el agua infiltre y favorece la escorrentía. Al romperla, el suelo puede absorber mejor las precipitaciones y facilitar la germinación de semillas.

En ciertos contextos, esto actúa como una especie de micro-labranza natural. En otros, un exceso de tránsito puede provocar erosión y pérdida de vegetación. La línea entre beneficio y daño es delgada y depende del equilibrio poblacional.

Manejo en lugar de eliminación indiscriminada

El debate actual no propone liberar burros sin control. La discusión gira en torno a manejo adaptativo: retirar animales de áreas especialmente frágiles, concentrarlos en zonas donde su impacto pueda ser positivo y establecer umbrales poblacionales claros. Se habla de monitoreo continuo, estacionalidad y control selectivo. No se trata de convertir al burro en héroe ecológico, sino de evaluar su rol dentro de un sistema cambiante.

El cambio climático obliga a revisar supuestos. En ambientes extremos, las categorías simples —plaga o aliado— rara vez capturan toda la complejidad. Australia sigue lidiando con los efectos de especies introducidas, pero también enfrenta la necesidad de sostener ecosistemas cada vez más tensionados.

El giro ya ocurrió. El burro dejó de ser únicamente un invasor a erradicar y pasó a ser una variable incómoda en una ecuación mayor: cómo mantener vida en el desierto sin repetir soluciones rápidas que no resuelven el fondo del problema.

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