La Antártida que conocemos es, en cierto modo, una ilusión. La inmensa superficie blanca que vemos desde los satélites es la parte superior de una capa que contiene unos 27,17 millones de kilómetros cúbicos de hielo. Debajo no hay una gran planicie rocosa, sino un continente accidentado, con cadenas montañosas, profundos cañones, cuencas y zonas enteras cuyo terreno se encuentra por debajo del nivel del mar.
Ese paisaje escondido es el que reconstruye Bedmap3, una gigantesca cartografía internacional publicada en Scientific Data. El proyecto combinó observaciones recopiladas desde la década de 1950 mediante aviones, satélites, barcos, radares terrestres e incluso antiguas expediciones que utilizaban trineos tirados por perros.
En total incorpora 82 millones de puntos de datos, más del doble que su predecesor, gracias en parte a 84 nuevos estudios aerogeofísicos de 15 proveedores que añadieron 52 millones de mediciones y 1,9 millones de kilómetros lineales de observaciones.
El punto más extremo está escondido bajo casi cinco kilómetros de hielo

Una de las sorpresas de Bedmap3 fue descubrir que el lugar con mayor espesor de hielo conocido no estaba donde indicaban los mapas anteriores.
Bedmap2 lo situaba en la cuenca Astrolabe, en Tierra Adelia. La reinterpretación de los datos trasladó el récord hasta un cañón todavía sin nombre en Wilkes Land, en la Antártida Oriental. Allí hay 4.757 metros de hielo entre la superficie y el lecho rocoso. Es prácticamente una montaña entera de hielo.
El mapa trabaja además sobre una cuadrícula de 500 por 500 metros, frente a la resolución nativa de cinco kilómetros utilizada para Bedmap2. Eso permite representar mucho mejor algunos valles subglaciales y zonas de transición entre el hielo apoyado sobre roca y las plataformas que comienzan a flotar sobre el océano.
Las mejoras han sido especialmente importantes en sectores donde todavía existían grandes vacíos: el interior de la Antártida Oriental, las Montañas Transantárticas, las costas occidentales y la Península Antártica.
Ese paisaje enterrado decide por dónde puede escapar el hielo

Bedmap3 no intenta enseñarnos cómo quedaría exactamente la Antártida si mañana desapareciera todo su hielo. Esa imagen sería mucho más complicada: al perder semejante masa, la corteza terrestre acabaría elevándose y muchas regiones actualmente bajo el nivel del mar podrían cambiar considerablemente.
Lo importante es otra cosa: la forma de la roca controla cómo se mueve el hielo que está encima. Hamish Pritchard, autor principal del estudio, lo compara con verter jarabe sobre un pastel irregular. Las elevaciones pueden frenar el movimiento mientras que los valles y las superficies suaves ofrecen rutas por las que el hielo puede acelerar hacia el océano.
Y Bedmap3 ha dejado una señal preocupante. Los investigadores concluyen que la capa antártica es algo más gruesa de lo que se pensaba y que una mayor cantidad de hielo descansa sobre roca situada por debajo del nivel del mar. Esa configuración puede facilitar que aguas oceánicas relativamente cálidas alcancen determinadas zonas y favorezcan el retroceso del hielo.
Si desapareciera toda la masa de hielo actualmente contabilizada por Bedmap3, su equivalente supondría potencialmente unos 58 metros de aumento del nivel medio global del mar. No es una predicción de que vaya a ocurrir: es una medida del volumen total almacenado en el continente.
Sesenta años de mediciones para ver un mundo al que casi nadie puede llegar
La mayor parte de ese paisaje no puede observarse directamente. Para descubrirlo, los científicos utilizan radares que atraviesan kilómetros de hielo, mediciones sísmicas, gravedad, batimetría obtenida desde barcos y observaciones satelitales de la superficie.
Bedmap3 también incorpora lagos subglaciales y modelos de las posibles redes por las que el agua circula debajo del hielo, aunque sus propios autores advierten que no todas las acumulaciones calculadas tienen por qué corresponder a lagos reales.
El resultado cambia nuestra forma de imaginar la Antártida. La capa blanca es solo el techo. Debajo existe otro continente, con montañas, cañones y enormes cuencas invisibles que pueden terminar decidiendo cuánto hielo llega al océano y cuánto subirá el nivel del mar en el futuro.