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Ciencia

Un barco griego de 2.400 años quedó atrapado en una zona sin oxígeno del Mar Negro: sigue con el mástil, el timón y los bancos de los remeros en su lugar

La mayoría de los naufragios antiguos llegan a la ciencia como fragmentos dispersos, apenas suficientes para reconstruir una idea aproximada de cómo eran. Este es distinto: a más de dos kilómetros de profundidad, en una zona del Mar Negro donde el oxígeno prácticamente no existe, un barco mercante griego quedó prácticamente intacto durante 24 siglos, con piezas que normalmente desaparecen mucho antes que el resto del casco
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Un equipo internacional liderado por la Universidad de Southampton confirmó que uno de los 65 naufragios documentados durante el Black Sea Maritime Archaeology Project (Black Sea MAP) corresponde a un barco mercante griego fechado en el 400 a.C., lo que lo convierte en el naufragio intacto más antiguo conocido hasta la fecha. El hallazgo se produjo a unas 50 millas de la costa de Bulgaria, durante la fase final de un proyecto que relevó más de 2.000 kilómetros cuadrados del fondo marino.

La embarcación, de unos 23 metros de eslora, fue localizada mediante vehículos operados a distancia (ROV) equipados con cámaras de alta definición y escáneres láser, tecnología prestada originalmente de la industria petrolera y del gas. El equipo tomó una pequeña muestra de su madera para datarla por radiocarbono, sin intervenir de ninguna otra forma sobre la estructura, que permanece en su ubicación original en el fondo del mar.

Mástil, timón y bancos de remeros, todavía en su lugar

Vaso De Las Sirenas
© Por Siren Painter (eponymous vase) – Jastrow (2006), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1517645

Las imágenes revelaron algo poco habitual incluso para los estándares de la arqueología marítima: el mástil sigue unido a la embarcación, los timones permanecen en su posición original, y todavía pueden distinguirse los bancos donde se sentaban los remeros. El barco yace de costado sobre el lecho marino, con un diseño que hasta ahora solo se conocía a través de representaciones en cerámica griega de la época, como el llamado Vaso de las Sirenas, conservado en el Museo Británico, donde aparece Odiseo atado a un mástil de características similares.

Jon Adams, profesor de arqueología de la Universidad de Southampton e investigador principal del proyecto, resumió la magnitud del hallazgo: nunca hubiera creído posible que un barco de la época clásica pudiera sobrevivir intacto bajo más de dos kilómetros de agua, y consideró que el descubrimiento cambiará la comprensión actual sobre la construcción naval y la navegación en el mundo antiguo.

El secreto está en la química del agua, no en la suerte

Por debajo de aproximadamente 150 metros de profundidad, el Mar Negro pierde casi por completo su oxígeno disuelto, y no se trata de una simple zona pobre en oxígeno: es una extensa región anóxica. El fenómeno responde a cómo se organizan sus distintas capas de agua: en la superficie predomina agua menos salada, alimentada por grandes ríos como el Danubio y el Dniéper, mientras que en profundidad se acumula agua mucho más salada y densa proveniente del Mediterráneo. Ambas capas apenas se mezclan entre sí, lo que impide que el oxígeno superficial llegue de forma significativa hacia el fondo.

En la zona de transición entre ambas capas, conocida como quimioclina, se producen cambios químicos importantes, y por debajo de ella predominan condiciones anóxicas junto con la presencia de sulfuro de hidrógeno, el compuesto responsable del característico olor a huevo podrido asociado a estos ambientes. Sin oxígeno disponible, los organismos y procesos responsables de descomponer la madera prácticamente no pueden actuar, lo que permitió que el barco se conservara casi intacto durante 24 siglos.

Lo que un solo naufragio puede (y no puede) contar

El propio equipo del proyecto fue cauto sobre el alcance de sus conclusiones: la datación por radiocarbono y las similitudes con la cerámica griega de la época permiten ubicar al barco con bastante seguridad en el siglo IV antes de Cristo, en tiempos de Platón y Aristóteles, pero un solo naufragio no alcanza para reconstruir por completo las rutas comerciales de la antigua Grecia ni determinar con certeza su origen o destino exactos. Lo que sí ofrece, remarcaron los investigadores, es una oportunidad excepcional para estudiar de primera mano cómo eran realmente las embarcaciones de esa época, más allá de lo que hasta ahora solo podía inferirse a partir de representaciones artísticas.

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