En una industria dominada por mundos épicos, dragones y conflictos a gran escala, Hijinks High propone algo completamente distinto: convertir un instituto en el escenario perfecto para el caos absoluto. Lejos de las aventuras tradicionales, este proyecto independiente apuesta por el humor, la improvisación y la interacción constante entre jugadores como base de su experiencia .
De grandes MMO a una idea mucho más arriesgada
Detrás del proyecto hay un equipo con una trayectoria muy diferente.
Los desarrolladores de Sackbird Studios participaron en algunos de los MMO más importantes del mercado antes de iniciar este camino. Sin embargo, tras la cancelación de un ambicioso proyecto multijugador, decidieron alejarse del formato que dominaban para explorar algo completamente nuevo.
El resultado es una propuesta que deja atrás la fantasía épica para centrarse en algo mucho más cotidiano… y mucho más impredecible.
Un instituto convertido en un campo de juego
El escenario principal del juego es tan reconocible como caótico.
Aulas, pasillos, cafeterías y patios funcionan como espacios interactivos donde prácticamente cualquier objeto puede convertirse en una herramienta para generar situaciones absurdas. No hay una narrativa rígida ni objetivos tradicionales.
En su lugar, el juego apuesta por que cada partida construya su propia historia a través de las decisiones de los jugadores.

La improvisación como mecánica principal
Uno de los pilares del juego es la libertad.
Las partidas, que admiten hasta seis jugadores, se desarrollan de forma completamente abierta. Lo que comienza como una estrategia puede transformarse rápidamente en una cadena de errores, traiciones y accidentes inesperados.
Esta dinámica convierte cada sesión en una experiencia distinta, donde lo importante no es ganar, sino lo que ocurre durante el proceso.
Un sistema físico que impulsa el caos
La interacción con el entorno es clave.
Los jugadores pueden recoger, lanzar y combinar objetos cotidianos como mochilas, bandejas o balones. Este sistema, basado en físicas, permite generar situaciones impredecibles que escalan rápidamente.
A esto se suman elementos más extremos, como mochilas propulsoras, que añaden movilidad y aumentan la intensidad de las partidas.
Riesgo, recompensa y situaciones absurdas
El juego introduce mecánicas que refuerzan su tono humorístico.
Por ejemplo, el sistema de alimentación permite obtener ventajas temporales al consumir ciertos alimentos, aunque también puede generar efectos negativos si se abusa de ellos. Este tipo de decisiones añade una capa de riesgo constante.
Cada acción puede tener consecuencias inesperadas.
Un final que reúne todo el caos
Cada partida culmina con una fase final muy particular.
Cuando termina la jornada escolar, los jugadores deben correr hacia el autobús para escapar. Sin embargo, todo lo ocurrido previamente influye en este momento, generando obstáculos, problemas y situaciones que complican la huida.
Este cierre convierte cada sesión en una especie de comedia interactiva donde todo lo acumulado explota en los últimos minutos.
Una propuesta que apuesta por lo diferente
Hijinks High no intenta competir con grandes producciones en escala o realismo.
Su objetivo es ofrecer una experiencia distinta, centrada en la diversión emergente y las situaciones inesperadas. En un mercado saturado de propuestas similares, este enfoque lo posiciona como una alternativa fresca.
Un futuro con potencial dentro del multijugador
El juego llegará a PC y consolas, aunque todavía no tiene fecha confirmada.
Sin embargo, el interés generado desde su anuncio demuestra que existe espacio para propuestas que priorizan la creatividad y la improvisación por encima de las estructuras tradicionales.
Si logra mantener ese equilibrio entre caos y jugabilidad, Hijinks High podría convertirse en uno de los títulos multijugador más originales de los próximos meses.
Porque a veces, lo más divertido no es salvar el mundo… sino sobrevivir a un día de clases donde todo sale mal.