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Tecnología

La carga rápida es segura, aunque no siempre es la mejor opción para cuidar la batería

La carga rápida permite recuperar buena parte de la autonomía en pocos minutos, pero puede producir más calor que un cargador convencional. Los teléfonos modernos regulan automáticamente la potencia para evitar daños, aunque quienes quieran conservar la batería durante más años deberían prestar atención a la temperatura y al tiempo que permanece completamente cargada.
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La carga normal sigue siendo la opción más cuidadosa

Las baterías de los smartphones comienzan a degradarse desde el primer día. Cada ciclo de carga y descarga provoca pequeñas transformaciones químicas que reducen progresivamente la cantidad de energía que pueden almacenar. Este desgaste es inevitable, aunque algunos hábitos pueden acelerarlo o ralentizarlo.

Entre una carga rápida y otra convencional, la carga de menor potencia suele ser ligeramente más cuidadosa porque genera menos calor y somete a la batería a una corriente menos intensa. Sin embargo, esto no significa que utilizar habitualmente un cargador rápido vaya a destruir el celular.

Los fabricantes diseñan cada dispositivo para admitir una potencia máxima determinada. Además, incorporan sensores, controladores y algoritmos capaces de reducir la velocidad cuando la temperatura aumenta o la batería se aproxima a su capacidad máxima.

La carga rápida es segura, aunque no siempre es la mejor opción para cuidar la batería
© Magnific

La carga rápida no mantiene siempre la máxima potencia

Uno de los errores más comunes es pensar que el teléfono recibe toda la potencia anunciada durante el proceso completo. En realidad, la carga rápida suele concentrarse en los porcentajes más bajos, cuando la batería puede aceptar más energía con menor estrés.

Apple explica que sus teléfonos compatibles cargan rápidamente hasta aproximadamente el 80%. A partir de ese punto, el sistema reduce la corriente para limitar el calor y proteger la vida útil de la batería. La velocidad también puede disminuir si el dispositivo detecta temperaturas demasiado altas o bajas.

Por eso, conectar un cargador de 100 W no significa necesariamente que el celular reciba permanentemente 100 W. El teléfono negocia la potencia con el adaptador y solo utiliza la cantidad que su batería, su temperatura y su sistema de gestión consideran segura.

El calor es el verdadero enemigo

La carga rápida mueve más energía en menos tiempo y puede elevar la temperatura. Cuando el calor se mantiene durante periodos prolongados, acelera las reacciones químicas responsables del envejecimiento de las baterías de iones de litio.

Samsung recomienda utilizar y cargar sus dispositivos entre 0 y 35 °C, y advierte que la exposición continuada a temperaturas extremas puede acelerar su deterioro. Google también aconseja cargar sus Pixel en un lugar fresco, alrededor de 25 °C.

El riesgo aumenta cuando el celular se carga al sol, queda dentro de un automóvil caliente o ejecuta juegos y aplicaciones exigentes mientras recibe energía. En esas condiciones, incluso una carga convencional puede resultar perjudicial si la temperatura se eleva demasiado.

Las corrientes altas también pueden favorecer la deposición de litio metálico sobre el ánodo, especialmente cuando la batería está fría o el sistema intenta cargarla demasiado rápido. Este fenómeno reduce la capacidad disponible y constituye uno de los principales límites técnicos de la carga ultrarrápida.

Mantener el teléfono al 100% también produce desgaste

La velocidad no es el único factor importante. Las baterías también sufren cuando permanecen durante muchas horas completamente cargadas. Por eso, los fabricantes incorporaron sistemas que retrasan el último tramo de la carga o permiten establecer un límite.

La carga rápida es segura, aunque no siempre es la mejor opción para cuidar la batería
© Magnific

Los iPhone recientes pueden detenerse entre el 80% y el 100%, mientras que Google permite limitar al 80% la carga de determinados Pixel para extender la vida útil. Estos sistemas no hacen que la batería sea eterna, pero reducen el tiempo que pasa sometida a un voltaje elevado.

Qué tipo de carga conviene utilizar

La carga rápida es adecuada cuando se necesita recuperar autonomía antes de salir o durante una jornada intensa. El teléfono está preparado para utilizarla y reducirá automáticamente la potencia cuando sea necesario.

La carga normal resulta más conveniente cuando no existe apuro, especialmente si el celular permanecerá conectado durante varias horas. Produce menos calor y puede representar una pequeña ventaja para quienes pretenden conservar el dispositivo durante muchos años.

La mejor estrategia no consiste en evitar completamente la carga rápida, sino en controlar la temperatura, utilizar cargadores compatibles y activar las funciones de carga optimizada. Entre cargar lentamente en un ambiente muy caliente y cargar rápidamente en condiciones frescas, probablemente resulte más saludable la segunda opción.

 

Fuente: Infobae.

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