Durante décadas, la humanidad habló de volver a la Luna como si fuera suficiente con repetir el Apollo. Este martes, la NASA cerró ese capítulo. En una conferencia de prensa en su sede de Washington, el administrador Jared Isaacman presentó el plan oficial del programa Moon Base: no una visita, no una estación orbital de tránsito, sino una base permanente en la superficie lunar con astronautas viviendo y trabajando allí de forma continua. «America will never again give up the moon», dijo Isaacman en la presentación que formalizó el giro estratégico más importante de la agencia en generaciones.
Dónde, cuándo y cuánto: los números del plan

La base se construirá cerca del borde del cráter Shackleton, en el Polo Sur lunar, una zona elegida por dos razones: la presencia de hielo de agua en cráteres permanentemente en sombra y la existencia de crestas con luz solar casi continua, ideales para la generación de energía fotovoltaica. El plan se articula en tres fases. La primera, de 2026 a 2028, establece acceso confiable a la superficie con rovers simplificados y pequeños vehículos de salto propulsados —llamados MoonFall— inspirados en el helicóptero Ingenuity de Marte. La segunda fase extiende la duración de las misiones tripuladas hasta 28 días. La tercera culmina en una base con presencia humana permanente para 2036.
El presupuesto estimado es de aproximadamente 20.000 millones de dólares para los primeros siete años, con una arquitectura completa de once años que alcanzaría los 30.000 millones. El primer alunizaje tripulado del nuevo programa está previsto para Artemis IV, en 2028.
El fin de la Gateway y el giro hacia la superficie
Uno de los cambios más significativos del nuevo plan es la cancelación efectiva de la Lunar Gateway, la estación espacial orbital que durante años fue el eje del programa Artemis. La decisión, formalizada en el evento denominado internamente «Ignition» el 24 de marzo de 2026, implica que los astronautas ya no harán escala orbital antes de descender a la Luna: transferirán directamente desde la nave Orion a los módulos de aterrizaje comerciales —de SpaceX o Blue Origin— en órbita lunar.
Tal como reporta Glitchwire en su cobertura del plan, la arquitectura contempla el uso de al menos dos proveedores de lanzamiento para los aterrizajes tripulados, con el objetivo de llegar a una cadencia de un alunizaje cada seis meses en los años de mayor actividad. La decisión de apostar a la superficie sobre la órbita marca un giro filosófico: en lugar de construir infraestructura en el espacio para llegar a la Luna, se construye directamente en la Luna.
Energía nuclear y hielo lunar: los dos pilares de la supervivencia
Mantener una base permanente en la Luna implica resolver dos problemas críticos que los Apollo nunca necesitaron afrontar: la energía continua y el suministro de recursos básicos. Para la energía, la NASA está desarrollando reactores nucleares compactos capaces de producir al menos 10 kilovatios, suficientes para mantener los sistemas de vida, comunicaciones e instrumentos científicos activos durante las noches lunares, que duran aproximadamente 14 días terrestres.
Para los recursos, la clave es el hielo de agua atrapado en los cráteres permanentemente en sombra del Polo Sur. Si puede extraerse y procesarse, ese hielo puede convertirse en agua potable, en oxígeno respirable y en hidrógeno para combustible de cohetes, reduciendo drásticamente la dependencia de la base de los suministros enviados desde la Tierra. La misión de demostración de extracción de hielo lunar es uno de los hitos prioritarios de la primera fase del programa.
Artemis II como punto de partida: lo que ya ocurrió

El plan presentado hoy se apoya sobre un hito ya consumado: Artemis II, la primera misión tripulada alrededor de la Luna del programa Artemis, completada en abril de 2026. Esa misión, que llevó a cuatro astronautas al entorno lunar sin aterrizar, fue descrita por Isaacman como el «opening act» —el acto de apertura— de la nueva era lunar estadounidense. Artemis III, en preparación para 2027, será un vuelo de prueba en órbita terrestre destinado a validar los procedimientos de acoplamiento entre Orion y los módulos de aterrizaje comerciales de SpaceX y Blue Origin antes de que cualquier astronauta intente el descenso.
La carrera que da urgencia al plan
El plan de la NASA no existe en el vacío. China y Rusia avanzan en su propio programa de base lunar, la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), con el objetivo de tenerla construida para 2035. La misión Chang’e-8, prevista para 2029, enviará el primer robot de construcción al Polo Sur lunar. India, Japón y varios países europeos también tienen programas activos en el entorno lunar. El anuncio de hoy es, entre otras cosas, una declaración de intención en una carrera que tiene componentes geopolíticos, científicos y comerciales que van mucho más allá de quién pisa la Luna primero.