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Tecnología

Neuralink ya permite controlar una silla de ruedas con el cerebro: el salto que lleva sus implantes fuera de la pantalla

Participantes con parálisis utilizaron el implante cerebral N1 de Neuralink para conducir sillas de ruedas eléctricas mediante su actividad neuronal. El sistema convierte la intención de movimiento en órdenes digitales para avanzar, retroceder y girar, aunque continúa siendo una tecnología experimental que debe demostrar su seguridad a largo plazo.
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Del cursor de una computadora al movimiento físico

Neuralink dio un nuevo paso en el desarrollo de sus interfaces cerebro-computadora. Participantes de sus ensayos clínicos lograron controlar sillas de ruedas motorizadas utilizando únicamente señales generadas por su cerebro, sin recurrir a joysticks, botones ni movimientos de las extremidades.

En la demostración difundida por la compañía, usuarios con parálisis pudieron desplazarse hacia adelante y atrás, realizar giros y modificar la posición del asiento. Las pruebas incluyeron recorridos por espacios interiores y caminos exteriores, utilizando una cámara instalada en la silla para observar el entorno.

Hasta ahora, las demostraciones más conocidas de Neuralink mostraban a personas controlando cursores, navegando por internet o jugando videojuegos. La silla de ruedas supone un cambio importante: las instrucciones digitales dejan de afectar solamente a una pantalla y comienzan a producir movimientos en el mundo físico.

Neuralink ya permite controlar una silla de ruedas con el cerebro: el salto que lleva sus implantes fuera de la pantalla
© Neuralink – Youtube.

Cómo interpreta el implante la intención de moverse

El sistema se basa en el implante N1, un dispositivo inalámbrico y recargable colocado en el cráneo. Está conectado a hilos extremadamente delgados que un robot quirúrgico introduce en regiones cerebrales relacionadas con la planificación del movimiento. El ensayo PRIME estudia precisamente la seguridad inicial del implante y su capacidad para permitir que personas con tetraplejia controlen dispositivos externos.

Aunque una lesión de médula espinal impida mover brazos o piernas, el cerebro puede continuar generando actividad neuronal asociada a la intención de realizar esos movimientos. El N1 registra esas señales mediante 1.024 electrodos y las transmite a un sistema informático.

Un modelo de aprendizaje automático aprende a relacionar determinados patrones neuronales con el desplazamiento de un cursor. En la silla de ruedas, mover mentalmente ese cursor hacia arriba equivale a avanzar; dirigirlo hacia abajo hace retroceder el vehículo, mientras que los desplazamientos laterales controlan los giros.

Cuanto más se aleja el cursor de su posición central, mayor puede ser la velocidad. No se trata, por tanto, de que el implante “lea pensamientos” completos, sino de que reconozca patrones concretos vinculados con acciones previamente entrenadas.

La seguridad depende de detenerse a tiempo

Mover una silla presenta riesgos muy distintos a controlar una computadora. Un error de interpretación podría provocar una colisión, especialmente cerca de escaleras, puertas o personas.

Para reducir ese peligro, la interfaz está diseñada para que el cursor regrese al centro cuando el usuario deja de mantener la intención de movimiento. Al hacerlo, la silla disminuye su velocidad y se detiene gradualmente. Este mecanismo funciona como una posición de seguridad destinada a evitar desplazamientos involuntarios.

La demostración todavía no equivale a una silla totalmente autónoma. El usuario conserva el control de dirección y velocidad, mientras el sistema interpreta sus señales cerebrales. En el futuro, podría combinarse con sensores para detectar obstáculos y aplicar frenadas automáticas.

Neuralink todavía está en una fase experimental

El primer implante humano de Neuralink se realizó en enero de 2024 dentro del estudio PRIME. Dos años después, la empresa informó que tenía 21 participantes inscritos en ensayos internacionales, destinados a evaluar variaciones entre usuarios y mejorar tanto el dispositivo como el procedimiento quirúrgico.

El N1 aún no cuenta con autorización para su comercialización general. Los estudios actuales son ensayos de viabilidad que deben analizar posibles complicaciones, estabilidad de los electrodos, precisión de las señales y funcionamiento durante periodos prolongados.

Aun así, el control de una silla de ruedas muestra una aplicación mucho más cotidiana que jugar o navegar por internet. Para una persona con parálisis, convertir una intención cerebral en movimiento físico podría significar recuperar parte de una autonomía que hasta ahora dependía permanentemente de otras personas.

 

Fuente: Infobae.

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