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Ciencia

Desapareció casi la mitad en 50 años y la mayoría de las personas ni siquiera lo sabe. El colapso silencioso de los bosques de kelp que sostienen la vida marina en el planeta

Los bosques de kelp cubren un tercio de las costas del mundo, capturan carbono, sostienen la pesca y protegen las costas. Su valor económico se estima en más de 500.000 millones de dólares anuales. Y en los últimos 50 años, casi la mitad desapareció. Solo el 16% tiene algún tipo de protección. California ya perdió el 95% del suyo en una década
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«En mi vida, la mitad de los bosques de kelp han desaparecido y la mayoría de las personas ni siquiera lo sabe.» La frase es de Craig Foster, el biólogo marino sudafricano cuyo vínculo con un pulpo al sur del Cabo de Buena Esperanza se convirtió en el documental que ganó el Oscar. Pero no habla de nostalgia personal: habla de uno de los colapsos ecológicos más silenciosos y más masivos de las últimas décadas, documentado esta semana por la revista TIME en un extenso informe sobre el estado global de los bosques de algas gigantes.

Qué son los bosques de kelp y por qué importan más que los arrecifes de coral

Kelp
© Erick Morales Oyola – Unsplash

Los bosques de kelp son ecosistemas submarinos formados por algas gigantes —algunas capaces de crecer 60 centímetros por día— que se anclan al fondo marino y crean estructuras verticales que pueden alcanzar los 45 metros de altura. Funcionan como las selvas tropicales del océano: producen oxígeno, capturan carbono de forma eficiente, dan refugio y alimento a cientos de especies —desde erizos y pulpos hasta tiburones y lobos marinos— y actúan como barreras naturales que amortiguan el impacto de las tormentas sobre las costas.

Cubren aproximadamente un tercio de las costas del planeta, desde California y Chile hasta Japón, Sudáfrica, Australia y la Patagonia argentina. Su productividad es comparable a la de las selvas tropicales y los arrecifes de coral, pero reciben una fracción de la atención mediática y política de esos ecosistemas. Su valor económico —recursos naturales, servicios ambientales, pesca costera— se estima en más de 500.000 millones de dólares anuales, según cifras citadas por TIME.

California: el colapso más documentado

El caso más extremo ocurrió en la costa norte de California. Antes de 2014, el kelp gigante cubría extensas áreas costeras. En una sola década, una combinación de factores se acumuló con resultados catastróficos: una enfermedad fulminante diezmó a las estrellas de mar —el principal depredador de los erizos de mar—, una intensa ola de calor marino debilitó el alga, y la pesca excesiva completó el colapso. Sin depredadores que los controlen, los erizos púrpura proliferaron sin límite y devoraron lo que quedaba.

El resultado: el 95% del bosque de kelp de la costa norte de California desapareció. Con él colapsó la pesca de abulón regional, valorada en 44 millones de dólares anuales, según el informe de TIME. El ejemplo de California se repite con variaciones a lo largo de las costas del planeta.

Las amenazas: calor, contaminación y la cadena trófica rota

Erizo De Mar
© Sonia Kowsar – Unsplash

El calentamiento de los océanos es la presión más difícil de revertir. Las olas de calor marino —eventos en que la temperatura superficial del mar supera en varios grados su promedio histórico durante semanas o meses— superan los límites térmicos que el kelp puede tolerar y lo matan antes de que pueda reproducirse. Cuando el calor persiste, el kelp no se recupera aunque la temperatura baje.

Pero la temperatura es solo una parte del problema. La contaminación, la urbanización costera y la sobreexplotación pesquera son factores igualmente críticos. Y sobre todos ellos se superpone el colapso de los depredadores clave: sin estrellas de mar ni nutrias marinas que controlen a los erizos, el equilibrio del ecosistema se rompe de forma que puede ser prácticamente irreversible sin intervención activa.

Solo el 16% tiene algún tipo de protección

Tal como reporta el informe de TIME, Aaron Eger, director de programas en Kelp Forest Alliance, advierte que la biodiversidad «es el tejido que enlaza el océano fuera de los trópicos», y su pérdida genera consecuencias ecosistémicas en cadena. El dato más revelador de la situación: solo el 16% de los bosques de kelp del planeta cuenta con algún tipo de protección legal, y menos del 2% goza de protección estricta. «Las estrategias de carbono suelen centrarse en árboles y manglares, pero la diversidad biológica que los sostiene rara vez se considera en la política», señala Eger.

Swati Thiyagarajan, narradora ambiental del Sea Change Project, resume la paradoja central del problema: «La biodiversidad es el sistema inmunológico del planeta. Cuanto más diversa es, más saludable es la Tierra». Los bosques de kelp son una de las piezas más importantes de ese sistema inmunológico oceánico, y están siendo atacados por múltiples frentes simultáneamente.

Los refugios que quedan: Patagonia y el Gran Bosque Marino Africano

No todo es retroceso. El Gran Bosque Marino Africano, entre Namibia y Sudáfrica, resiste gracias a corrientes frías ricas en nutrientes, menor presión extractiva y zonas marinas protegidas. Argentina avanzó en legislación que ampara la mayor parte de su kelp gigante, y la Patagonia es reconocida como refugio climático para estos ecosistemas. La Kelp Forest Alliance y el proyecto 1001 Seaforest Species impulsan acciones de mapeo científico y conservación comunitaria a escala global.

Sin embargo, estos avances locales no compensan la ausencia de políticas globales centradas en el kelp. Mientras los bosques tropicales y los arrecifes de coral cuentan con décadas de atención mediática y marcos legales internacionales, los bosques de kelp siguen siendo el ecosistema más ignorado entre los más importantes del planeta.

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