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Ciencia

La nube de fuego que puede iniciar nuevos incendios y dejar humo durante meses en la atmósfera

Los incendios más extremos pueden generar nubes de tormenta capaces de producir rayos, vientos impredecibles y nuevas igniciones. En los casos más potentes, estas estructuras inyectan humo en la estratosfera y provocan efectos atmosféricos comparables, en algunos aspectos, con los de ciertas erupciones volcánicas.
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Algunos incendios forestales alcanzan tal intensidad que dejan de limitarse a responder al tiempo atmosférico y comienzan a modificarlo. El calor de las llamas forma enormes corrientes ascendentes que pueden terminar construyendo una tormenta sobre el propio fuego.

Estas nubes reciben el nombre de pirocumulonimbos, o pyroCb. Durante julio de 2026, un incendio próximo a Saumos, en el suroeste de Francia, produjo el primer fenómeno de este tipo registrado oficialmente en el país. La nube generó rayos que encendieron nuevos focos y alteró de forma repentina los vientos alrededor del incendio.

Su aparición no significa que Europa nunca hubiera experimentado fenómenos similares, pero muestra que los incendios mediterráneos pueden alcanzar comportamientos extremos asociados habitualmente con Australia, Canadá o el oeste de Estados Unidos.

Una tormenta alimentada por las llamas

Un pirocumulonimbo comienza cuando el calor de un incendio impulsa hacia arriba una columna de aire cargada de humo, cenizas y vapor de agua.

Si la columna encuentra una atmósfera suficientemente inestable y húmeda, continúa creciendo hasta que el vapor se condensa. La liberación de calor durante esa condensación aporta energía adicional y permite que la nube alcance alturas propias de una gran tormenta.

No todas las columnas blancas sobre un incendio son pirocumulonimbos. Primero pueden aparecer nubes pirocúmulos, más pequeñas y sin el desarrollo vertical suficiente. Solo cuando la convección alcanza niveles elevados, forma hielo y adquiere características tormentosas se habla de un pyroCb.

En su interior pueden producirse descargas eléctricas, corrientes ascendentes violentas y fuertes descensos de aire. Estos últimos pueden llegar al suelo y cambiar rápidamente la velocidad o dirección del fuego, poniendo en peligro a los equipos de extinción.

La tormenta también puede transportar brasas y generar rayos fuera del perímetro original. Incluso cuando produce precipitación, parte del agua puede evaporarse antes de alcanzar el suelo, dejando descargas capaces de iniciar más incendios sin aportar suficiente lluvia para apagarlos.

La nube de fuego que puede iniciar nuevos incendios y dejar humo durante meses en la atmósfera
© Magnific

Cuando el humo alcanza la estratosfera

La mayoría del humo de los incendios permanece en la troposfera, la capa inferior de la atmósfera. Los pirocumulonimbos más potentes pueden actuar como enormes chimeneas e introducir partículas directamente en la estratosfera.

Allí existe mucha menos lluvia para eliminarlas, por lo que pueden permanecer durante meses, recorrer el planeta y modificar la cantidad de radiación solar que atraviesa la atmósfera. También pueden alterar la circulación estratosférica y participar en reacciones relacionadas con la destrucción del ozono.

Por eso se los compara a veces con los volcanes. La equivalencia, sin embargo, necesita matices: el humo de biomasa tiene una composición diferente a los aerosoles de azufre volcánicos y sus efectos climáticos no son idénticos.

La cifra de entre 0,1 y 0,3 teragramos de partículas procede del gran episodio de incendios del noroeste del Pacífico de 2017. Aquella sucesión de pirocumulonimbos produjo la mayor intrusión estratosférica de humo conocida hasta ese momento, con una carga comparable a la de algunas erupciones volcánicas moderadas.

El precedente del “verano negro” australiano

Entre finales de 2019 y comienzos de 2020, los incendios de Australia generaron un episodio todavía más extremo. Trece grandes incendios produjeron 38 pulsos de pirocumulonimbos durante la llamada supererupción de Año Nuevo.

Más de la mitad introdujeron humo directamente en la estratosfera. Parte de ese material se organizó en gigantescos remolinos que ascendieron y dieron varias vueltas al planeta, demostrando que una crisis de incendios regional puede tener consecuencias atmosféricas muy lejos del lugar donde comenzó.

Eso no significa que una sola nube pueda cambiar por sí misma el clima de un país. El impacto depende de la cantidad de humo, su altura, composición y permanencia. Los grandes brotes sí pueden modificar temporalmente la radiación, las temperaturas y la química de la estratosfera a escalas continentales o globales.

La nube de fuego que puede iniciar nuevos incendios y dejar humo durante meses en la atmósfera
© Magnific

La NASA está intentando entrar en estas tormentas

Comprender cuándo un incendio produce un pirocumulonimbo sigue siendo difícil. No basta con que el fuego sea grande: también influyen la humedad, la estabilidad atmosférica, el viento, el combustible disponible y la interacción entre las corrientes de la tormenta y las llamas.

La campaña INSPYRE, dirigida por el Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos con participación de la NASA, comenzó su fase de campo en 2026 y continuará en 2027. Utiliza aviones de gran altitud, instrumentos terrestres, satélites y modelos para estudiar incendios del oeste estadounidense y Canadá.

Los investigadores quieren responder tres preguntas: qué incendios producen estas nubes, por qué algunos consiguen inyectar humo en la estratosfera y cómo esas partículas modifican la composición y el balance energético de la atmósfera.

El peligro inmediato está junto a las llamas: rayos, vientos violentos y una propagación casi imposible de anticipar. El problema a largo plazo aparece mucho más arriba, cuando el humo consigue escapar de la atmósfera baja y convierte un incendio forestal en un fenómeno capaz de dejar huella alrededor del planeta.

 

 

Fuente: Xataka.

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