El nombre puede sonar inquietante, pero no tiene relación con ninguna catástrofe repentina.
Hace referencia simplemente a un asentamiento que estuvo habitado durante siglos y que finalmente quedó abandonado.
Hoy, sus aproximadamente 22 hectáreas permiten observar cómo evolucionó una comunidad local durante el proceso de romanización del noroeste de la península ibérica.
Una ciudad con más de 2.000 años
Monte Mozinho se encuentra en una colina del municipio de Penafiel, en el distrito de Oporto.
El asentamiento comenzó a desarrollarse alrededor del cambio de era y vivió diferentes transformaciones urbanas durante el periodo romano.
Las excavaciones han revelado una mezcla especialmente interesante. Por un lado aparecen casas circulares y conjuntos de viviendas vinculados a la tradición castreña. Por otro, existen edificios romanos con plantas cuadradas o rectangulares.
Esa combinación muestra cómo las formas de vida locales fueron cambiando con la llegada e integración de la cultura romana.

Murallas, casas y una acrópolis
El asentamiento estuvo protegido por diferentes líneas de murallas.
En la zona superior se conserva una acrópolis delimitada por un muro grueso, un espacio que los arqueólogos consideran que pudo utilizarse para reuniones, mercados, juegos y otras actividades comunitarias.
En la entrada de una de las murallas también aparecieron dos esculturas de guerreros galaicos. Las estatuas originales ya no están en el yacimiento: actualmente forman parte de las colecciones del Museo Municipal de Penafiel.
Además, el área arqueológica conserva restos visibles de calles, viviendas y estructuras defensivas.
Una ciudad que no desapareció de repente
El abandono de Monte Mozinho no parece haber ocurrido en un único momento.
La documentación patrimonial portuguesa señala que el lugar tuvo ocupación durante el periodo romano y conserva evidencias posteriores, incluso de época medieval.
Eso hace que resulte más preciso hablar de una pérdida progresiva de importancia que de una ciudad vaciada repentinamente. Durante siglos, las estructuras quedaron sobre la colina hasta que volvieron a atraer la atención de investigadores y arqueólogos.
Las primeras excavaciones oficiales comenzaron en 1943 y fueron retomadas de forma sistemática en 1974.
Se puede visitar gratis
El yacimiento arqueológico permanece abierto al público y el acceso es gratuito. La normativa municipal establece expresamente la entrada gratuita al Castro de Monte Mozinho, mientras que las visitas guiadas pueden requerir reserva previa.
También existe un Centro Interpretativo, inaugurado en 2004, que ayuda a contextualizar los restos arqueológicos. Según la información municipal vigente, abre de lunes a sábado de 9:30 a 13:00 y de 13:30 a 17:00. Eso sí, existe una regla básica: no se puede caminar sobre los muros ni dañar las estructuras arqueológicas.
La llamada “Ciudad Muerta” lleva siglos sin habitantes, pero sus calles y viviendas siguen mostrando cómo era la vida en uno de los mayores asentamientos romanizados del norte de Portugal.