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Ciencia

Los perros de Chernóbil llevan 40 años viviendo cerca de una de las mayores catástrofes nucleares de la historia. Sus genes cambiaron y los científicos creen haber descubierto por qué

Un estudio genético de los perros que viven junto a la central nuclear de Chernóbil encontró señales de selección natural en más de 100 regiones de su ADN. El hallazgo ofrece nuevas pistas sobre cómo sobrevivieron durante generaciones en un entorno contaminado.
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Cuando el reactor número cuatro de Chernóbil explotó el 26 de abril de 1986, miles de familias tuvieron que abandonar sus hogares. Muchas dejaron atrás a sus mascotas, incapaces de llevárselas durante una evacuación que terminó convirtiéndose en uno de los mayores desplazamientos provocados por un accidente nuclear. Cuarenta años después, los descendientes de algunos de aquellos perros todavía recorren los alrededores de la central nuclear. Y sus organismos podrían guardar pistas sobre cómo se sobrevive durante generaciones en un ambiente contaminado.

Un equipo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte descubrió que los perros que viven junto a la instalación presentan señales de selección natural en más de 100 regiones de su ADN, muchas relacionadas con la reparación genética, el sistema inmunitario y procesos asociados al cáncer.

El trabajo, publicado en la revista científica Genes y difundido por la universidad el 28 de octubre, plantea una explicación sorprendente: las diferencias entre estos animales podrían deberse a la supervivencia y reproducción de individuos con determinadas variantes genéticas, y no a nuevas mutaciones provocadas directamente por la radiación.

Dos poblaciones separadas por apenas 16 kilómetros tienen un ADN extraordinariamente diferente

Los perros de Chernóbil llevan 40 años viviendo cerca de una de las mayores catástrofes nucleares de la historia. Sus genes cambiaron y los científicos creen haber descubierto por qué
Un equipo veterinario examina a uno de los perros que viven en la zona de exclusión de Chernóbil. Estos animales permiten investigar los posibles efectos de vivir durante generaciones en un entorno con múltiples contaminantes. © Mike Hettwer.

La investigación se concentró en dos grupos de perros que viven dentro de la zona de exclusión. Uno habita los alrededores de la central nuclear, mientras que el otro se encuentra en la ciudad de Chernóbil, aproximadamente 16 kilómetros más lejos. Aunque la distancia es pequeña, sus diferencias genéticas son considerables.

Los científicos analizaron información genómica de 106 perros, obtenida entre 2018 y 2019. Tras eliminar individuos estrechamente emparentados y otros que no encajaban claramente con sus poblaciones de origen, trabajaron con 63 genomas para los análisis principales.

El objetivo era resolver un misterio identificado en investigaciones anteriores: ¿por qué los perros cercanos al reactor son genéticamente tan diferentes de otros animales que viven prácticamente en la misma región?

Un estudio publicado en Science Advances en 2023 ya había demostrado que las poblaciones caninas de Chernóbil presentan una estructura genética peculiar. Sin embargo, todavía quedaba por determinar qué procesos evolutivos explicaban esas diferencias. Para avanzar, los investigadores compararon también sus resultados con los de perros de las islas Galápagos, donde el aislamiento geográfico puede producir cambios genéticos importantes.

El análisis mostró que el aislamiento y la deriva genética, es decir, los cambios aleatorios en la frecuencia de variantes hereditarias, no parecían suficientes para explicar toda la diferencia observada.

La clave podría estar en los perros que sobrevivieron durante las primeras generaciones

Los perros de Chernóbil llevan 40 años viviendo cerca de una de las mayores catástrofes nucleares de la historia. Sus genes cambiaron y los científicos creen haber descubierto por qué
Dos perros recorren las instalaciones de la central nuclear de Chernóbil, cerca de la estructura que protege el reactor accidentado en 1986. Un estudio identificó señales de selección natural en poblaciones caninas que llevan generaciones viviendo en la zona de exclusión. © Tim Mousseau / NHGRI.

Los investigadores identificaron señales compatibles con selección natural direccional, un proceso evolutivo mediante el cual determinadas variantes genéticas se vuelven más frecuentes porque favorecen la supervivencia o reproducción en un entorno específico.

Muchas de esas regiones del ADN contienen genes relacionados con mecanismos de reparación celular, respuesta inmunitaria, regulación del ciclo celular y procesos vinculados al cáncer.

La hipótesis es que algunos perros ya poseían variantes genéticas capaces de proporcionar ventajas frente a determinadas condiciones ambientales. Si sobrevivieron y tuvieron descendencia, esas características pudieron extenderse progresivamente por la población.

Matthew Breen, uno de los responsables del estudio, explicó en el comunicado de Carolina del Norte que las consecuencias del entorno contaminado no necesariamente tuvieron que manifestarse mediante nuevas mutaciones. También pudieron actuar seleccionando variantes que ya existían. Pero hay un detalle fundamental: el estudio no demuestra que estos perros sean resistentes a la radiación.

La zona de exclusión contiene contaminantes diversos, incluidos materiales radiactivos, metales pesados y sustancias químicas. Los investigadores todavía no saben qué factores concretos favorecieron las diferencias encontradas.

Chernóbil se convirtió en un laboratorio natural para estudiar la evolución

Los perros de Chernóbil llevan 40 años viviendo cerca de una de las mayores catástrofes nucleares de la historia. Sus genes cambiaron y los científicos creen haber descubierto por qué
Un grupo de perros callejeros se acerca a un trabajador en una zona residencial abandonada de Chernóbil. Cuatro décadas después del accidente nuclear, estos animales continúan habitando la región y presentan diferencias genéticas que los científicos intentan explicar. © Mike Hettwer.

Los perros de la región representan una oportunidad científica poco habitual. Son poblaciones de mamíferos que han atravesado numerosas generaciones en un entorno sometido a condiciones ambientales extraordinarias.

Una revisión científica publicada también en 2026 subraya que todavía no existen pruebas suficientes para afirmar que estos animales hayan desarrollado una adaptación específica a la radiación. Sin embargo, su historia genética puede ayudar a comprender mejor cómo responden las poblaciones a múltiples factores de estrés ambiental.

Los autores del nuevo trabajo consideran necesario investigar si las variantes identificadas producen ventajas biológicas reales y cuál fue el papel de los diferentes contaminantes.

El descubrimiento no significa que los perros de Chernóbil hayan desarrollado poderes extraordinarios ni una inmunidad frente a los efectos de la radiación. Lo que demuestra es algo igualmente interesante: la evolución puede dejar huellas detectables en apenas unas decenas de generaciones, incluso en animales que siguen viviendo muy cerca del lugar donde comenzó una de las mayores catástrofes nucleares de la historia.

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