
Un tipo resistente de bacteria es capaz de sobrevivir a las duras condiciones del espacio durante períodos prolongados, pero solo después de formar una especie de conglomerado espeso y solidificado, según una nueva investigación. Este descubrimiento podría reforzar la hipótesis de la panspermia: la idea de que fueron los asteroides los que sembraron la vida en la Tierra.
El Deinococcus radiodurans es un microbio extremófilo capaz de sobrevivir a temperaturas muy bajas, a la radiación ionizante, la luz ultravioleta y a la deshidratación. Y como muestra una nueva investigación publicada hoy en Frontiers in Microbiology, esta bacteria también puede sobrevivir a las duras condiciones del espacio exterior.
Las muestras secas de Deinococcus volvieron a la vida después de pasar más de tres años en un panel en el exterior de la Estación Espacial Internacional. Pero aquí está el truco: las bacterias que consiguieron sobrevivir habían formado previamente un grueso conglomerado, o agregado, en palabras de los investigadores bajo el mando de Akihiko Yamagishi, profesor de la Universidad de Tokio.
Este nuevo hallazgo sugiere que ciertas bacterias, cuando se juntan todas en una misma masa, tienen lo necesario para hacer largos viajes por el espacio. En consecuencia, Yamagishi y sus compañeros dicen que esto da alas a la hipótesis de la panspermia, que sostiene que la vida microbiana puede echar raíces en un planeta alienígena. La nueva investigación también habla de un posible escenario de panspermia que involucraría a la Tierra y Marte, en el que cualquiera de estos dos planetas podría haber sembrado vida en el otro (aunque para ser justos, todavía no sabemos si Marte llegó a ser habitable alguna vez).
En 2008, Yamagishi y sus colegas utilizaron aviones y globos para detectar y documentar los microbios que flotaban en la atmósfera superior. Naturalmente, se encontraron muestras de Deinococcus radiodurans, un microbio que el Libro Guinness de los récords enumera como la forma de vida más resistente a la radiación, capaz de sobrevivir a altitudes que alcanzan los 12 km sobre la superficie de la Tierra. Con esta bacteria encontrada en la troposfera superior de nuestro planeta, Yamagishi trató de aprender cómo sería capaz de actuar en el duro entorno del espacio.

El diseño del experimento que había preparado el equipo de investigadores implicaba que las muestras tendrían que ser expuestas en el espacio durante períodos de uno, dos y tres años mientras descansaban en un módulo de experimentación en el exterior de la Estación Espacial Internacional.
Esto permitió a los investigadores desarrollar una curva de supervivencia y estimar las capacidades de estas bacterias a sobrevivir durante un período de tiempo más largo, explicó Yamagishi por correo electrónico y expusieron al espacio agregados bacterianos de diferente espesor. El experimento, realizado de 2015 a 2018, se realizó sobre Kibo, un módulo experimental japonés que hay abordo de la Estación Espacial Internacional.
Los resultados mostraron que todos los agregados de más de 0,5 milímetros sobrevivieron parcialmente a la exposición al espacio durante tres años. Las bacterias ubicadas a lo largo de las superficies externas de los agregados murieron, pero esto creó una especie de corteza protectora para los microbios deshidratados que se encontraban debajo, según la investigación.
Después de extrapolar los datos de supervivencia en los tres grupos de muestras, los científicos predijeron que los grupos de más de 1 mm de diámetro podrían haber sobrevivido durante un total de ocho años en el espacio exterior y que incluso los agregados más gruesos habrían sobrevivido entre 15 y 45 años.
Al ser preguntado por cómo el Deinococcus radiodurans es capaz de sobrevivir a condiciones tan duras, Yamagishi dijo que se debe a que “tienen múltiples copias de genomas y una mayor capacidad para reparar el daño causado al ADN”, lo cual es justo lo que hicieron una vez que fueron rehidratados.
Los nuevos hallazgos proporcionan una mejor estimación de la supervivencia bacteriana en el espacio, aunque haya sido en el caso de un conocido extremófilo. Esto demuestra que ciertas bacterias, cuando están debidamente protegidas, pueden sobrevivir largas temporadas en el espacio exterior. Este blindaje podría adoptar la forma de agregados o incluso enterrarse en el interior de una roca.
El hallazgo llevó a Yamagishi a acuñar un nuevo término: massaspermia.
“’Massa’ significa masa o agregado, por lo que ‘massapanspermia’ es la hipótesis de que los agregados microbianos pueden transferirse entre planetas”, dijo.
La nueva investigación resulta muy emocionante, pero se necesita mucho trabajo para fortalecer aún más las hipótesis de la panspermia y de la masapanspermia. Teóricamente, los microbios podrían durar lo suficiente para hacer un viaje hasta Marte, pero esta afirmación hay que hacerla con algunos matices.
“El tiempo promedio requerido para que los objetos viajen entre Marte y la Tierra es algo alrededor de decenas de millones de años”, explicó Yamagishi. “Sin embargo, en la órbita más corta se necesitan solo meses o años, aunque la frecuencia es muy baja”.
Así que, aunque bien es posible que los microbios que estén haciendo autostop puedan hacer un viaje rápido hasta Marte, es muy poco probable que algo así ocurra. Y aunque los microbios extremófilos podrían sobrevivir más de 45 años en el espacio, todavía no se sabe si podrían durar millones de años, lo que sin duda sería el caso de los viajes interestelares o de bacterias provenientes de Marte.
Las cosas se complican aún más cuando se consideran otros factores, como la capacidad de los microbios para sobrevivir a un viaje lleno de sacudidas al espacio (probablemente debido al impacto de un asteroide), o para aguantar las altas temperaturas a través de la atmósfera o el impacto sobre la superficie del planeta.
La panspermia es una buena teoría, pero tienen que suceder muchas cosas para que realmente pueda funcionar algo así. Sin embargo, si alguna vez probamos que es cierta, significa que la existencia de vida podría ser mucho más frecuente en el universo de lo que habíamos llegado a imaginar.