Saltar al contenido

Descubren que la actividad sísmica en el fondo del océano tiene beneficios ambientales: impulsa el crecimiento del fitoplancton y la captura de carbono

Durante décadas, el océano profundo y la vida en la superficie se han estudiado casi como sistemas independientes. Lo que ocurre a varios miles de metros bajo el agua parecía demasiado lento y remoto como para influir en procesos biológicos visibles incluso desde el espacio. Un nuevo estudio acaba de desmontar esa idea

Investigadores de la Stanford University han demostrado que los terremotos submarinos en el entorno de la Antártida están directamente relacionados con grandes floraciones de fitoplancton que se producen meses después, durante el verano austral. El trabajo, publicado en Nature Geoscience, describe un mecanismo físico, químico y biológico que conecta la actividad sísmica del fondo oceánico con la productividad marina y la absorción natural de dióxido de carbono.

El eslabón invisible entre el fondo marino y la superficie

Fitoplancton
© NOAA – Unsplash

El fitoplancton es microscópico, pero su papel en el planeta es gigantesco. Forma la base de la cadena alimentaria marina, contribuye de manera decisiva a la producción de oxígeno y actúa como uno de los principales sumideros naturales de carbono. En el océano Austral, sin embargo, su crecimiento suele estar limitado por un factor clave: la falta de hierro.

Bajo las aguas que rodean la Antártida se extiende una compleja red de dorsales oceánicas activas, atravesadas por sistemas hidrotermales que liberan fluidos calientes cargados de minerales, entre ellos hierro biodisponible. Hasta ahora, no estaba claro por qué algunas floraciones de fitoplancton alcanzaban tamaños colosales mientras que otras, en años aparentemente similares, apenas se desarrollaban.

La señal de los terremotos

Tras descartar factores más evidentes como la extensión del hielo marino, la temperatura superficial o la cantidad de luz solar, los investigadores analizaron los registros sísmicos del invierno antártico. El patrón fue claro: los años con mayor actividad sísmica submarina precedían a veranos con floraciones de fitoplancton mucho más intensas.

Los terremotos, especialmente aquellos de magnitud igual o superior a 5 cerca de las fuentes hidrotermales, parecen reactivar y desbloquear conductos en el subsuelo marino. Esto incrementa la liberación de fluidos ricos en hierro y altera su circulación. Lejos de tardar décadas en ascender, como se pensaba, ese hierro puede alcanzar las capas superficiales en semanas o pocos meses, justo a tiempo para alimentar las floraciones estacionales.

Un océano mucho más dinámico

Pensábamos que los ríos moldeaban el fondo del océano. La geología acaba de demostrar que los cañones submarinos se forman de otra manera
© Unsplash / Jonathan Borda.

El hallazgo obliga a replantear cómo se entiende el funcionamiento del océano Austral. No es solo un regulador térmico del clima global, sino un sistema profundamente interconectado en el que procesos geológicos del fondo marino influyen de forma directa en la biología superficial.

Las consecuencias ecológicas son significativas. Estas floraciones sostienen grandes poblaciones de kril, que a su vez alimentan peces, aves marinas y mamíferos como focas y ballenas. En los años de mayor productividad, incluso se han observado concentraciones de ballenas jorobadas coincidiendo con estas zonas ricas en alimento.

Implicaciones para el clima global

Desde el punto de vista climático, el estudio añade una pieza clave al rompecabezas del ciclo del carbono. Al crecer, el fitoplancton absorbe CO₂ de la atmósfera y una parte de ese carbono acaba hundiéndose y almacenándose en el océano profundo cuando los organismos mueren.

Comprender qué procesos naturales amplifican o limitan este mecanismo es esencial para mejorar los modelos climáticos y estimar con mayor precisión la capacidad futura del océano para absorber carbono. Al mismo tiempo, el trabajo invita a la cautela: si la actividad sísmica cambia, también podría hacerlo —de formas complejas y aún poco comprendidas— el papel del océano como regulador del clima terrestre.

También te puede interesar