Las salamandras de fuego, conocidas por su característico cuerpo negro con manchas amarillas, esconden una capacidad que había pasado inadvertida durante décadas: pueden emitir un llamativo brillo verde y cian cuando reciben radiación ultravioleta.
El descubrimiento fue realizado por un equipo internacional de investigadores del Instituto Max Planck de Ecología Química, el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y el Instituto de Biología Evolutiva de España.
El estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science en mayo de 2026, reveló que la fluorescencia aparece principalmente en las zonas amarillas del cuerpo y está relacionada con las glándulas que producen las sustancias tóxicas utilizadas por estos animales para defenderse.
Lo más sorprendente es que estas secreciones pueden conservar su capacidad fluorescente durante más de 24 horas después de ser liberadas.
El brillo secreto que permaneció oculto durante décadas
Las salamandras de fuego, cuyo nombre científico es Salamandra salamandra, habitan principalmente en bosques húmedos y regiones montañosas de Europa.
Aunque su coloración ha sido estudiada ampliamente, los investigadores descubrieron una propiedad completamente desconocida al observarlas bajo iluminación ultravioleta.
La fluorescencia se concentra especialmente en los laterales y la región inferior del cuerpo, donde aparecen tonalidades verdes y azuladas. Este fenómeno ocurre cuando determinadas sustancias químicas absorben radiación ultravioleta y devuelven parte de esa energía en forma de luz visible.
A diferencia de la bioluminiscencia, presente en animales como las luciérnagas, la biofluorescencia necesita una fuente externa de iluminación.
Por eso, las salamandras no producen luz por sí mismas y los humanos necesitamos una lámpara ultravioleta para observar claramente el efecto.

¿Por qué unas salamandras venenosas necesitan brillar?
Una de las grandes incógnitas del descubrimiento es determinar qué función cumple esta fluorescencia en la naturaleza.
Los científicos plantean varias posibilidades relacionadas con el comportamiento social y la supervivencia. La primera hipótesis sostiene que podría facilitar el reconocimiento entre individuos, especialmente durante la noche o en ambientes donde la vegetación dificulta la visibilidad.
También podría intervenir en el cortejo y en la búsqueda de pareja.
Otra explicación apunta a su función defensiva. Las salamandras de fuego utilizan sus colores amarillo y negro para advertir a los depredadores que poseen sustancias tóxicas. El brillo fluorescente podría reforzar esta señal y hacerlas más visibles para determinados animales.
Sin embargo, ninguna de estas funciones ha sido confirmada experimentalmente.
Las sustancias tóxicas podrían esconder una molécula desconocida
Los investigadores comprobaron que la fluorescencia no aparece únicamente en la superficie de la piel.
También detectaron compuestos fluorescentes en la sangre y en las glándulas encargadas de producir secreciones defensivas. Este resultado sugiere que las moléculas responsables podrían encontrarse distribuidas por distintas partes del organismo.
A pesar de décadas de investigaciones sobre las toxinas de estos anfibios, todavía no se ha identificado la sustancia química concreta que produce el brillo. El equipo científico trabaja ahora para aislarla y determinar sus propiedades.
Un descubrimiento importante para proteger a estos anfibios
El hallazgo demuestra que incluso especies ampliamente conocidas pueden conservar características biológicas desconocidas.
Comprender cómo funciona la fluorescencia podría ayudar a estudiar sus mecanismos de comunicación, reproducción y defensa. También podría aportar información útil para su conservación, especialmente porque las salamandras de fuego enfrentan amenazas relacionadas con la degradación y fragmentación de sus hábitats.
Por ahora, el verdadero propósito de este brillo continúa siendo un misterio.
Lo que parecía un simple patrón de colores utilizado para advertir a los depredadores podría esconder un sistema de señales mucho más complejo de lo que imaginábamos.