Una colonia de Chroococcidiopsis thermalis al microscopio. Los tonos muestran la fotosĂ­ntesis-a (morado) y la fotosĂ­ntesis-f (amarillo)
Photo: Dennis Nuernberg / Colegio Imperial de Londres

¿Qué hace falta para hacer habitable un planeta como Marte? Una de las posibles respuestas es sembrar el planeta rojo con algún microorganismo capaz de generar oxígeno a partir de la luz, lo que vulgarmente conocemos como fotosíntesis. Un equipo de científicos cree haber encontrado ese organismo.

El problema de la fotosíntesis es que solo funciona bajo unas determinadas longitudes de onda. Hasta ahora se creía que el proceso por el que las plantas usan la energía de la luz para crear bloques de materia orgánica (glucosa) a partir de dióxido de carbono y agua (generando oxígeno como subproducto) terminaba en los 700 nanómetros.

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A este tipo de fotosíntesis se le conoce como Fotosíntesis-a, y es la más común en la naturaleza. Para llevarla a cabo, las plantas emplean una molécula llamada clorofila-a. Se trata de un pigmento que absorbe la luz en las longitudes de onda comprendidas entre los 400 y 500 nanómetros (luz azul) y los 600-700 nanómetros (luz roja). Además, el pigmento refleja la parte media del espectro (500 a 600 nanómetros) que se correspondiente con el color verde. Esta es la razón por la que vemos la mayor parte de plantas de ese color.

En 2014 se descubrieron dos nuevos tipos de clorofila presentes en bacterias marinas que viven a grandes profundidades, la clorofila-d y la clorofila-f. Ambas trabajan en longitudes de onda cercanas al espectro infrarrojo (740-760 nanómetros). El problema es que estos nuevos tipos de clorofila apenas contribuyen al aporte energético del organismo, o eso parecía.

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Un equipo de investigadores del Colegio Imperial de Londres ha descubierto que en realidad no es del todo así. En varias pruebas con una bacteria extremófila llamada Chroococcidiopsis thermalis, los científicos han descubierto que, si las condiciones de luz solo ofrecen un espectro infrarrojo, la clorofila-f toma las riendas y produce mucha más energía y oxígeno. “Esta nueva forma de fotosíntesis nos obliga a replantearnos lo que es y no posible. Esto va a cambiar los libros de texto”, explica el profesor Bill Rutherford y uno de los autores del estudio.

El descubrimiento no solo podría servir para desarrollar un alga diseñada genéticamente para medrar y producir oxígeno en Marte. Además nos obliga a replantear todo lo que sabemos de la vida en otros planetas. Si la naturaleza es capaz de activar un nuevo tipo de fotosíntesis de infrarrojos en planetas a los que no llega el espectro de luz que usan las plantas en la Tierra significa que podría haber vida en lugares donde creíamos que era imposible. [Science vía Phys.org]