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Ciencia

Descubren un sistema planetario que rompe una de las reglas más básicas de la astronomía. Sus planetas no siguen el orden esperado entre mundos rocosos y gaseosos y obligan a replantear cómo se forman los sistemas solares

Un equipo internacional con participación de la UNAM ha identificado un sistema alrededor de una enana roja que desafía el orden clásico de formación planetaria. En lugar de seguir el patrón conocido, mezcla mundos rocosos y gaseosos en una disposición que obliga a replantear cómo nacen los sistemas solares.
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Durante décadas, los astrónomos han trabajado con una idea bastante clara sobre cómo se organizan los sistemas planetarios. Cerca de la estrella, mundos pequeños y rocosos. Más lejos, gigantes gaseosos. Es un patrón que vemos en nuestro sistema solar y que parecía repetirse, con matices, en buena parte del universo.

Pero como suele pasar en ciencia, basta un caso extraño para que todo empiece a tambalearse. Y este lo es.

Un sistema que no encaja en el molde

Un equipo internacional en el que participa la UNAM ha identificado un sistema planetario alrededor de la estrella LHS 1903, una enana roja situada a poco más de 100 años luz. Hasta aquí, nada fuera de lo común. Lo interesante aparece cuando se observa cómo están organizados sus planetas.

El sistema cuenta con al menos cuatro mundos: LHS 1903 b, c, d y e. Y su distribución rompe el esquema clásico. El planeta más cercano parece ser rocoso. Luego aparecen dos sub-Neptunos (planetas gaseosos más pequeños) y, al final, otro mundo que, sorprendentemente, también sería rocoso. Ese último es el que descoloca todo. Porque, según lo que sabemos, no debería estar ahí.

La regla que el universo acaba de ignorar

Descubren un sistema planetario que rompe una de las reglas más básicas de la astronomía. Sus planetas no siguen el orden esperado entre mundos rocosos y gaseosos y obligan a replantear cómo se forman los sistemas solares
© ESA.

Las teorías actuales explican que los planetas rocosos se forman cerca de la estrella porque la radiación intensa elimina gran parte del gas disponible. Más lejos, donde esa radiación es menor, el gas puede acumularse y dar lugar a planetas gigantes. Es un patrón bastante sólido. En nuestro sistema solar, por ejemplo, Mercurio, Venus, la Tierra y Marte son rocosos. Más allá aparecen Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, dominados por gas. Pero en LHS 1903 ese orden se rompe.

El planeta más externo, LHS 1903 e, tiene características que indican que podría ser rocoso, a pesar de estar en una zona donde lo normal sería encontrar un gigante gaseoso. Y eso obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿qué ha pasado aquí?

Un sistema que no se formó al mismo tiempo

Una de las hipótesis más interesantes apunta a que los planetas de este sistema no nacieron en las mismas condiciones. Cuando se formó LHS 1903 e, es posible que el sistema ya se hubiera quedado sin gas. Sin ese material, esencial para crear gigantes gaseosos, el planeta solo pudo desarrollarse como un mundo rocoso.

Dicho de otra forma: no todos los planetas de este sistema “nacieron” al mismo tiempo. Ese detalle cambia bastante el panorama. Porque introduce un factor que complica el modelo clásico: la evolución temporal del sistema. No basta con saber dónde se forma un planeta, también importa cuándo.

Cómo se descubrió este sistema

Descubren un sistema planetario que rompe una de las reglas más básicas de la astronomía. Sus planetas no siguen el orden esperado entre mundos rocosos y gaseosos y obligan a replantear cómo se forman los sistemas solares
© Shutterstock / Bárbara Castrejón – DGDC-UNAM.

El hallazgo no es fruto de una sola observación, sino de varios años de trabajo combinando telescopios espaciales y terrestres. Las primeras pistas aparecieron en 2019 con el satélite TESS, que detectó señales de tres posibles planetas mediante el método de tránsito. Más tarde, observaciones desde tierra, incluyendo el telescopio SAINT-EX en Baja California, ayudaron a confirmar uno de ellos.

Finalmente, el satélite Cheops de la Agencia Espacial Europea aportó evidencia de un cuarto planeta. El resultado es un sistema que, más allá de su número de mundos, destaca por su estructura.

Cuando lo raro empieza a ser importante

Este tipo de descubrimientos tiene un valor especial en astronomía. No porque confirme lo que ya sabemos, sino porque señala lo que todavía no entendemos.

Con cada nuevo sistema planetario que se descubre, los científicos no solo suman datos. También obtienen contexto. Comparan, ajustan modelos, detectan patrones… y, a veces, encuentran excepciones que obligan a replantearlo todo. LHS 1903 es una de esas excepciones.

Un recordatorio incómodo para la ciencia

Hay algo fascinante en este tipo de hallazgos. Nos recuerdan que incluso las ideas más asentadas pueden ser provisionales. El universo no está obligado a seguir nuestras reglas. Y cada vez que aparece un sistema como este, queda claro que todavía estamos muy lejos de entender del todo cómo se forman los mundos que hay ahí fuera.

Porque si algo deja este descubrimiento es una sensación bastante clara: lo que parecía una norma… podría ser solo una tendencia.

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