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Ciencia

México acaba de encontrar al ajolote fósil más antiguo registrado en su territorio. La nueva especie vivió hace millones de años en un lago desaparecido y revela que la historia de estos anfibios empezó mucho antes de lo que se creía

Investigadores de la UNAM describieron formalmente a Ambystoma quetzalcoatli, una nueva especie fósil de ajolote hallada en Santa María Amajac, Hidalgo. El descubrimiento es excepcional porque incluye ejemplares completos y articulados, algo muy raro en salamandras por la fragilidad de sus huesos.
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El ajolote mexicano suele aparecer asociado a Xochimilco, a sus canales amenazados y a esa imagen casi imposible de animal detenido entre la infancia y la vida adulta. Pero su historia, al parecer, no empezó allí. Mucho antes de los laboratorios, de la conservación moderna y de su fama global, un pariente antiguo de estos anfibios ya nadaba en un lago de agua dulce en lo que hoy es Hidalgo.

Investigadores de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM describieron una nueva especie fósil, Ambystoma quetzalcoatli, encontrada en la zona de Santa María Amajac, en el municipio de Atotonilco el Grande. El estudio, publicado en Palaeontologia Electronica, la identifica como la primera salamandra fósil descrita formalmente en México y como el registro más antiguo conocido del género Ambystoma en el país.

El ajolote perdido apareció en un lago que ya no existe

México acaba de encontrar al ajolote fósil más antiguo registrado en su territorio y no apareció en Xochimilco. La nueva especie vivió hace millones de años en un lago desaparecido de Hidalgo y revela que la historia de estos anfibios empezó mucho antes de lo que se creía
© Diana Guzmán Madrid.

Hace unos 4 millones de años, durante el Plioceno tardío, la región de Santa María Amajac no se parecía demasiado al paisaje actual. Allí existió un sistema lacustre intermontano de aproximadamente 85 kilómetros cuadrados, probablemente formado por una interrupción temporal del río Amajac. En ese ambiente vivían plantas acuáticas, insectos, diatomeas, algas, peces de agua dulce, ranas y otros organismos que han ido apareciendo en el registro fósil de la zona.

Entre esos restos estaban también varias salamandras fósiles recolectadas años atrás por equipos de la FES Zaragoza. El material había permanecido sin una descripción exhaustiva, hasta que los paleontólogos Jorge A. Herrera-Flores y María Patricia Velasco-de León retomaron su estudio con herramientas más modernas.

La clave fue que algunos ejemplares no estaban reducidos a fragmentos aislados. Eran fósiles completos y articulados, algo extraordinario en salamandras porque sus huesos son finos, frágiles y suelen desarmarse antes de fosilizarse. Según UNAM Global, este caso representa el primer ejemplar completo y articulado de ajolote fósil conocido, una condición excepcional dentro del registro paleontológico del grupo.

La tomografía reveló que no era un ajolote cualquiera

Los investigadores compararon los fósiles con especies actuales de Ambystoma, incluidas salamandras mexicanas modernas, y recurrieron a tomografías computarizadas para observar detalles anatómicos imposibles de evaluar a simple vista. El análisis mostró que los ejemplares pertenecían al linaje de los ajolotes, pero también que presentaban rasgos propios suficientes para justificar una nueva especie.

Entre las diferencias más importantes aparecen detalles del cráneo y del paladar, además de una característica muy concreta: Ambystoma quetzalcoatli tenía 17 vértebras troncales, mientras que la mayoría de las especies actuales del género posee 16 o menos. No es un dato menor. En paleontología, esas pequeñas diferencias óseas pueden marcar la frontera entre una identificación dudosa y una especie completamente nueva.

El nombre elegido también carga con una historia propia. Quetzalcoatli hace referencia a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de la tradición mesoamericana. Es una forma de unir dos tiempos: el México profundo de los mitos y el México todavía más antiguo de los ecosistemas desaparecidos.

Un animal que ya conservaba su juventud en la adultez

El rasgo más famoso de los ajolotes actuales es la neotenia, o paedomorfosis: la capacidad de conservar características juveniles durante la vida adulta. Por eso los ajolotes adultos mantienen branquias externas y una apariencia larvaria, incluso cuando ya pueden reproducirse. El nuevo fósil sugiere que esa estrategia no es reciente, sino que ya estaba presente en antiguos ajolotes mexicanos del Plioceno.

Esto encaja con una idea evolutiva muy interesante. La neotenia suele favorecerse en ambientes acuáticos estables o aislados, donde permanecer en el agua puede ser más ventajoso que completar la metamorfosis típica de otros anfibios. Si Ambystoma quetzalcoatli vivía en un antiguo paleolago, su biología estaba profundamente atada a ese mundo de agua dulce que ya no existe.

Phys.org, al recoger el estudio, destacó que la especie ayuda a entender la evolución temprana de las salamandras ambistomátidas, especialmente las que habitan el Cinturón Volcánico Transmexicano. No es solo el hallazgo de un animal curioso, sino una pieza para reconstruir cómo se diversificó uno de los linajes más emblemáticos de la fauna mexicana.

Un fósil antiguo para entender una crisis actual

México acaba de encontrar al ajolote fósil más antiguo registrado en su territorio y no apareció en Xochimilco. La nueva especie vivió hace millones de años en un lago desaparecido de Hidalgo y revela que la historia de estos anfibios empezó mucho antes de lo que se creía
© Jorge A. Herrera-Flores.

El descubrimiento llega en un momento incómodo para los ajolotes vivos. El ajolote de Xochimilco, Ambystoma mexicanum, es uno de los anfibios más famosos del mundo por su capacidad de regeneración, pero también uno de los más amenazados en estado silvestre. El País informó en 2024 que la UNAM inició el primer censo de la especie en una década, después de registros que mostraban una caída brutal de sus poblaciones: de 6.000 individuos por kilómetro cuadrado en 1998 a apenas 36 en 2014.

La paradoja es fuerte. El ajolote es abundante en laboratorios, acuarios y cultura popular, pero su hábitat natural está bajo presión por contaminación, urbanización y especies invasoras. En ese contexto, encontrar un pariente de hace millones de años no solo amplía su pasado: también recuerda que estos animales dependen de ecosistemas acuáticos muy específicos, y que cuando esos ecosistemas desaparecen, se llevan consigo historias evolutivas enteras.

México no solo conserva biodiversidad: conserva raíces muy antiguas de esa biodiversidad

La importancia de Ambystoma quetzalcoatli no está únicamente en ser “el más antiguo” o “el primero” dentro de una lista paleontológica. Su valor está en lo que obliga a mirar: la biodiversidad mexicana actual no surgió de la nada, sino de una larga secuencia de lagos, montañas, aislamientos, extinciones y adaptaciones.

La propia UNAM lo resume de forma clara: el hallazgo demuestra que el linaje de los ajolotes tiene una historia evolutiva más antigua de lo que se pensaba y que su diversificación temprana estuvo asociada a sistemas lacustres desaparecidos.

Quizá por eso este fósil resulta tan potente. No es solo una salamandra impresa en piedra. Es una especie de mensaje desde un México que ya no existe, pero que todavía explica al México vivo. Un lago desapareció en Hidalgo hace millones de años. Lo que dejó atrás fue un ajolote capaz de recordarnos que algunas criaturas parecen frágiles, casi improbables, pero llevan sobreviviendo mucho más tiempo del que imaginábamos.

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