El universo no solo está hecho de estrellas, galaxias, gas, polvo y materia oscura. También está atravesado por campos magnéticos enormes, débiles, difíciles de detectar y, en muchos casos, todavía misteriosos. No los vemos como vemos una nebulosa o una galaxia espiral. No brillan por sí mismos. Pero están ahí, deformando el viaje de la luz y dejando una pista casi secreta en las ondas de radio.
Un equipo internacional liderado por CSIRO, la agencia científica nacional de Australia, y el Observatorio SKA acaba de publicar el mayor mapa magnético del universo producido hasta ahora. Se llama SPICE-RACS y fue construido con datos del Australian Square Kilometre Array Pathfinder, más conocido como ASKAP, un radiotelescopio situado en el Observatorio Murchison, en Australia Occidental. El resultado es cinco veces más grande que todos los esfuerzos anteriores combinados.
La luz también se retuerce cuando cruza el cosmos

La idea detrás del mapa parece casi poética, pero es física pura. Cuando la luz polarizada procedente de galaxias lejanas atraviesa campos magnéticos y gas ionizado, su orientación gira. Ese fenómeno se conoce como rotación de Faraday. Midiendo cuánto se ha “retorcido” esa luz, los astrónomos pueden inferir dónde hay campos magnéticos y cuál es su intensidad relativa.
SPICE-RACS tomó esa pista y la multiplicó a una escala gigantesca. El equipo procesó observaciones de casi cuatro millones de fuentes de radio detectadas por ASKAP y extrajo medidas de rotación para construir una red de referencia magnética del cielo. Según el artículo científico del proyecto, la segunda publicación de datos cubre aproximadamente el 87,5% de la esfera celeste, desde el polo sur celeste hasta una declinación de +49 grados.
Ese detalle es clave: durante años, gran parte del estudio del magnetismo cósmico dependía de mapas incompletos, especialmente limitados en el hemisferio sur. Naomi McClure-Griffiths, científica jefe del Observatorio SKA, lo resumió con claridad: durante dos décadas se trabajó con conjuntos de datos que ni siquiera cubrían todo el cielo austral.
ASKAP convirtió millones de galaxias en una brújula cósmica
ASKAP es una pieza fundamental de esta historia. Está ubicado en Inyarrimanha Ilgari Bundara, el Observatorio Radioastronómico Murchison de CSIRO, en tierras del pueblo Wajarri Yamaji. Su ventaja es que puede observar zonas enormes del cielo de una sola vez, algo esencial para construir mapas de gran escala. El propio CSIRO destaca que esa capacidad de “ver” grandes áreas con profundidad hizo posible una imagen magnética de este tamaño.
El mapa deriva del Rapid ASKAP Continuum Survey, o RACS, uno de los grandes barridos de radio del cielo realizados con este instrumento. En su segunda publicación, SPICE-RACS produjo cubos espectrales alrededor de unos cuatro millones de fuentes de radio y extrajo información de cerca de cinco millones de componentes. Después de eliminar duplicados, el catálogo contiene unas 250.000 medidas de rotación de Faraday para señales polarizadas por encima de 8 sigma, o unas 340.000 si se usa un umbral de 6 sigma. Eso lo convierte en el mayor catálogo individual de este tipo, casi un orden de magnitud por encima de los anteriores.
Traducido: no es solo una imagen bonita. Es una herramienta de trabajo para miles de astrónomos.
El magnetismo podría guardar una de las respuestas más antiguas del universo
El gran misterio es cuándo aparecieron los campos magnéticos cósmicos. Sabemos que están en planetas, estrellas, galaxias y en el material entre galaxias. También sabemos que influyen en la formación estelar, en el comportamiento del gas y en la evolución de estructuras a gran escala. Lo que no sabemos bien es si esos campos nacieron muy temprano, cerca del Big Bang, o si fueron creciendo después con galaxias, explosiones estelares y otros procesos astrofísicos.
Alec Thomson, investigador principal del proyecto, explicó que el mapa permite empezar a responder preguntas sobre el origen y la evolución de los campos magnéticos. The Guardian recogió el mismo punto: este atlas cósmico puede ayudar a estudiar una de las fuerzas más misteriosas del universo, una fuerza que no suele ocupar titulares como la gravedad o la materia oscura, pero que también estructura el comportamiento de la materia.
SPICE-RACS también permitirá estudiar regiones más cercanas, como la propia Vía Láctea, las Nubes de Magallanes y el material interestelar. Al medir cómo se distorsiona la señal de galaxias lejanas, los astrónomos pueden usar esas fuentes de fondo como si fueran faros. La luz viene desde muy lejos, pero en su camino atraviesa capas magnéticas más cercanas que quedan impresas en la señal.
El mapa ya está abierto para que otros lo usen

Una de las partes más importantes del proyecto es que los datos no quedan encerrados en un solo equipo. CSIRO informó que SPICE-RACS está disponible para la comunidad científica a través de sus portales de acceso, incluidos el CSIRO Data Access Portal y el CSIRO ASKAP Science Data Archive. El artículo técnico también subraya que todos los productos de datos son públicos.
Eso significa que el mapa funcionará como una base para investigaciones que todavía no se han imaginado del todo. Tim Galvin, astrónomo de CSIRO, señaló en Phys.org que estos recursos ya están siendo usados por distintos equipos y que su disponibilidad abierta puede acelerar la comprensión colectiva del universo.
La historia, además, no termina con ASKAP. El Observatorio SKA está construyendo SKA-Low en el mismo sitio australiano y otro telescopio SKA en Sudáfrica. Cuando entren en operaciones tempranas más adelante en esta década, esos instrumentos podrán observar con mayor sensibilidad y detalle, ayudando a cartografiar la red cósmica y el magnetismo del universo con una precisión todavía mayor, cuenta The Guardian.
La red invisible empieza a hacerse visible
Hay algo fascinante en este tipo de descubrimientos: no muestran un objeto nuevo, sino una capa oculta de lo que ya existía. Las galaxias estaban ahí. Las ondas de radio también. Los campos magnéticos, silenciosos, llevaban miles de millones de años alterando el viaje de la luz. Lo que cambió fue nuestra capacidad para leer esa alteración.
SPICE-RACS no resuelve de golpe el origen del magnetismo cósmico. Tampoco convierte el universo en un mapa cerrado. Hace algo quizá más valioso: ofrece una brújula nueva para navegar preguntas antiguas. ¿Cuándo aparecieron los primeros campos magnéticos? ¿Cómo influyeron en la formación de galaxias? ¿Qué papel juegan en la red cósmica que une regiones separadas por distancias imposibles?
Durante siglos miramos el cielo buscando puntos de luz. Ahora empezamos a ver también las fuerzas invisibles que los conectan. Y puede que, en esa torsión mínima de la luz, esté escrita una parte decisiva de la historia del universo.